martes, 20 de diciembre de 2011

¿ME VAS A DEJAR LEVANTARME DE LA CAMA?


-cuando estés mejor, tenemos que ir a mirar muebles, no me sobra el dinero, pero tendré que poner algo en la sala, aunque solo sea eso.

-¿me vas a dejar levantarme de la cama hoy?  Estoy hasta los huevos de cama.

-vale, tienes mejor cara, levántate.

-me voy a dar una ducha ¿me acompañas?

-ya te saco las cosas.

-eso lo puedo hacer yo. Te digo que me duches tú.

-¡qué, qué!

-me encanta la cara de alucine que pones cuando algo no te esperas. ¡Guapa! Y esa sonrisa maliciosa que me estás echando, me vuelve loco. Vamos a ducharnos juntos.

-vale… ¡cómo te has despertado! ¡Vaya! ¡Vaya con el griposo!

-con ganas de ti.

-te brillan mucho los ojos ¿no será que tienes fiebre?

-por ti. ¡Eres más bruja! Nunca nos hemos duchado juntos.

-en mi imaginación sí. El que tiene cara de alucine ahora eres tú.

-cuenta, cuenta.

-no, me da vergüenza hablar de esas cosas, solo las pienso.

-¿porqué empiezas?

-para ver la cara que pones.

-lo dicho, bruja y juguetona como ella sola. Yo pensaba que eras fría, seria, más seca que una uva pasa. Eres encantadora, deliciosa, tierna, cariñosa, ardiente. Te estás poniendo roja, esa timidez que muestras a veces, me encanta. Por mucho que tú crees que has vivido, no tienes experiencia, vives demasiado metida en tu mundo. Sal y muéstrale al mundo como eres, eres fantástica, no me extraña nada que Manuel cambiara por ti. No te pongas seria, échame una sonrisa, siempre acabo estropeándolo, olvídate de lo que te he dicho, desde luego soy un patán, no quiero que pienses en él y soy yo el que te lo recuerdo. Éramos buenos amigos, a los dos nos gustaba competir, solo había un tema en el que él no competía, tu.  Yo pensaba: qué tendrá esta chica que lo tiene tonto perdido, tiene que ser buena en la cama. Perdona. Lo siento.

-me voy a dar una vuelta.

-sentía celos de él, cuando hablaba de ti se le llenaba la boca. Yo llegaba a casa y me encontraba malos rollos, él estaba deseando llegar a casa. No me extraña porque eres fantástica. Empecé a rondarte, primero porque él me pidió que cuidara de ti sin agobiarte, si consigues que te abra la puerta de su corazón, entra, no la dejes escapar me dijo. Me picó la curiosidad, me hice el encontradizo mil veces, ni sé las veces que he pasado por tu casa para intentar verte. Hasta que un día me pareció que me mirabas de distinta forma. Eres fantástica, he acabado enamorado de ti como un crio de quince años, te quiero en mi vida, en mi cama, en mi ducha, en  todo. ¡Vaya rollo te he metido para decirte que te quiero! Que estoy encantado de que estés en mi casa, no te vayas. Ahora soy yo el que necesito un abrazo.

-y una ducha.

-contigo.

-vale.

-te quiero, consuerte.



Hasta mañana. Agur



MARIAN

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