martes, 13 de marzo de 2012

DESCANSE EN PAZ


El sonido del teléfono nos despierta, Miguel pega un salto acelerando sus pasos, le sigo alarmada, son las tres de la madrugada.

-mi madre, vamos.

Dice, blanco, en un minuto ha envejecido diez años.

Cinco minutos de trayecto que se hacen horas, no me atrevo a preguntarle el porqué de la urgencia, se la respuesta, pero mantengo la esperanza de que todo sea una falsa alarma de la persona que la atiende.

Miguel aporrea la puerta. Sujeto sus brazos.

-dame las llaves.

Está tan tenso que no le es posible, meto la mano en su bolsillo. Sus ojos color miel han cambiado, ahora son oscuros, me mira incrédulo y temeroso. A este Miguel tampoco conozco, pienso. Le sonrío.

-tranquilo.

Entramos en la casa, el médico está con ella, dice la cuidadora. Miguel la ignora y va directo a la habitación. El gesto del sanitario no deja lugar a dudas, me acerco a su lecho  beso su mejilla, salgo de la habitación buscando el hijo de esta mujer, que de repente parece un anciano, encogido por el dolor, perdido como un niño huérfano. Le ofrezco un cigarro y me siento a su lado.

-ve a darle un beso, despídete de ella. Vamos.

Agarro su mano, lo guio hasta el lecho de ese cuerpecito ya sin vida.

-dale un beso, mira qué guapa está, se ha ido sin sufrir. Sé que te escucha despídete de ella.

No puede, sale de la habitación con lágrimas en los ojos. Le sigo, Rosario está bien donde quiera que esté, el que necesita consuelo es el hijo. Aún y todo  dedico un momento a esta espléndida mujer, acaricio su cara como si solo estuviera dormida, le dedico unas palabras de cariño,  le agradezco los últimos meses pasados en su compañía, le prometo que contaré su historia.

DESCANSE EN PAZ.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

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