martes, 23 de agosto de 2011

¡HE ESTADO CON ÉL!

Sólo en la agonía de despedirnos somos capaces de comprender la profundidad de nuestro amor

 George Eliot

He llegado al pueblo en el que voy a pasar mis mini vacaciones, todavía no puedo alojarme en el apartamento, tengo que esperar a mañana, así que me he metido en el primer hotel que he visto.

Me he dado un paseo por el pueblo, no puedo dejar de pensar en Manuel, me parece que venir hasta aquí ha sido mala idea, le echo mucho de menos, dijimos que cuando nos hiciéramos mayores nos compraríamos una casita en los pirineos. ¡Mierda de vida! Teníamos muchísimos planes, todo se ha ido al traste. He vuelto al hotel, con la moral por los suelos.

He bajado a comer con un libro, como siempre, estaba sola en el comedor, ha entrado un chico, se ha sentado frente a mí. Cada vez que levantaba la mirada me encontraba con sus ojos. Al principio me he sentido un poco turbada por la insistencia de su mirada, luego me he sentido alagada, es más joven que yo, mala pinta no tiene, no está mal el chico he pensado, no sabría explicar lo que ha pasado, lo que he sentido, pero me he dejado llevar por la tontería del momento, le he sonreído, hemos empezado a charlar y a terminado sentado en mi mesa. ¡Qué tontería me ha entrado! ¡He coqueteado con él! La conversación ha resultado fácil, amena. El alcohol a logrado que me relaje, que disfrute del momento, de sus halagos, de su mirada seductora.

Hemos salido a pasear, me ha llevado a un parque precioso, nos hemos sentado en un banco un poco apartado, me ha besado.

Era Manuel, el que me besaba, el que enredaba sus dedos en mi pelo, el que me abrazaba con tanta fuerza que podía sentir el latido de su corazón, su respiración acelerada, el que invadía mi cuerpo con sus caricias y reclamaba las mías. Era él el que me miraba, sonreía, volvía  a invadir mi boca. El que con sus caricias ha hecho vibrar cada célula de mi cuerpo, de mi mente. He vuelto a sentirme deseada, he sentido como mi cuerpo despertaba de su letargo, he deseado corresponder, me he sentido plena, llena de él, de su amor, su pasión, su esencia. Era su voz la que mis oídos llegaba, sus palabras de aliento, de apoyo, de despedida sin tristeza, mirándonos a los ojos y sonriendo, dando las gracias por todo lo vivido juntos. Cuando nuestros cuerpos han recobrado la calma, le he mirado, le he dado las gracias, he sonreído y me he ido.

No podía ser de otra manera, esto era lo que faltaba. No podía dejar atrás al gran amor de mi vida sin una despedida llena de amor. Poder dejar atrás el último recuerdo que de él tenía y quedarme con este, con su sonrisa, con esa mirada que traspasaba mi cerebro, me llevo su fuerza, sus ganas de vivir, de amar, su ilusión por el futuro.

Lloro, no puedo dejar de llorar, pero mi llanto ya no es de rabia. ¡mierda de vida!

Hasta mañana. Agur

MARIAN

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