viernes, 13 de enero de 2012

UN DIEZ Y TRES CATES


Al final ayer fui al hotel, ¡las películas que me monto yo sola! Fue agradable la visita, al principio me sentí un poco rara, pero de que entré en la oficina, que está tal y como yo la deje, retomé mi vida en el hotel, charle con todo el mundo, reí, cotillee, lo de siempre. Miguel desapareció de mi vista, lo mismo que Andrés, lo cual me llamó un poco la atención, pero lo dejé pasar.

Fui al apartamento que Manuel tenía preparado para él, por fin fui capaz de entrar sin tener malas sensaciones, nada de nada, abrí las ventanas y me senté en el sofá esperando no se qué, me aburrí y me fui. Asignatura pendiente ¡superada, un sobresaliente para mí!

Fui a la cafetería ¡las horas que habré metido ahí! Solo por pasar el rato, por no volver a casa, esperando que me llegase la hora de la caminata, llegar a casa cansada, yogur y a la cama, a dormir esperando que la noche no me molestase demasiado.

Cuando me he aburrido he buscado a Miguel, estaba en recepción, no me ha gustado su expresión, llevaba unas cuantas carpetas debajo del brazo. Me ha sonreído, cogido del brazo, como él acostumbra y nos hemos ido.

Con la mosca detrás de la oreja, que una no ha nacido ayer, le he preguntado si lo que llevaba en las carpetas eran las cuentas del hotel, todo serio ha afirmado con la cabeza.

-¿pasa algo?

-déjame que las mire más despacio y te lo cuento.

-¿no he hecho bien pasando del tema verdad?

-no se puede dejar un negocio en manos ajenas y no preocuparse de nada, Marian, llevo tiempo diciéndotelo, no he querido agobiarte, pero las cosas no se hacen así. No vamos a preocuparnos antes de tiempo ¿vale?

-tarde vamos, porque ya estoy muerta de miedo, el hotel está a mi nombre, si las cosas no van bien, las consecuencias las pago yo.

-así es, consuerte, callo por no molestarte, no agobiarte, porque veo como cambia tu expresión cuando te digo ciertas cosas, pero no aprendes, Marian, tienes que resolver los asuntos, no puedes decir, esto ya no me interesa y no vuelvo, no quiero que te enfades conmigo pero has sido muy irresponsable.

-ya.

-te encierras en tu mundo y no quieres mirar lo que pasa alrededor, has hecho del pueblo tu refugio, es como si para ti no existiera nada más.

-no me machaques que yo sola lo hago muy bien.

-no te estoy echando nada en cara, solo estamos hablando.

-no tengo ganas de seguir hablando. Si paras el coche me bajo, quiero darme un paseo, necesito que me dé el aire.

-¿Cuándo vas a entender que no estás sola? ¿Vas a pasar de mí porque no te gusta lo que te he dicho? O ¿Por qué tienes problemas?

-¡ya vale! ¡Para el puto coche! Déjame un rato sola. Esta mañana cuando me he levantado ¿sabes lo que me apetecía? Irme a la cabaña sola, ojalá lo hubiera hecho.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

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