miércoles, 11 de julio de 2012

UNA ABSURDIDEZ, COMO TANTAS OTRAS


En mi huida a ninguna parte, en ese no querer reaccionar, no querer enfrentar la razón con el corazón, paro el coche impulsada por un arrebato. Sin pensar emprendo una marcha acelerada, como si así consiguiera dejar los pensamientos atrás, intentando que mis piernas corran más que mis pensamientos. Mientras ando, mientras centro la atención en mis pasos hacia ningún lado, entretengo mi cerebro.
Mis piernas se niegan a seguir corriendo, me dejo caer sobre la hierba, cierro los ojos, si el sueño llegase descansaría. Manuel se ínstala en mi cabeza, llenándola de recuerdos de tantas huidas, abro los ojos, mis piernas me han conducido a un rincón en el que muchos momentos pasé con él ¿porqué hago esto? ¿Qué consigo con esto? ¡Qué coño he hecho! Me dejo llevar por el pánico y pierdo el control. Está anocheciendo, no sé donde he dejado el coche, se donde estoy, pero no sé cómo salir, como encontrar el camino que me lleve  a mi casa, a la seguridad de mi hogar. ¡Dios! ¡Miguel!. Tiene que estar preocupado. ¿Por qué haré estas cosas? ¿Por qué perderé el control de esta manera? He perdido completamente el concepto tiempo o lugar.
Si he llegado si saber cómo, saldré de la misma manera, solo tengo que relajarme, dejar que mis piernas deshagan lo andado.
Por fin veo el coche y el de Miguel detrás y dos o tres más. ¡Me consume la vergüenza y los remordimientos!, me buscan ¡dios! ¿Por qué haré estás cosas? ¿Qué le digo yo ahora?
Espero paciente a que aparezca, en algún momento vendrá. Apoyada en el coche, maldigo mil veces, mis huidas, mis descontroles y sobre todo la preocupación que he ocasionado ¿qué le digo yo ahora? ¡Imbécil, imbécil!
Por fin le veo aparecer, por su gesto se que se alegra, pero su frialdad me hiela la sangre. Abre la puerta de mi coche y me invita a entrar, la cierra de un portazo y entra en su coche. En algún momento del camino hacia casa lo pierdo. Llego a casa espero y espero, pero no viene.
Cojo las llaves de casa de su difunta madre y voy dispuesta ha hablar a pedir disculpas por mi comportamiento. Cuando llego sus ronquidos me confirman que está. No es el momento de molestar así que me meto en la cama con él.


Hasta mañana. Agur

MARIAN.
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