viernes, 14 de septiembre de 2012

EL GRAN CAZADOR

EL GRAN CAZADOR

Lo mejor del día es la vuelta a casa, hay alguien que me espera, que se alegra de verme, quizá interesadamente, pero al fin y al cabo da muestras de su alegría al verme. Dice Miguel que es por interés, porque soy yo la que le pone la comida, yo tengo mis dudas, no voy a hacer la prueba, no puedo dejar de ponerle la comida para comprobarlo, pobre, lo mataría. El caso es que el otro día, me entretuve con calcetines, se me pasó el tiempo sin enterarme, es un cochorro y necesita de atenciones, me veo corriendo por toda la casa persiguiéndole, cuando dejo de hacerlo maúlla hasta que le vuelvo a hacer caso de nuevo. El caso es que se me fue el santo al cielo y cuando Miguel vino la cena ni tan siquiera había salido del congelador.
No le hizo mucha gracia, lo tengo mal acostumbrado, alguien se ha cruzado en nuestro camino y la verdad es que me tiene enganchada, nunca lo hubiera pensado pero así es. A Miguel le ha salido un competidor en mi atención. Creo que si lo llega a saber no nos presenta. Ahora ya no hay remedio, se ha hecho la dueña de mi corazón y mi tiempo. No soy muy cariñosa con los animales, pero este me tiene gilipollas perdida. Miguel tiene dos perros de caza, prohibido la entrada en casa, bajo ningún concepto, calcetines comparte el sillón con nosotros.

Cuando le dije a Miguel que había pedido hora para el veterinario, se rió de mí, solo es un gato callejero al que le ha tocado la lotería al dar contigo. Yo creo que es justo al revés la afortunada de tenerlo soy yo.
 Nunca hubiera pensado que una cosa tan pequeña y tan revoltosa iba a llenar mi vida de esta manera.

Hay algo en él que me inquieta, caza, dicen que es muy pequeño para eso. Yo tengo mi teoría al respecto. Me parece a mi que este gato se perdió o alguien lo abandonó, el caso es que es tan lista y superviviente que para sobrevivir aprendió a cazar, su instinto cazador se desarolló antes de tiempo. El caso es que al principio cuando correteaba por el jardín ya le vi alguna vez con alguna lagartija jugando, hasta a veces se la comía. Luego comenzó a meterlas en casa aún vivas jugaba con ellas y cuando las mataba las dejaba abandonadas, eso es que no tiene necesidad de comérselas, pensaba yo. La le advertí que no tenia necesidad de cazar que yo proveería para ella. El otro día estaba sentada delante del ordenador cuando la vi entrar con un topito vivo en la boca, me pareció un ratón. Me puse nerviosísima,  no me atrevía a quitárselo, pero no lo quería en casa. Dicen que para educar a los gatos hay que ustarles, yo ulitizo una pistola de agua para ello, de poco me sirvió, no soltaba su presa. Al final fue Miguel el que soluciono el problema. No hace falta que me enseñes lo que azas, le dije a calcetines, con que me lo cuentes es suficiente.

Hasta mañana. Agur.
MARIAN


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