lunes, 2 de julio de 2012

¿DONDE ESTARA ANDRES?


De vuelta al trabajo, sin ganas, con la sensación de que vuelvo a la guerra. Llevo casi diez días sin aparecer, sin echarlo de menos, aliviada por tener la excusa perfecta de no acudir.
Aquí estoy de nuevo, me incomodan las condolencias, los besos a diestro y siniestro, con padre o sin él soy la misma. La misma a la que no hace mucho dijeron que dejaban el trabajo por no aguantar la situación. Nadie me echó a mí la culpa, cierto es, pero la que se ve sola con el problema de Nekane soy yo. ¿Qué hago con esta chica? Haga lo que haga, se lo va a tomar mal, diga lo que diga provocará discusiones. Se me hace muy desagradable. Salgo a tomarme un café, esperando que ya haya cumplido todo el mundo conmigo y me dejen tranquila, me doy por enterada de que todo el mundo siente que mi padre ya no esté en este asqueroso mundo. Por cierto echo de menos a alguien, que además, ahora que lo pienso no fue al funeral, o si fue no me enteré. Andrés. ¡Qué raro! Llevo más de una hora en la oficina y no ha venido. Malo. Aunque discutimos mucho es mi mano derecha, no sé qué haría sin él.
Le llamo antes de salir de la oficina, no me contesta, no es propio de él.
Llamo a Nekane, le pido que venga a verme, de malas maneras me dice que no puede, la obligo a venir de peores formas.
-lleva cuatro días sin aparecer, él sabrá el motivo.
Dice con tono despreciable.
No es propio de él, pero empieza a desagradarme tanto la actitud de esta chica que decido pasar de ella, algo tiene que saca lo malo de todo el mundo.
¿Sabrá algo Miguel? Siempre lo sabe todo, aunque me lo hubiera contado. Siempre recurro a él, si no saco nada en claro, escucharé su voz. Tiene una voz sensual por teléfono, me gusta, bueno de él me gusta todo o casi todo.
Otro que no me coge, pues vaya. Cuando vea la llamada perdida ya me llamará. Voy a por un café o dos, no me apetece estar en la oficina.
La cafetería sin clientes, a esta hora es relativamente normal, malas caras de los camareros, han empezado  a hacer algo cuando he entrado, creo que he interrumpido algo. Me estoy agobiando, reprimo las ganas de largarme, meterme en  mi casa y cerrar los ojos.
-¿Andrés?
Pregunto. Uno se encoge de hombros, otro se da la vuelta…….
-¡muchas gracias!
Digo irónicamente.
Voy a la plaza a esperar ver aparecer a Miguel, él sabrá qué hacer. Allí me lo encuentro, sentado tranquilamente, tomando una cervecita, muy bien acompañado, demasiado bien diría yo. Se me quitan las ganas de hablar con él, creyendo que no me ha visto doy media vuelta. Me llama le hago un gesto de que luego le llamo, subo al coche. El día es perfecto para perderme por esos caminos que tanto me gustan.

Hasta mañana. Agur.

MARIAN

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