martes, 14 de febrero de 2012

ALGO ESTÁ PASANDO


Hace un frio que pela, pero necesito mi caminata, ese paseo por caminos desiertos, hace falta estar majara para pasear con la helada que está cayendo, a mi me hace falta. Me ayuda  a pensar a encontrarme a mí misma, hace mucho que no lo hago sola y sinceramente lo echaba de menos.

Paso delante del que fue el caserío de María, ahora lo ocupa una pareja joven, es extraño. Quizá sea el invierno o mi estado de ánimo, pero huelo a muerte. Me deshago de ese pensamiento al momento. ¡Me viene cada cosa a la cabeza! ¡Qué desagradable!

El terreno está inerte, la vida debe estar en el interior de la casa ¡vaya bronca tienen! Acelero el paso, no quiero pecar de indiscreta. ¡Cómo ha cambiado esto en poco tiempo!  Sin saber el motivo me doy la vuelta, será que me he integrado bien en el pueblo y necesito saber qué es lo que pasa o más bien qué es lo que les pasa. No me gusta nada lo que escucho, el tono que él emplea, algo no anda bien en esta casa ¡por dios qué cotilla! Pienso, no por ello dejo de hacerlo. Él sale de casa pegando un buen portazo, se monta en el coche y sale disparado, malos están los caminos para semejante velocidad, esperemos que no haya nada que lamentar. Ella está asomada a la ventana hablando por teléfono, ¿con quien hablará? ¡Con su madre, seguro! Creo que está llorando, no veo muy bien desde aquí, por su gesto yo diría que sí. Es muy joven yo diría que no llega a los treinta años, más menos. Sale de casa, voy a hacerme la encontradiza.

Se asusta al verme, no me extraña parezco un fantasma. La saludo según voy llegando.

-buenas tardes.

Ha hecho un gesto con la cabeza y ha entrado enseguida a la casa, no llevo las gafas puestas, pero yo diría que tiene la cara morada, a lo mejor es de llorar. No sé por qué me estoy metiendo donde nadie me llama, aquí hay algo que no me gusta y no sé lo que es. Quizá sea el invierno o mi ánimo. Llamo a su puerta, le pido por favor que me abra, que me he perdido y quiero llamar a mi pareja. Saca el brazo con el teléfono en la mano.

-ábreme la puerta, por favor. No quiero asustarte, soy del pueblo, me he despistado y no sé el camino de retorno. Si no te importa espero aquí a mi marido, hace mucho frio en la calle. Por favor.

Escucho su llanto al otro lado de la puerta.

-ábreme, habla conmigo. Creo que se lo que te pasa. No te mereces esto, habla conmigo.

Insisto, insisto, insisto, no hay manera, no me abre la puerta. Pronto se va ha hacer de noche la que empieza a asustarse soy yo, no me apetece andar por esos caminos de noche y con ese tipo por ahí. Decido irme, hablarlo con Miguel y volver.

A mitad de camino, creo que me he cruzado con el tipo, no estoy segura, pero desde luego es bastante más mayor que ella y no sé por qué me inquieta. Odio cuando tengo estas sensaciones, nunca sé qué hacer con ellas, prefiero pensar que todo son tonterías mías. Para empezar no he visto a la chica de cerca, quizá solo haya sido una discusión de pareja, ella se ha hartado de llorar y yo lo estoy sacando todo de quicio. ¡Ojalá! De todas formas lo hablaré con Miguel y mañana me daré otra vuelta. Si está pasando lo que yo me imagino, no pienso estarme quieta.

Llego casa, mi inquietud va en aumento, tengo la horrible sensación de que algo va a pasar. Intento convencerme de que son cosas mías, de que lo estoy relacionando con historias pasadas, tengo la sensación de que estoy rodeada de sangre, esto ya lo he vivido. Es algo que yo he vivido, no tiene porqué estar relacionado con ella. Esta chica ha hecho que conecte con ese parte de mi cerebro donde guardo lo que no quiero recordar. Ojalá, así sea.

Llega Miguel, ante mis dudas, prefiero no contarle nada, esperar a estar segura de lo que pasa, si es que algo pasa. Finjo un horrible dolor de cabeza, además de mucho cansancio, ha sido mi primer día de trabajo en unos cuantos meses. Me voy a la cama, esperando que la noche pase rápido, sin molestar demasiado.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

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