jueves, 9 de febrero de 2012

QUE NO SE LE OCURRA VOLVER A HACERLO


Subo a verle, según Susi acaba de llegar al ayuntamiento. La puerta de su oficina  está cerrada, deduzco que está reunido. Me entretengo hablando con las secretarias, pendiente de ver abrirse la puerta, sin preguntar por él. No tardo en verle asomarse por la puerta, llamando a Ainara, nuestras miradas se cruzan, se alegra de verme, lo sé por sus ojos. Vuelve a cerrarla puerta sin tan siquiera saludarme, ni un hola. Miguel es así, pero sé que se ha alegrado de verme, sus ojos no mienten, ahora ya sabe que estoy esperando verle, se que en cuanto pueda me hará caso. No pienso irme a allí sin hablar con él, esperaré lo que haga falta, así que sigo mi charla con las secretarias, como no son del pueblo imagino que nos les habrá llegado el cotilleo de que salí de su casa dando un portazo. Una absurda reacción por mi parte, como muchas de las que tengo, cada día soy más impulsiva. Aún sabiendo que su comentario no era malicioso, todo lo contrario, me dejé llevar por la ¿rabia? ¡No! terror del momento, el miedo a perderlo todo. Como siempre en vez de coger su mano, le echo de mi vida. En fin algún día aprenderé a controlar esos impulsos. De momento espero poder explicarme y que él lo entienda.

Entra una pareja de vecinos, han quedado con Miguel, está claro, me va a costar verle, hablar con él, no importa esperaré lo que haga falta, al fin y al cavo se está bien, la temperatura es estupenda me he quitado hasta el abrigo, la charla amigable y entretenida. Supongo que se preguntarán qué hago allí, pero nadie dice nada. No pienso salir del ayuntamiento sin hablar con él, si hace falta pido hora, lo que sea.

La puerta se abre, veo sus ojos color miel buscándome, se acerca a mi me da un azote amistoso en el trasero, lo tengo tan cerca que me dan ganas de abrazarlo, no puede ser, sé que eso no le gustaría, tengo que conformarme con esa muestra de cariño, él es así, muy reservado. “buenos días, consuerte” me dice al oído. Buenos días, alcalde, le contesto presa de la emoción, de saber que no está demasiado enfadado. “Lo siento”, dice susurrando y mirándome a los ojos, no sé qué decirle, la que lo siente soy yo, la que tiene que pedir disculpas soy yo o así lo entiendo yo. No entiendo qué es lo que pasa. Sin saber cómo reaccionar ante sus inesperadas disculpas, cierro los ojos mientras sus labios buscan los míos,  me contengo para no abrazarlo, pegar mi cuerpo al suyo buscando sus brazos, sé que no le gustaría, no es propio de él mostrar sus sentimientos en público, pero la cosa es que lo acaba de hacer. Me deja sorprendida y con muchas ganas de él, decido que ha llagado el momento de irme.

-luego te veo.

-¿no me esperas? No voy a tardar mucho, atiendo a esos dos y quedo libre.

-vale.

Digo intentando aguantar las ganas de reír y dándole yo el azote en el trasero.

Mientras espero recapitulo sobre los acontecimientos del día anterior.

Me ofreció casa, comida y alguna cosa más, yo me lo tomé como limosna, le contesté mal y me fui. No, así ni fue, fue él el que me dijo que me fuera de su casa. Pues que no se le ocurra volver a hacerlo.



Hasta mañana. Agur



MARIAN

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