sábado, 3 de septiembre de 2011

ESTO VA A SER IMPOSIBLE DE DISIMULAR


El amor es así, como el fuego; suelen ver antes el humo los que están fuera que las llamas los que están dentro








Hemos pasado la noche juntos en un hotel, vamos a mantener nuestra relación de momento en secreto, lo ha propuesto él, yo he aceptado.

Cuando he llegado a trabajar Andrés me estaba esperando, preocupado, mi coche ha pasado la noche en el aparcamiento, me he inventado una tonta historia que no se a creído pero no ha replicado.

Casi no he dormido, no puedo dejar de pensar en él, en las últimas horas vividas, no es soso, ni frio, no tiene ningún problema y si que corre electricidad entre nosotros, 2000w. ¡Madre mía! Un hombre de los pies a la cabeza ¡si es que tengo un ojo!

El sonido del teléfono me devuelve a la realidad, es él.

-hola.

-hola

-¿qué haces?

-trabajar ¿tu?

-trabajar, o algo así, ¿va todo bien?

-si

Un tenso silencio se apodera de nosotros, escucho su respiración, está fumando.

-Marian.

-¡qué!

-¿comemos juntos?

-vale

-¿a las once?

Rio.

-vale

Si que vamos a comer pronto.

Son las nueve, dudo entre irme a casa y cambiarme de ropa o quedarme, me quedo, no me apetece ir a casa, la siento fría, grande, me pesa la soledad de esos muros. Salgo de la oficina, me dedico a charlar con unos y otros, pero en mi cabeza está en él, impaciente por verle, a las diez voy a la cafetería a tomar una menta, no he empezado a tomármelo cuando le veo aparecer, él tampoco ha pasado por casa, lleva la misma ropa.

-¿un café?

Me mira sin responder.

-¿un café? – repito.

Andrés está a mi lado, mirándonos a los dos.

-Antonio te espera.

-me había olvidado, ¿puedes atenderlo tú?

-si no hay más remedio.

Vuelve a mirarnos a los dos y se va, confió en su discreción.

-¿Quién es Antonio?

-un proveedor.

-si es importante espero.

-ya se encargará él.

-¿vamos?

Me levanto sin acabar de tomar el poleo, me agarra del brazo y salimos. Parece que huimos, o eso me parece a mí.

En el coche, vuelve a ser el Miguel de las últimas horas, me sonríe.

-te echaba de menos.

Vuelven las risas, las bromas, los chistes, los besos, las ganas insaciables de hablar, de compartir, más besos, abrazos, caricias, hasta que el deseo se hace incontenible, nuestros cuerpos se buscan, nuestras miradas arden de deseo.

-esto va a ser imposible de disimular.- me dice.

Hago un gesto con los hombros, yo pondría una pancarta en el ayuntamiento, pero cayo.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

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