viernes, 9 de marzo de 2012

¿ABSURDOS CELOS?


-tienes que entenderlo, consuerte.

-entender qué ¿de qué hablamos?

-de que hoy tu por tu lado y yo por el mío.

-como siempre. Vaya novedad.

-hoy no existen parejas en el pueblo.

-libre albedrio, ¡todos con todos ¡

-eso no, no te pases.

-¿qué me estas queriendo decir? Que te deje tranquilo, que te vas de juerga, ¡pues vale!  Las vueltas qué le das a todo, chico. Hoy es día de fiesta en el pueblo, pues ya está, tú con tu quinta y yo con la mía. ¿Tan difícil es explicarlo?

-no te asustes veas lo que veas.

-planteado así miedo da. Que te lo pases bien. Disfruta, que eres un estirado, desmelénate, emborráchate, haz lo que te dé la gana. Es lo que yo voy a hacer, en los años que llevo en el pueblo, va a ser mi primera vez que voy a la comida de quintos, me voy a estrenar por la puerta grande, me voy a pillar un pedal que vas a alucinar, a lo mejor me tienes que traer a casa cuando me encuentres. ¿Eso es lo que quieres que te diga? Dicho queda. Diviértete, desmelénate sin olvidar donde tienes la cama y con quien la compartes.

De mi quinta en el pueblo solo somos cinco, habíamos quedado en la plaza a la doce y media. Salimos los dos juntos, un trayecto que se hace en cinco minutos, hemos salido de casa media hora antes, cosas del señor Miguel, nos hemos despedido. Como era tan pronto, no había nadie de mi quinta a  la vista, he pedido un marianito y me he sentado a tomarlo tranquilamente. Sin haber tomado el primero ya tenía otro encima de la mesa, con aceitunas incluidas, yo a la mío, estaba a gusto observando a la  gente. He visto a Miguel pasar varias veces con su grupo, se le ve a gusto, no calla. Cada vez que ha pasado he mirado para otro lado, haciéndome la despistada, haciendo el tonto más bien. Está claro que lo de llegar tarde debe ser generacional, pues nadie de mi grupo ha llegado a su hora, para entonces ya llevaba tres marianitos, que a decir verdad no sé de donde han salido, yo solo he pedido uno. Para cuando a aparecido la primera yo andaba con la risa floja. He frenado la ingesta de alcohol, el día va a ser largo, a lo mejor soy yo la que tengo que ir a buscarle, a Miguel digo, a algún lugar para llévamelo a casa, así que empiezo a cuidarme. Sigue pasando delante de mí, pero yo haciendo como que no le veo. ¡Que se desmelene un poco! ¡Coño! Que es un estirado.

Entre risas y charla llega la hora de comer. Llevaba un rato en el comedor cuando me he dado cuenta de que tenía a Miguel, justo frente a mí. Le he mirado de reojo, pero me he hecho la tonta. ¡Qué casualidad! He pensado, me ha gustado, así puedo observar su comportamiento con los demás. Ahora no ejerce de alcalde, es uno más, se le ve a gusto. Miguel es una persona muy alegre en la intimidad. Es el centro de atención, con sus risas, bromas, chistes. No consigo entender con claridad lo que dice, pero en un par de ocasiones, todos han mirado para mi mesa, algún chiste sobre mí, he pensado. Evito mirarle directamente, sé que me observa como yo a él. Está tan pendiente él de mí como yo de él. Hasta podría decir que intenta llamar mi atención, yo sigo haciéndome la despistada.

Entre plato y plato salgo a fumarme un cigarro, me uno al grupo de fumadores. La conversación resulta un poco subidita de tono, el alcohol produce esos síntomas, hablan de algún tipo que” se merece un buen polvo”, palabras textuales, para cuando me quiero dar cuenta el del buen polvo resulta que es Miguel, engullo mis celos, rio con ellas y les doy la razón, rio aunque mi risa es amarga, fingida. Apago mi cigarro dando por concluida la estúpida conversación, en ese momento  el del buen polvo saliendo por la puerta, encendiendo un purito, le miro de reojo e intento entrar de nuevo en el comedor, me agarra del brazo y me retiene. La verdad es que mi humor ha cambiado y no tengo ganas de tonterías, me hubiera ido a casa en ese momento.

Miguel también parece estar bajo los efectos del alcohol, por una decima de segundo temo por su reacción ante las miradas indiscretas del grupo de fumadores, especialmente de la que ha hecho el comentario del buen polvo. Pero Miguel solo me mira a mí, con esos ojos color miel que sonríen, que enamoran. Desde luego que tiene un buen polvo, el que le voy a echar esta noche si llegamos enteros a casa, pienso.

Haciendo un gran esfuerzo, le digo que no he acabado de comer y si de fumar, no me apetece dejarle con esas lagartas,  pero sé que he de dejarle tranquilo.

Mucho antes de lo que espero le veo entrar de nuevo en el comedor, espiro tranquila, vuelvo a tenerlo a la vista, dejo de hacerme la tonta y lo miro directamente a los ojos, me sonríe. Si, no hay duda, tiene un buen polvo. Hay que reconocer que no aparenta la edad que tiene, que se conserva estupendamente, que es guapo y mucho, que tiene unos ojos y una mirada que quita el hipo. Engullo mis celos y me siento afortunada, por lo menos en ese momento. Es la primera vez que algo me hace sentir celos, desde que estoy con él. Lo curioso es que mis absurdos celos, no son por su comportamiento, si no por unos tontos comentarios de los cuales debería sentirme orgullosa, porque sí, está de muy buen ver el señor Miguel.



Hasta mañana. Agur



MARIAN



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