sábado, 12 de noviembre de 2011

PASADO O FUTURO, LAS DOS COSAS SON INCOMPATIBLES.


Cansada, con cierto animo, esperanzada, con Miguel a mi lado y tres personas más (las que entran en el todo terreno)mojada hasta la ropa interior, con sabor a barro en mi boca, intento acercarme a mi casa, el agua se va retirando poco a poco, lo suficiente para dejarnos pasar con el vehículo de Miguel. Mirando por la ventana llegan retazos de recuerdos, ¿Cuántas riadas he vivido? Muchísimas, la casa de mis padres está cerca de un río, estaba en un alto, nunca se anegó, pero nos quedábamos aislados, solo podíamos salir del barrio por el monte, cosa que hacíamos encantadas, ese día había fiesta. Desde muy pequeñas mi madre nos llevaba a ver la riada, nos poníamos un chubasquero, katiuskas que nos quedaban grandísimas, mirábamos desde la seguridad del monte, sabiendo que nuestra casa siempre quedaba a salvo, volvíamos mojadas hasta las bragas, como ahora, pero felices por la aventura. ¿Cómo ahora? Ni de coña. Ahora mi casa sí que puede haberse visto afectada, ¡el coche! ¡Que me lo acabo de comprar! Y ¡mi pitti, pitti! Dios mío ¡no me hagas esto! Acabo de recuperar esa reliquia de coche, me he gastado una pasta, solo por conservarlo. Se me revuelve el estómago, ¡qué asco de vida!

Voy llegando y cierro los ojos, no quiero ver, hay barro por todos los lados. ¡Dios qué angustia! El motor para, no quiero mirar.

-Marian, abre los ojos, mujer.

Tengo ganas de llorar.

Escucho la voz de Fermín.

-Mariaaanaaaa ¡qué no es para tanto! ¡La película que se estará haciendo! Mira tu casa cojones.

-no le hables así, Fermín –dice Miguel

Eso me ha gustado, abro los ojos para mirar al alcalde no a mi casa. Sonrío agradecida, no era necesario, conozco a Fermín, más bruto que un arado, pero buena gente. Escucho su risa y espero la siguiente burrada que no llega, le miro, está dándole codazos a Luisa.

-que si….-digo mirando a luisa.

-baja, consuerte.

Está todo encharcado, lleno de barro, respiro, el agua a penas ha entrado en la casa. Siento el impulso de quitarme las botas y entrar descalza, los pies es lo único que está seco de mi cuerpo, a mojarse también, pienso. Lo hago. Me doy una vuelta por la planta baja, Miguel tiene razón, momento ideal para hacer una buena limpieza y deshacerme de un montón de cosas.

-no es para tanto, consuerte.

Lloro en sus brazos, sin reprimirme, lloro a gusto y con ganas. Dejando salir toda la angustia vivida en las últimas horas. Me deja hacerlo sin interrumpirme. Lo vivo como otra despedida a mi pasado. El llanto va cesando. Tengo mucho que hacer, estoy perdiendo el tiempo. Se está tan bien en sus brazos, me siento tan comprendida y apoyada.

-consuerte.

-¡qué!

-¿estás bien?

-ahora sí. Tengo un montón de cosas que hacer, voy a dejar de perder el tiempo.

-quedan pocas horas de luz. Podíamos dejarlo para mañana, si tú quieres. ¿Les decimos a todos que se vayan? Mañana será otro día, ya verás, dejará de llover, todo se verá diferente.

-¿me ayudaras?

-por supuesto. Yo y medio pueblo si tú quieres.

-tengo ganas de seguir llorando ¿porqué me pasan estas cosas? ¿Porqué mi vida sigue siendo una catástrofe?

-porque tú te lo planteas así. Tu vida no es una catástrofe, como tú dices, yo diría que tienes mucha suerte.

-por muy animoso que seas es imposible  sacar nada positivo de esto. ¡Pero qué mierda de vida! mira cómo está todo.

-haz limpieza, Marian, saca de tu cabeza y de tu vida lo que te sobra, no terminas de darte cuenta. Quieres seguir con tu vida adelante, pero sigues cargando con el pasado. Pasado o futuro, las dos cosas son incompatibles, tú decides.

-futuro.



Hasta mañana. Agur



MARIAN

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