lunes, 18 de julio de 2011

¡QUÉ FALTA DE RESPETO!


He quedado con Luisa a las diez y ya son, veremos lo que tarda, no es nada puntual.

Ya está el cara borde ahí sentado, justo donde se sienta mi marido, si lo supiese no sé si le haría mucha gracia, mejor me lo callo de momento, el otro día me di cuenta tarde de que me habías hablado, estaba enfadada y no me paré a pensarlo, te contesté mal, no te enfades ¡Qué tontería si ya estás enfadado! Diez y cinco y esta no aparece, el café ya está hecho. Por cierto podías cambiar un poco la expresión de tu cara, ya que te empeñas en estar en mi cocina por lo menos que se haga un poco más agradable, vamos digo yo. Si esto que me pasa contigo me hubiera pasado en otro momento pensaría que eres mi conciencia, ahora no sé donde colocarte, ya saldrá lo que sea, para que agobiarse.

Diez y diez capicúa, ya le cuesta. No me gusta nada esperar, me impaciento. La cuestión es que yo siempre llego tarde a todos los lados, tiene su lógica como no me gusta esperar que me esperen, porque no está mi Manolo si no diría, “la cuestión es ¿porqué si a ti no te gusta esperar siempre llegas tarde?” como no está esquivo la pregunta.

Un coche aparcando ¿será ella? No suele venir en coche, pues no es ella. Vaya cochazo, a aparcado justo delante de mi casa ¿Quién será? Sale un hombre bien puesto, de la edad de mi Manolo, más menos, pelo blanco, tez blanca, al sol no está mucho. Voy arriba a ver dónde va.

Timbre en casa de la innombrable, no sé si estará, como la ignoro. Discuten ¿Quién será ese tipo? Ya habrá liado alguna, desde luego esta chica no está bien, para mí que le falta un par de tornillos o más, si en vez de hacer tantas chorradas como hace se lo haría mirar le iría mejor, cualquiera se lo dice, a lo mejor si me acerco a ella, le sale espuma por la boca. ¡Mira donde está Luisa! Hace falta tener morro, yo esperándola y ella de cháchara con Juana Mari. ¡Qué poco fundamento! Diez y cuarto. A mí lo que me cuesta es salir de casa, pero una vez que lo consigo no pierdo el tiempo como ella, meto el turbo y voy corriendo, siempre agobiada por llegar tarde ¡qué chorrada! Pero es lo que me pasa. En fin, no todo el mundo somos iguales.

No soporto la falta de formalidad de la gente, me parece una falta de respeto tremenda. ¡Hace falta tener morro! Y yo aquí esperándola como una tonta, a lo mejor anulo la cita, que le den.

Ahí  viene corriendo, ahora tendrá prisa, la voy a hacer esperar, estaría bueno. Timbrazo, lo dicho ahora con prisas, voy a darme una vuelta por el servicio, a ver como tengo los pelos. Me va haciendo falta pasar por la pelu, ¡qué esclavitud!  Lo de las canas digo. Timbrazo, seguro que tiene ganas de pasar por el servicio, pues va a tener que esperar si a ella no le gusta esperar a mí tampoco. ¡Toma timbrazo! Espero al siguiente y le abro.

-¡Marian…..!

Se está impacientando, voy a abrirle que a lo mejor se orina en la entrada.

-¡hola!

-ya te cuesta abrir, voy al servicio.

Ya sabía yo. Si es que la conozco como si la hubiera parido.

El cara borde ha desaparecido ¡cobarde! Tendré que ponerle nombre, lo pensaré despacio, porque esto algo significa, ahora tengo la cabeza en otras cosas, no hay que mezclar.

-¿ya? ¿Un café? No vayas a quejarte ahora de que está medio frio, a ver venido antes. ¿has hecho alguna vez un tratamiento de sicoterapia?

-no.

-yo sí, que sepas que no se puede llegar tarde, pagas la hora entera aunque no estés, lo mismo que si faltas sin avisar con veinticuatro horas de antelación, simple información.

-a ti esto te gusta.

-bueno… siempre he sabido escuchar.
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