viernes, 14 de octubre de 2011

NO VOY A HUIR ¿TU?


Mi malestar, mi rabia, mi enfado a la vida, toda esa mochila que cargo sobre mis hombros, cargo con ella por costumbre, he aprendido a llevar ese peso, sin que normalmente me moleste demasiado, sé que tengo que ir vaciándola, de vez en cuando lo hago, es como mi adicción al tabaco, sé que tengo que dejar de fumar, que cada días me hace más daño, que estoy tan acostumbrada a hacerlo que puedo encontrar mil excusas para seguir con el habito, lo mismo que con mi mochila. Puedo dejar de fumar durante horas, sabiendo que luego fumaré y recuperaré la falta de nicotina fumando sin control. Lo que no he conseguido hacer es abrir mi mochila y dejar salir lo que llevo dentro de golpe, no podría controlarlo, pero necesito una válvula de escape, en este momento a causa del comentario de Miguel, me siento como una olla a presión o dejo que vaya saliendo algo de presión o estallare sin remedio, dejando toda la basura a mi alrededor.

Voy tan absorta en mis pensamientos dominando la rabia que hierve dentro de mí, no me doy cuenta de que llevo un paso aceleradísimo,  que arrastro a Miguel en mi carrera, en mi huida hacia ninguna parte, para cuando quiero darme cuenta, estamos en un parque, freno en seco, el aire no llega a mis pulmones, estoy empapada de sudor. El sol luce con todo su esplendor, voy controlando mi respiración, lo mismo que los pensamientos que corroen mi interior, sigo controlando mi respiración mientras va cediendo la rabia, el día es precioso.

No me atrevo a mirar a Miguel, la vergüenza no me deja ¿qué explicación le doy yo a esto? ¿Qué le digo? Siempre me pasa lo mismo, si estoy sola, lo tengo todo controlado, días mejores o días peores, pero no tengo ansiedad, desaparece. En cuanto dejo entrar a alguien en mi vida que se empeña en arañar en mi interior, vuelve la ansiedad, las ganas de huir, salir corriendo. Ahora es cuando yo diría, “estoy mejor sola no vivo, pero tampoco sufro”. Había aceptado mi destino. Pero no es lo que yo quiero, quiero vivir, con todo lo que conlleva, reír, llorar, enfadarme, amar, dejar que alguien me ame.

-siéntate.

Obedezco humildemente, pero sin mirarle. Levanta mi cara, me encuentro con sus ojos, me sonríe.

-¿estás mejor?

En ese momento veo el cambio, no he salido huyendo de él, me he agarrado a su mano y no lo he soltado, lo he arrastrado en mi huida. No estoy huyendo, no quiero huir. Utilizo la caminata, la carrera, como válvula de escape, siempre lo he hecho. Este descubrimiento hace que me sienta un poco mejor.

-utilizo la caminata como desahogo. Me doy una buena caminata a toda velocidad, con el sudor saco un poquito de lo que llevo dentro, es mi válvula de escape.

-menos mal que estoy en buena forma, ¡vaya carrera!

-lo he hecho miles de veces, acabo de descubrir el porqué, te diré más, cuando estaba con Manuel y algo me atormentaba, salía corriendo como ahora, luego volvía esperando encontrármelo donde lo había dejado, siempre me lo encontraba, nunca me falló ¡qué pena! No sé si llegaste a conocer a Manuel, el de verdad, el que lo daba todo.

-sí, era un tío cojonudo, lo sé por propia experiencia.

-bueno a lo que iba, el cambio está en que hoy no he salido huyendo, por lo menos de ti, te he agarrado de la mano te he arrastrado conmigo, lo siento, me he agarrado a tu mano porque se que tu puedes acompañarme. Quizá, inconscientemente yo sabía que Manuel no era tan fuerte como quería aparentar, de hecho sufría muchísimo viéndome mal. Creo que tú eres mucho más fuerte que él, para estar conmigo tienes que serlo, no tienes ni idea en el berenjenal que te metes, piénsalo, estás a tiempo, a lo mejor el que sale huyendo eres tú.



Hasta mañana. Agur.

MARIAN

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