viernes, 13 de enero de 2012

¡VAYA ASCO DE VIDA!


Me he levantado nerviosa, con la sensación de que algo malo iba a suceder, no he podido ni desayunar. Miguel se ha ido con cara de no entender nada, la cara que pone cuando me ve metida en mis historias y no sabe que decirme. Ahora estará pensando que es lo que puede pasarme, que mosca me ha picado, porque tengo el ceño fruncido si no ha hecho nada, a lo mejor ese es el problema, pero eso es otro tema, hoy no tengo la cabeza para tonterías.

Es de esos días en que haría la maleta y me iría a la cabaña para estar unos días sola, sin que nadie analice mis gestos o mis contestaciones. Como ya me conozco y sé la tendencia que tengo a huir , me quedo, porque desde luego de mi no puedo huir, así que no arreglo nada largándome, además sé que él no lo iba a entender, para empezar no sabría que explicación darle.

Creo que todo esto viene por el dichoso hotel, es que no quiero ir, Miguel no lo entiende, bueno no lo entiendo ni yo. Me pasé tres años ahí metida, no voy a decir trabajando, pero si metí muchas horas por no estar sola en casa, porque era como mantener a Manuel a mi lado, era su hotel, su vida. Tengo la sensación de que si vuelvo me lo voy a encontrar, ¡que chorradas estoy pensando! Manuel está muerto, no lo puedo ver, ni sentir a mi lado. Todas esas historias las creo mi cabeza por el dolor de su marcha, me negaba a dejarlo marchar. Llevaba días sin pensar en él, pero hoy no puedo quitármelo de la cabeza. Ya no me duele su ausencia, eso pasó. ¿Cómo se puede querer tanto a alguien y luego aparcarlo en el olvido? No sé ni porqué pienso esas cosas, mal que me pese la vida sigue, él se fue, pero yo no. Sigo aquí maldiciendo mi suerte, las cosas ahora me van bien, pero tengo tanto miedo al futuro, a lo que pueda pasar que me parece que no soy capaz de vivir el presente. Tengo lo que toda mujer puede desear, un hombre cariñoso y atento, estabilidad económica, que en los tiempos que corren es un lujo, ¿qué me falta? Yo creo que nada, es mi cabeza la que no termina de asimilar los cambios.

Está claro que me he levantado depre, dejaré pasar el día como pueda, con un poco de suerte mañana será otro día y mi ánimo cambiará y como pueda evitarlo no aparezco por el hotel, aunque cuando Miguel se empeña, solo me quedan dos alternativas, enfadarme con él, cosa que no me apetece, o ceder que tampoco me apetece. ¡Vaya dilema!



Hasta luego. Agur.



MARIAN

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