jueves, 11 de agosto de 2011

¿QUÉ COÑO QUIERE?


Me he levantado y el cara borde no estaba, me he puesto a buscarlo siguiendo mi sexto sentido, me lo he encontrado sentado en una silla de las que he retirado, me ha dado la risa ¡será bobo! Le he reñido y he hecho que se levante, he cogido la silla, la he llevado a la cocina y la he puesto frente a mí. Advirtiéndole de que como se le ocurra volver a darme la espalda le saco la silla a la calle. ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¡Hace falta ser bobo!

Me he pasado por la cocina del hotel un poco más tarde de lo habitual, ¡el lio que había! ¡Madre mía! Día de fiesta de Ángela, cuando el gato se despista los ratones salen de paseo, o algo así. Eso me ha recordado al primer día que vine con Manuel a al hotel. Había tal desastre en la cocina, que me metí y saqué yo los menús, tengo experiencia en hostelería, pasé por todos los puestos, Manuel alucinó ese día conmigo, vino a resolver el problema en la cocina y lo último que esperaba es que yo me pusiera el delantal, era al principio, todavía no había pasado nada entre nosotros, éramos amigos o intentábamos serlo, corría demasiada electricidad entre nosotros para que la cosa se quedara ahí. Imposible, ese día desee que me besase, cosa que no hizo ¡soso!¡cuánto le echo de menos! Todavía lo veo asomándose a la cocina a mirar. Cambio de tema. Hoy no me he puesto el delantal, he dado cuatro órdenes y enseguida la cosa ha empezado a funcionar, no les he perdido de vista hasta que no han terminado el servicio. Manuel estaría orgulloso de mí, he hecho lo que él hubiera hecho. El problema es que yo  soy mandona por naturaleza, pero no me gusta hacer gala de ello, ahí tengo un problema, me hace sentirme mal cuando me veo obligada a sacar las uñas y mandar. Otra asignatura pendiente. Voy a tener que hacerme una lista, como cuando voy a la compra, que si no me lo apunto vuelvo a casa con de todo menos lo que me hace falta. Hoy faltan dos pilares del hotel, es mucho, con ellos mis espaldas están cubiertas, en fin, mañana será otro día, ya falta menos para que Andrés vuelva.

Hay me ido del hotel, con ganas, ni he esperado a la hora de mi caminata, me he llevado un libro y he parado en un choquito a leer tranquilamente, tumbada sobre la hierba. Ni se el rato que he estado, agustísimo, me hubiera quedado así toda la vida, de vuelta he parado a hablar con María, ¡qué animo tiene esta mujer! Anonadada me deja, pienso en su situación, yo estaría fatal, llorando como una madalena por todas las esquinas, maldiciendo al destino por ser tan cruel, autocompadeciendome, con una depresión de caballo. La miro y no le falta la sonrisa y las buenas palabras, me he invitado a entrar en casa a visitar al enfermo, no he querido, esas cosas las llevo mal, prefiero recordarle segando los campos o recogiendo las ovejas.

Quitando el incidente de la cocina, hoy ha sido un buen día.

Hasta mañana. Agur.

MARIAN.
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