jueves, 15 de marzo de 2012

ME HE VUELTO INVISIBLE


Me he vuelto invisible, debe de ser eso, digo yo.

Miguel lleva tres días sin salir de casa, para nada, sofá cama, cama sofá. Le llevo la comida a la sala, parece ser que el trayecto hasta la cocina se le ha olvidado. No habla, no ríe, no llora, no me mira haga lo que haga, solo mira la tele, aunque creo que no la ve. Así tres días con sus noches y sus días.

Cuarto día seis de la mañana. Lo escucho trastear en la cocina, bajo. Me mira sin verme.

-buenos días.

-¿en esta casa no hay nada para ponerse un bocadillo?

-tienes chorizo y jamón.

-vaya sosada.

-¿quieres que te haga una tortilla?

-ya me la hago yo.

-gracias por hablarme, creía que me había vuelto invisible.

No se ha molestado ni en contestarme. Subo a ducharme mientras se hace el café. Cuando bajo me encuentro la cocina patas arriba, un montón de latas fuera vacías, mahonesa a chorros.

-¿qué haces?

-un bocata como Dios manda. ¿Quieres un cacho?

-no, con un café con tostadas es suficiente.

-no tienes pan. He utilizado todo lo que había.

-da lo mismo. ¿Estás mejor?

-por supuesto.

-me alegro.

Se ha sentado en el sofá con su bocadillo grasiento, no he podido evitar llamarle la atención, se ha encogido de hombros y ha pasado completamente de mí.

-me voy a trabajar, si necesitas algo me gustaría  que me llamases.

He estado tentada de decirle algo sobre la cocina, no lo he hecho, esperemos que tenga la decencia de recogerla. ¡Inocente!

Me he ido a trabajar preocupada. A media mañana le he llamado, no me ha contestado, a la hora otra vez, nada. Eso a mí no se me puede hacer, me comen los nervios. He salido del trabajo, me he pasado por la tienda, he comprado toda clase de latas de conservas en aceite, mahonesa, todo lo que se me ha ocurrido y tres tabletas de chocolate, para mí. He parado en la panadería, cuatro barras de pan, que no falte, por pan va a ser (resulta que todos los días sobra media barra).

Me lo he encontrado dormido en el sofá. La cocina más sucia y desordenada que cuando me he ido. La he recogido evitando hacer ruidos molestos, que duerma si es lo que necesita. Yo también cuando me pongo hago casa muy extrañas.

Estaba en el estudio pasando el rato cuando le he escuchado trastear de nuevo en la cocina.

-hola.

-¿qué hora es?

-las tres.

-¿en esta casa no se come?

-¿Qué te apetece?

-un bocadillo como Dios manda.

-te he traído material elige.

Lo ha ignorado, lo he observado comiendo chocolate mientras se hacia el bocadillo, por llamarlo de alguna manera. Apuntad la receta: chorizo pamplona a discreción, un buen chorro de mahonesa, importante, que chorree por los lados, lechuga, espárragos, pimientos, una pechuga más cruda que ni sé, no ha tenido paciencia para hacerla, más mahonesa.

Se ha sentado frente a mí, ha mirado el chocolate después a mí. Le ha cambiado la cara. He visto tanta pena en sus ojos que no he podido evitar llorar, se ha levantado a tirado el chocolate y el bocadillo a la basura se ha abrazado a mí y por fin a llorado. Los dos hemos llorado.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN





Publicar un comentario