jueves, 3 de noviembre de 2011

CIELO DESPEJADO


No resisto la tentación y voy al ayuntamiento a verlo ¿no ha dicho que para mí siempre tiene tiempo? Pues ya está, que lo use. Estoy de un humor excelente, con energías renovadas, con ilusión, siento que en mi vida ha salido el sol, ya no hay niebla. Esperemos que me dure. Este momento quiero compartirlo con él.

Me lo encuentro fuera del despacho hablado con una secretaria.

-¡hola Marian! – dice la secretaria.

Saludo por cortesía, pero mis ojos están en él, en su sonrisa de bienvenida ¡madre mía! En esos ojos melosos que me sonríen.

-tienes un aspecto estupendo, Marian, estas guapísima.

Rio de una forma infantil, tonta.

-¿traes eso?

Dice Miguel intentando justificar mi estancia en el ayuntamiento.

-sí.

-vamos a mi despacho.

Me agarra del brazo entramos y cierra la puerta.

-estás radiante, brillas.

-estoy de buen humor.

-hay algo más, te brillan los ojos.

-ha salido el sol en mi vida. Tengo algo por lo que luchar….

-no emplees esa palabra, disfruta, juega, no es lucha es placer.

Está apoyado en el escritorio, mirándome como él hace, con las manos en los bolsillos, como siempre, me acerco a él, sabiendo que es una locura, que en cualquier momento alguien puede descubrirnos, que a lo mejor no me importa. Una pancarta en el balcón del ayuntamiento.

Paro delante de él sin atreverme a dar el último paso, sonríe provocándome.

-solo un paso, si lo das, si eso es lo que deseas, ya no hay marcha atrás, voy a hacer que todo el mundo se entere de lo nuestro. Piénsatelo bien.

-ve preparando la pancarta, te ayudo.

-¿es lo que quieres? ¿Estás segura?

-sí, para adelante pase lo que pase.

-estás conmigo porque necesitas compañía o porque me quieres.

-estoy contigo porque te quiero a ti, no necesito compañía, quiero tu compañía.

-si es lo que quieres da el paso.

Lo doy, convencida de ello. Cierra los ojos ofreciéndome sus brazos. Tiembla.

Salimos del ayuntamiento cogidos de la mano.





Hasta mañana. Agur.



MARIAN

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