jueves, 18 de octubre de 2012

NO EXISTE LA EXCUSA PERFECTA


Mañana me voy una semana, con un poco de cargo de conciencia, quizá no sea el momento adecuado para ¿para qué? ¿Para divertirme? No creo que sea capaz, ojalá sea capaz de desconectar un poco. Me voy por Miguel, por complacerle, por acompañarle. Bla, bla, bla, bla.
A lo mejor no voy, no estoy de humor, para aguantar a las mujeres de los amigos cazadores de Miguel, no estoy con humor para conversaciones de ropa, hijos, chorradas. Si por lo menos fuera Luisa…. ¿se le ocurre a alguien una buena excusa para no ir? después del disgusto de ayer no puedo ir, mi conciencia no me lo permite, no puedo gastar dinero, no debo sería más correcto decir. Así se lo planteo a Miguel. Resulta que ayer se le caía el mundo con el tema del embargo, sí ya sé, es cosa mía, mi economía, no la de él. Dice que él se hace cargo de los gastos de estos días eso no me hace sentirme mejor.
-de verdad, Miguel, no es buena idea.
-ayer estabas toda subidita ¡que les den! Decías ¿ya le has dado la vuelta? Ahora toca auto castigarte y de rebote a mí. Muchas gracias guapa.
-de nada guapo.
-no lo entiendes ¿verdad? Tampoco veo que hagas el esfuerzo. ¡Estoy harto de ir solo  a todos los lados! ¿Tienes alguna queja de mí? Intento apoyarte en todo, hago lo que sea para que no te sientas sola, estoy dando el cien por cien por esta relación, no me siento recompensado. Solo piensas en ti, en tus historias, en tu vida, mejor dicho en tu no vida. ¿Vas a solucionar algo quedándote en casa? Estas buscando una excusa para no ir, para no acompañarme. Para mi es importante que vengas conmigo. No  puedo obligarte, ni quiero, me gustaría que lo hicieras por mí. ¿a que se reduce nuestra relación? Trabajo, casa. Yo quiero algo más,  me gusta la vida y quiero vivirla contigo. Intentas arrastrarme a tu no vida y yo intento hacer todo lo contrario. Desde que has vuelto a trabajar ni vienes a andar conmigo…..
 Pongo la mesa escuchando sin intervenir, dejando que suelte todo lo que tenga que decirme, aguantando las ganas de llorar, no es el momento, no quiero su compasión. Ni creo que me la merezca, se que tiene razón. Llevo la cena a la mesa. Escucho un portazo ¡qué manía tiene de irse de casa cuando se enfada! Eso me pone nerviosísima. ¿Querrá que corra detrás de él? Si pudiera lo haría pero me siento demasiado mal para ello.
 Cojo al gato y espero paciente a que vuelva tumbada en el sofá. Las campanadas de la iglesia me mantienen informada del paso las horas, las doce, la una, la dos. Ya no aguanto más. Quiere que vaya con él, pues iré. Quiere que salga corriendo tras él, lo haré, ya sé donde está.
Pero no, no está donde yo creo, esta vez no ha ido a casa de su madre. Esta vez es su hermano el que ocupa la casa. ¿Será cosa de familia el enfadarse y retornar a casa de su difunta madre?

Hasta mañana. Agur.
MARIAN
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