lunes, 22 de octubre de 2012

¿QUÉ HA PASADO?


Vuelvo a casa, como soy incapaz de meterme en la cama ni de tumbarme en el sofá, preparo la maleta. ¿ y si se ha ido al hotel? Seguro que sí, si no ¿Dónde va a ir? Ni corta ni perezosa, a la par de las cuatro campanadas del reloj de la iglesia salgo de casa, me monto en el coche embargado hasta que no se lo llevan puedo utilizarlo, me dirijo al hotel.
Pillo a la chica de recepción dormida, se pega un susto de muerte, no me extraña. Intenta disculparse ante mi reacción, lo que ella no sabe es que la primera que se ha pegado un buen susto he sido yo. Pregunto por Miguel, he visto su coche en el aparcamiento. Habitación ciento veinticinco me contesta, dándome las llaves.
Entro de puntillas en la habitación, no quiero asustarle, solo quiero observar su reacción al meterme en su cama. Me acoplo a él, como si de cualquier día normal se tratase.
-buenas noches, consuerte.
-buenas noches alcalde.
-estás como una regadera.
-no intentes deshacerte de mí, ya no puedes. Haces conmigo lo que quieres…..
-más quisiera yo.
Me interrumpe.
-a dormir que las ocho llegan enseguida.
-hemos quedado a las seis.
Así que si que casi sin tiempo a dormir ya salimos de la habitación, mientras preparo algo para desayunar mira a Miguel, salgo directa a recepción.
-¿porqué pagas? Eres bobo o qué te pasa.
-¿Cómo no voy a pagar?
-pues porque estás casada con la casi dueña del hotel.
La recepcionista nos mira sin saber qué hacer.
-no le cobres, anula el pago, yo invito.
Digo mirándole y haciendo gestos.
Mientras desayunamos me mira con cara de no entender con cara de ya la estamos liando de nuevo.
-vamos a ver Miguel, aquí no tienes que pagar, estaría bueno, encima de que casi no cobro voy a pagar una habitación…..
-siempre que vengo pago.
-pues yo ¡NO!
-mal haces.
-vamos a dejarlo, no me entiendes, empecemos bien el día que no tengo ganas de salir corriendo tras de ti. Por cierto ¿Cuándo has ocupado tú una habitación?
Digo alarmada, empezando a pensar lo que no debo, sin saber de dónde viene ese absurdo pensamiento. Miro sus ojos esperando no se qué tonta excusa.
-¿Cuándo he ocupado yo una habitación?
-no sé, tú sabrás, eso es lo que me gustaría saber.
Me mira rascándose la nuca, con cara de alucinado, sin saber qué decir, dándole vueltas al café, haciendo que me sienta la tía más idiota del mundo mundial.
Le paso una madalena, sonriendo, guiñándole el ojo.
-¿qué ha pasado?
-nada, nada, déjalo, olvídalo. Será cosa de la menopausia.
Hasta mañana. Agur.

MARIAN


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