sábado, 14 de abril de 2012

ME LA ESTÁS PEGANDO ¡CONFIESA!


Espera pacientemente a que mi llantina pase, ajeno por completo a los motivos reales de ese llanto que pasa de querer dar pena a la rabia. Me abraza con fuerza, poco a poco va pasando la crisis, por llamarlo de alguna manera, vuelvo al presente. A ese no saber qué hacer con mi padre, a ese saber que estoy quedando fatal, por no estar donde se supone que me corresponde. El picor ha pasado, los nervios no. Me deshice del erizo que habitaba en mi estómago, eso creo, ahora aparece otro síntoma olvidado, no recuerdo cuando pasé por esto, pero se me hace conocido.
-enseguida vuelvo.
¡Tiene una manía de irse sin decirme donde va! Pero yo tranquila, sé que vuelve, creo que ha ido a tomar un poco el aire, que no me extraña. Lo escucho entrar en la casa, trastear en la cocina, no sé el tiempo que ha pasado fuera, no sé si ha sido un minuto o sesenta.
-ten, toma esto, te sentará bien y podrás descansar.
Me ofrece un vaso de agua y una pastilla.
Voy a acostarme, esperando que la pastilla haga su efecto, que mis músculos vayan relajándose, mi cerebro deje de funcionar, que el sueño vaya apoderándose de mí. No lo consigo, la cama se me hace grande, me impaciento. Mis músculos siguen tensos mi cabeza se llena de preguntas. Miguel entra en la habitación, besa mi frente.
-dame otra, no me hace efecto, alguna vez me ha pasado.
Vuelve con una tila y otra pastilla.
Cierro los ojos esperando un descanso que no llega, me impaciento. Se acuesta a mi lado y comienza a masajear mi espalda, me incomoda.
-¡déjame!
Se aparta, pero sigue recostado a mi lado.
-lo siento.
Hace un gesto muy suyo con los hombros, su cara refleja impotencia, eso me hace daño. Me acerco a él buscando sus brazos, un poco dubitativo pero reacciona, abrazándome con tanta fuerza que me pongo a llorar de nuevo al sentir su apoyo y cariño.
-¿tan difícil es de entender?
-¿qué?
-¿tu distingues entre amor y sexo?
-por supuesto, de todas maneras el amor a tu pareja te lleva a la necesidad de sexo, es una reacción natural entre un hombre y una mujer.
-¿entre un padre y una hija?
-por supuesto que no, ahí solo entra el amor.
-pues eso.
-te convendría hablar de ello.
-todavía no puedo, ahora ya sabes cuál es el problema con mi padre.
-¡hijo puta!
-es mi padre.
-y tu abuela una santa pero su hijo un hijo puta. Dilo, mi padre es un hijo puta.
-no puedo. Siento asco cuando le veo, no quiero verle, pero tampoco puedo insultarle.
-tienes que estar enfadada con él, no reaccionas, estás parada en el momento, enfádate con él, es la única manera.
-no tengo un recuerdo completo solo son flases, frases, momentos. ¿Y si estoy equivocada?
-no, lo que te sucede es que tú misma prefieres dudarlo, si te enfadases, si dejases de controlar lo que sientes, te ayudaría a recordar.
-a pesar de las dudas, siento mucha vergüenza, mucha culpabilidad, aun sabiendo que no tuve la culpa, pero no puedo evitarlo.
-el primer paso es enfadarte con él, no negarte algo que sabes que es cierto.
-hueles muy bien. Es agradable estar en tus brazos. Mi padre olía mal, bebía, siempre olía a alcohol. No me han hecho nada las pastillas, has sido tú.
-me alegro.
-no sé que me da señor Miguelito, que me la estás dando con queso. Mira que a veces parezco tonta pero no lo soy, solo me lo hago.
-¿porqué dices eso?
-¿qué pastillas me estás dando?
-no sé, unas que me he encontrado por ahí.
-confiesa.
-¿te vas a enfadar conmigo?
Esa sonrisa suya me cautiva.
-no. Confiesa.
-son caramelos, lo curioso es el efecto que hacen en ti.
-no me han hecho efecto.
-hoy no, otras veces sí.
-¿lo has hecho más veces?
-unas cuantas.
-¡vaya manera de tomarme el pelo!
Hasta mañana. Agur

MARIAN

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