sábado, 3 de septiembre de 2011

¿A LA TERCERA VA LA VENCIDA?


  Me gusta tocar a las personas, es un gesto que me nace naturalmente, no es premeditado, brota del fondo de mi corazón




Pasamos el día y la noche juntos, el tiempo pasa lo que dura un suspiro. Antes de ir a trabajar paso por casa, no que es lo que está pasando, me cuesta muchísimo ir, se me hace grande, tenebrosa, negra seria la palabra correcta. En la cocina Oscar me espera, sentado como siempre, de sus ojos vuelven a salir rayos, que intento esquivar. Recojo el último desayuno que le preparé y me dispongo a prepararle otro, no le veo pero puedo sentir su mirada de odio sobre mi espalda. Me doy la vuelta y me encaro con él.

-¡ya está bien! Hay que resolver esto, quiero seguir con mi vida, tengo derecho a ello, tengo que zanjar el puto pasado ¡YA! Así que hablemos y acabemos ya con esta agonía. Dime algo, ¡LO QUE SEA! ¡PROVOCAME! ¡INSULTAME! HAZ ALGO, DI ALGO.

Me doy cuenta de que estoy perdiendo el control, salgo de la cocina me ducho, me visto y me voy.

De camino al hotel Miguel vuelve a mi cabeza, me tranquilizo, así no puedo seguir, me digo, voy a acabar mal. Paso la mañana de aquí para allá, pendiente del teléfono, que no suena, esquivando la mirada de Andrés, serán cosas mías, pero me mira distinto. A la una llamo a Miguel, no coge, llamo al ayuntamiento, no ha venido en toda la mañana, me informan. Todas las alarmas alucinógenas de mi cabeza se encienden a unísono, cojo el coche y salgo pitando a su casa esperando lo peor, mi dedo se queda pegado a su timbre. Se ha quedado dormido, me entra la risa histérica, aliviada.

-‘¡hola!

-me he quedado dormido.

-ya veo.

-pasa.

- No, mejor me voy, si entro van a empezar a hablar.

-pasa –dice agarrándome del brazo.

Cierra la puerta y me abraza.

-vamos a la cama, llevamos dos noches sin dormir.

-es hora de comer.

-comemos algo y nos acostamos, estoy cansado, pero no te vayas.

-la gente va a empezar a hablar, mejor me voy.

-que hablen lo que quieran, no tenemos porqué darle ninguna explicación a nadie, además ya están hablando.

-no tengo hambre.

-pues a la cama.

Sonrío buscando su boca, no busco sexo, así lo entiende él, como si adivinase mi pensamiento coge mi mano, me conduce a su cama, duermo arropada por sus brazos, mecida por su respiración y el dulce sonido de sus palabras.

 Una luz cegadora, me hace cerrar los ojos, saco las gafas de sol del bolso. Manuel y Miguel charlan amistosamente, se dan la mano y un ligero abrazo. Manuel me mira me guiña el ojo y desaparece, le llamo, ningún sonido sale de mi garganta. Miguel está a mi lado sonriendo, me niego a hacerle caso, solo quiero recuperar a Manuel.

La voz suave de Miguel me devuelve a la oscuridad de la noche, un llanto imposible de controlar sale de mis entrañas, estaba mejor sola, no vivo, tampoco sufro.

-le echas mucho de menos.

Un gesto afirmativo confirma su frase.

-era un tío cojonudo, te quería muchísimo, se que tu a él también. Tienes que seguir con tu vida, Marian.

-lo sé.

Sin saber el motivo me rio, con ganas.

-tú eres el tercero.

-a la tercera va la vencida.

 Dice acompañándome en mi risa. Duermo arropada en sus brazos, acunada por su respiración.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

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