lunes, 7 de noviembre de 2011

¡QUE SI, QUE LOS RUMORES SON CIERTOS!


Emprendo el camino a casa con un nudo en el estómago, después de una larga noche en la que no he podido pegar ojo, ni las dos tilas que me tomé, ni las valerianas, ni la radio, ni los ronquidos de Miguel, nada, no ha habido manera, imposible pegar ojo, aguantando las ganas de volver y saber que ha pasado con mis cosas. En cuanto a amanecido he salido pitando, pero no ha sido posible, no me he atrevido, hay agua por todos los lados. He despertado a Miguel que duerme como un ceporro, le pregunto cómo es posible que duerma de esa manera, me dice que tiene que descansar que hoy va a ser un día de mucho trabajo.

-hay muchas cosas que hacer, de momento desayunamos, con él estómago lleno se piensa mejor.

Me desespera su parsimonia, su forma de tomarse las cosas, el pueblo está hecho un desastre, y él ¡solo piensa en desayunar! Aguanto las ganas de cogerle del brazo y sacarle de casa. Me preparo una tila por acompañarle en su opulento desayuno, mi estómago está cerrado.

-nos espera un día muy largo, consuerte, así que desayuna como Dios manda.

Me dice. Aguantando mis nervios, le informo de que lo único que quiero es ver mi casa, saber que ha pasado con mis cosas.

-ya vamos, porque no comas no vas a solucionar nada.

-me encantaría ver la vida como tú, de verdad ¿estarías igual si tu casa se hubiera inundado?

-a veces viene bien hacer una buena limpieza, ayuda a reaccionar.

-¡qué dices Miguel! Son mis cosas mi vida está en esa casa.

-tu vida eres tú, lo demás se repone.

-me pones negra, me encantaría ser como tú, pero no puedo.

No tengo ganas de discutir con él, así que me cayo y me tomo la tila a sorbitos esperando que haga algo de efecto, necesitaría un valium, ¡me pueden los nervios!

-vamos culona.

Me dice después de encender un cigarro.

-¡estás nervioso! ¡Te pillé! Tú solo fumas cuando estás nervioso.

-vamos culona.

-¡quieres dejar de llamarme culona!

-vale, consuerte.

-no te entiendo, pero déjalo, vamos.

Imposible,  ni acercarme ¡Dios! ¿Porqué me haces esto? porqué ahora, ¡dime! ¿Dime qué coño hago mal para que esto me pase ahora? Háblame dime algo.

-luego volvemos, vamos a ver cómo están otras zonas.

Hago un gesto con los hombros impotente, no puedo hacer nada, mis planes se van al carajo y se supone que tengo que conformarme. No lo entiendo.

Nos acercamos a un barrio, alejado del pueblo, se me cae el alma a los pies, el agua casi se ha retirado pero ha dejado huella. Hay una casa donde el agua ha cubierto la primera planta por completo. Barro por todos los lados, personas que miran su casa desoladas, impotentes ante el desastre.

-aquí esta Miguel.

Escucho, ¡y qué! pienso, ¿qué soluciona eso?

Miguel se baja del todo terreno, saca botas y trajes de agua, abre mi puerta.

-aquí es donde empieza el trabajo, baja consuerte, hay que ayudar.

-vale

Digo aguantando las ganas de llorar, viendo la cara de los vecinos.

-¡Miguel! ¡Gracias por venir!

Sonríe, sin decir nada. Coge el teléfono, empieza a dar órdenes. En menos de media hora, el lugar se llena de gente dispuesta a ayudar. Lo que en un principio parecía una catástrofe, ahora parece una especie de fiesta donde todo el mundo se embarra, ríe, maldice, no se distingue los damnificados de los ayudantes, las botellas de agua pasan de una boca a otra sin reparos, reina el buen humor.

Llena de barro hasta las orejas, miro a Miguel, que me sonríe.

-tu has conseguido esto. La gente te hace caso. Estás hecho un asco, lleno de barro, pero tienes la cara limpia.

Le digo. He olvidado por completo mi casa, mi desgracia, que para empezar no sé si la tengo, puesto que no he podido llegar a acercarme para mirar. Me siento tan bien, que casi me da lo mismo, no son más que cosas, todo se puede reponer, tarde lo que tarde.

-¡guapo!

Roza ligeramente sus labios con los míos, todo el mundo nos mira sonriendo socarronamente.

“¡vale! Que si, enteraros ya, que sí, que los rumores son ciertos, me estoy tirando al alcalde, que sí, que ya se, que es el tercero. ¡Y qué!” me dan ganas de decir.

Hasta mañana. Agur



MARIAN

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