jueves, 7 de julio de 2011

¿NO ES SUFICIENTE EL CARIÑO QUE TE DOY?


-¡qué dolor de cabeza!

-¿quieres que llame a la enfermera?

-no deja ya pasará. ¿Qué hora es?

-las seis de la tarde.

-no me dejes dormir tanto, se me pasa el día que no me entero.

-es la medicación, haz por ponerte bien y dejaran de dártela.

-cómo voy a hacerlo si me paso el día durmiendo.

-todo lleva su tiempo.

-tienes muy mala cara, necesitas descansar, ya sé que me vas a decir que no, pero deberías irte a casa, dormir como Dios manda, vete y vuelves mañana

-tu sola te has contestado, de aquí no me voy sin ti.

-¿el trabajo?

-hago lo que puedo por teléfono, Fermín se encarga. ¿Te apetece un café?

-sí, y un cigarro también.

-los cojones.

-sabia que me ibas a decir eso, hueles a tabaco, por eso me he acordado. Me levantaría a gusto a darme una ducha.

-mañana. Voy a por los cafés.

-Marian, despierta.

-ya me he quedado otra vez dormida, lo hago sin darme cuenta.

-te subo un poco la cama, dime si te mareas.

-un poco, pero estoy bien.

-toma, ya está templado.

-¡qué malo! Es de máquina ¿porqué no has ido al bar?

-porque no me ha apetecido.

-de que me tome el café, me levanto un poco.

-se lo preguntaremos a la enfermera. No tardará mucho en venir con el termómetro.

-no te veo bien, te veo decaído. Lo siento.

-no pasa nada solo estoy un poco cansado.

-lo siento, voy a hacer por solucionar esto, voy a buscar el porqué, no quiero hacerte pasar por esto nunca más. Ve a casa y descansa, yo estoy bien, no hace falta que estés aquí todo el día.

-no insistas, de aquí no me voy sin ti. Equivocas el planteamiento, eres tú  la que no tiene que pasar por esto, es a ti a la que te haces daño, te autodestruyes, juegas con tu salud. No tienes que dejar de hacerlo por mí, sino por ti, eso es lo que tienes que cambiar.

-ya.

-si no quieres verme mal, deja de sufrir, mientras tu sufras, yo lo pasaré mal, pero no lo hagas por mí, hazlo por ti, quiérete un poco, Marian, preocúpate por ti como te preocupas por mí, ya verás cómo cambia todo.

-ya

-tus ya, significan haré lo que me salga de los huevos, habla, discúteme, pero no me digas ya.

Una enfermera interrumpió la conversación.

-termómetro, luego te traeré cena.

-¿cómo está lo demás?

-estás como una rosa, luego vuelvo.

-me gustaría levantarme un rato.

-los celadores ya han pasado tendrás que esperar a mañana.

-no es necesario que venga nadie, a mi mujer la levanto yo.

-como queráis.

-no va a venir nadie a ponerte las manos encima, contento que le dejo al médico- dijo Manuel tras salir la enfermera de la habitación- lo siento ha sido un pensamiento en voz alta.

-ven ayúdame, estoy muy floja, sola no puedo, necesito que me ayudes.

-pareces un saco de huesos, cuando vayamos a casa alubias todos los días, ni lechiga ni mariconadas, ya me voy yo a encargar de que comas como Dios manda.

-menos mal que estás conmigo ¡guapo! ¡Pero qué guapo eres! Con ojeras y todo, no sé qué haría sin ti. No me sueltes déjame sentirte cerca, lo necesito, si quieres que salgamos rápido de aquí, necesito tenerte cerca. No tengo ninguna queja de tus atenciones, mejor no podría estar  ¿sabes lo que me falta? Tus besos, tus caricias y abrazos, son vitales para mi, tanto como el comer. Aunque una ducha me vendría bien ahora mismo.

-te lavan todos los días, son cosas tuyas.

-cambia esa cara de borde, que tus sonrisas también me alimentan.

-llevo das años abrazándote, besándote, queriéndote a más no poder, demostrándotelo todos los días, pero parece que no es suficiente ¿o si?  Yo casi tengo una idea del porqué te empeñas en castigarte. ¿Recuerdas la otra vez?

-sí.

-¿Cuándo pasó?

-no sé a qué te refieres.

-nos acabábamos de casar, te sentiste feliz, estabas pletórica. ¿qué pasó entonces? ¿Qué ha pasado ahora? Piénsalo.
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