miércoles, 28 de noviembre de 2012

UNA CARA NUEVA









Otro día de rutinario trabajo, pero no me queda más remedio que tirar para adelante aunque la sensación es de dos pasos para adelante tres para atrás. Me dan ganas de tirar la toalla, si no fuera por la gente que trabaja en el hotel, creo que lo habría cerrado y hor corpon, que se diría por aquí. Pierdo más que gano. He decidido tomarme las tardes libres. Aquí me estoy consumiendo. Esto solo lo arregla un milagro.

Hoy tengo cena de chicas, efectos colaterales por integrarme entre los amigos de Miguel, lo peor o mejor, según como se mire, es que la dichosa cena es para celebrar mi cumpleaños. A nadie le amarga un dulce, sentirse protagonista por u día, a mi sí. Quizá por timidez, vergüenza o qué sé yo siempre he huido de estas cosas.
 El caso es que me arreglo sabiéndome observada.
-esto lo hago por ti – le digo- ya puedes recompensarme.
-no es necesario arreglarse tanto para ir a comer unos platos combinados al herriko.
Me entra la vena fastidiosa y le digo.
- Si quieres me quedo en casa, no tengo ninguna gana de ir. También te digo, si voy , como Dios manda, punto en blanco.
- lárgate, cuídate, no bebas demasiado, pásatelo bien, a ver a qué hora apareces….
No está acostumbrado a que salga, muy rara vez lo hago, a lo mejor termina por gustarme y lo hago más a menudo, efectos colaterales, que se lo hubiera pensado antes de empeñarse en que me relacionase con las mujeres de sus amigotes.
Cuando me incorporo al gallinero, mis cuentas no salen, hay una más, que no sé de donde a salido, no la conozco de nada.
Se acerca a mi, me da dos besos, como si nos conociéramos de toda la vida. Con toda la hipocresía de que soy capaz, hablo con ella, disimulando el rechazo que hacia ella siento, desenado que termine la absurda conversación y se aleje de mi.
Se la ve como pez en el agua, como si nos conociera de toda la vida, es estupenda, jovial, su cara refleja felicidad, a mí no me engaña, algo esconde. No me gusta nada esta tipa.
Sube con nosotros al comedor ¿Quién la habrá invitado? Encima se sienta frente a mí. Otra cara que tampoco conozco aparece. Esta más normal, tras las presentaciones pertinentes se sienta a mi lado.
Entre la idiota conversación de Maika, que a si se llama la guay y la conversación forzada de mi vecina de mesa, empiezo a agobiarme. Así que solo me quedan dos caminos, irme o ignorar a la guay y unirme a la juerga de mis amigas que  ya van pasadas un poco de blancos y la risas y los gritos, cosa que también me agobia pero menos, se me hace más entretenido. A demás no puedo evitar reírme ante desparpajo de Lidia, que dice que si hay suerte, esta noche subirá al puerto. Sin entender muy bien la expresión, pero imaginando de que va la cosa, rio con todas. Se pasa el día hablando de lo mismo, las malas lenguas dicen que no debe practicar mucho deporte nocturno con su marido, quien mucho habla, poco hace, dicen. Lo que nadie puede negarlo es la gracia y el salero que le pone a todo lo que dice y más con tres blancos de más, valga la redundancia.
Maika, la  guay, llamando la atención de todo el mundo ¡qué pesada! ¿De dónde ha salido esta tía? Por un momento todo el mundo la mira, pero es tan guay y estupenda que aburre su charla. Todo le va de maravilla, tiene una pareja perfecta, hacen el amor todas las noches y la deja satisfecha, se lleva genial con su ex. Intenta darme clases de seducción, qué tengo que hacer para que mi marido tenga más ganas de sexo ¿Quién le ha dicho a esta tía que tengo poco a mucho sexo? ¿esta  de qué va? A lo mejor las clases se las tengo que dar yo. Que mal futuro tenemos tú y yo maja, pienso.

Entro en casa a las cuatro de la mañana, con algún problema con la cerradura  con la llave, no sé. No enciendo la luz por no molestar el gato se cruza y le doy un pisotón ¡ Dios me dolió como si me lo hubiera dado a mí! ¡Pobre!  Miguel aparece con cara de dormido.
-¿qué tal?
-¿subimos al puerto machote?
-¡cómo vienes!
-con un año más
-y cinco chupitos de más.

Hasta mañana. Agur

MARIAN
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