miércoles, 15 de agosto de 2012

VUELTA A CASA DE SU MADRE


Dicen que la rara soy yo, pero unos llevan la fama y otros cardan la lana. Le llamo a Miguel, como todos los días, la verdad es que le llamo por llamar, para nada en concreto, solo por escuchar su voz. Cuando no lo hago porque estoy entretenida y se me olvida, me llama él. El caso es que le llamo y va y me dice que hoy es un día de reflexión. Que no podemos vernos, ni tan siquiera dormir juntos, que se lleva la ropa a casa de su madre y que pasará a buscarme  mañana a las diez de la mañana. Que no lo haga esperar. Dice que el carro pasa y si no estoy lista no espera. El carro dice, que yo ya sé de qué va la cosa, ¡la nota que vamos a dar! Aparecerá con la carroza de la cenicienta, como si lo viera. Este hombre mío, no es que sea muy pomposo, todo lo contrario, pero pensará que lo de la carroza de cenicienta me hará ilusión, aunque me parezca una horterada, he de ser agradecida. Además se supone que no sé nada, con lo cual me haré la sorprendida.
El caso es que estoy en casa sola, son las doce de la noche, estoy nerviosa, no me apetece nada meterme en la cama y menos sola. He intentado autosugestionarme   tomando un caramelo de menta como si fuera un orfidal, no me funciona.  ¡Madre de dios ¡ ¡mañana me caso! Mañana ¡no! Luego. HOY ME CASO. ¿Qué me habrá preparado? ¡con lo poco que me gusta a mi dar la nota, mañana me espera un día…… no sé ni a quien hemos invitado, imagino que mis hermanas estarán, eso espero, a la tercera va la vencida, no han asistido a ninguna de mis bodas. Espero verlas. ¿Vendrá Nania? Espero que sí y no por mí, sino por Miguel, espero que no le haga el feo a su padre y venga.
Después de pensármelo mucho, de tomarme tres tilas, cuatro caramelos, haciendo el paripé de que son orfidales, escuchar un audio de meditación, juro que he hecho todo lo que se me ha ocurrido para tranquilizarme y dormir. Lo siento mucho pero me mudo de casa. Que no se le vaya a ocurrir decirme que me vaya, voy a dormir con mi pareja. A casa de su madre me voy, me meto en su cama, paso el brazo por encima de él, escucho sus ronquidos, me duermo.  Es l a única manera. Así que me largo. Diga lo que diga. Es que vaya chorrada, ni que tuviéramos veinte años y viviéramos en casa de nuestros padres, eso es imposible, los dos somos huérfanos. Ya sé que él es muy tradicional, pero se supone que esto de casarnos es un puro trámite, así que sintiéndolo mucho, no le voy a hacer caso y me voy a meter en su cama. Diga lo que diga. Además tendremos que hacer nuestra despedida de solteros, el ultimo quiqui antes, el siguiente ya será casados. No me enrollo más, ya me he auto convencido de que debo ir.

Hasta mañana. Agur.
MARIAN

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