martes, 30 de agosto de 2011

NO PIENSO DEJARLO ASÍ ¡NI HABLAR!


Todo lo que brilla no es oro. - Anónimo



Oscar me ha dado los buenos días, le he correspondido con una sonrisa. Le he preparado el desayuno, cuando vivía si no lo hacia se iba sin desayunar, me daba una rabia.

-¿qué nos pasó?- me ha preguntado.

-la vida, el hastió, la falta de comunicación, tu madre y tu hermana, tu egoísmo, mis miedos, mis silencios, tus gritos, mis agobios, tus miedos, no lo hicimos bien.

-una pena, tú fuiste la única mujer con la que estuve.

-perdona pero no me lo creo. Mientes.

-no. ¿te mentirías a ti misma?

-no me lies, dejalo estar, ya no me apetece hablar contigo. Me voy a trabajar, eso era lo que tú querías ¿no? Que trabajase como una burra, para poder tener un montón de cosas, para competir con tus hermanos, me metiste en una guerra que no era la mía, me usaste. Me voy.

Sin terminar de desayunar me he ido.

En el comedor del hotel, estaba Juana, una mujer de cierta edad, indefinida, desayunando sola, cosa que me ha extrañado. He preguntado por su marido. Un hombre que pese a su edad, indefinida también, tiene buen porte, altanero, bien parecido, con cara de bueno, simpático, agradable. Por ella, la vida ha pasado dejando sus huellas, él es el enfermo, la mala cara es la de ella.

-que se joda –me ha contestado.

-¿pasa algo?

-no lo aguanto más.

-no será para tanto, todos discutimos, es normal.

-¿esto es normal?

Me ha enseñado un moratón en el brazo. Me he quedado un momento sin saber que decirle. Asimilando lo que veía, no solo el moratón, si no las marcas en su brazo.

-vamos, acompáñame.

-¿A dónde vamos?

-no lo sé, pero nos vamos.

-tengo que ir a por mis cosas.

-no te hace falta nada, yo me hago cargo.

- esto no es nada, Marian, estoy acostumbrada, lo peor es lo que llevo aquí dentro

Ha dicho señalando su cabeza.

-vamos, Juana, no puedes consentir esto.

Se ha puesto a llorar.

-no puedo dejarle, está malo.

-que se joda ¿tienes hijos?

-no.

-¿familia?

-no, solo le tengo a él.

-me tienes a mí y a un montón de gente con ganas de ayudarte.

-ya es tarde, ya soy muy mayor, no tendría donde ir.

-tienes la edad justa para disfrutar de la vida, más vale sola que mal acompañada ¿no dices que está enfermo? ¿Qué haces con él? Vive; Juana, ha llegado tu momento, ahora te toca a ti, déjame ayudarte.

-no tenía que haberte dicho nada, lo siento, ya no hay remedio.

-vale, pero por lo menos pasa el día conmigo, vamos a divertirnos, solo hoy, déjame que te enseñe lo que es pasar un día tranquila, haciendo lo que tú quieras, él no se va a ir, te va a esperar, él es el no puede vivir sin ti, por eso intenta anularte, porque sabe que tu eres más fuerte que él, que tú vales más.

No he podido convencerla, ha subido de nuevo a la habitación. He llamado a Miguel, que enseguida se ha presentado en el hotel.

-dime qué puedo hacer.

-primero tranquilizarte, es su problema no tuyo.

-vale ¿Qué se puede hacer?

-hablar con ella, convencerla para que pida ayuda, es difícil y más a cierta edad, hay que convencerla. En el ayuntamiento hay gente preparada para estos temas. Voy a llamar ahora mismo para que venga alguien, pero es difícil, Marian, seguramente ya están preparando las maletas para irse.

-no voy a dejar que se vaya.

-si ella se quiere ir, no puedes hacer nada.

-no puedo dejar que se vaya.

Efectivamente, han pedido la cuenta, en media hora ya estaban en la calle pidiendo un taxi. Me he ofrecido a llevarles, intentando poder hablar a solas con ella, no ha sido posible, ella, ni me ha mirado a la cara. Me he sentido desolada, rabiosa, no es posible que no pueda hacer nada, no pienso dejarlo así, ¡ni hablar!

-voy ha Donosti a hacer unas gestiones ¿me acompañas?

-no, tengo una reunión.

No estaba de humor para tonterías.

Hasta mañana. Agur.



MARIAN

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