martes, 14 de junio de 2011

SIGAMOS


Ahí viene mi guapo, más guapo que nunca, ¡cómo le quedan las camisas blancas! ¡Está tan moreno!, cosa que no entiendo, si se pasa el día encerrado, absorbe cada rayo de sol y eso que huye de él. ¡Pero qué guapo! Viene con las gafas puestas, le dan un aire  interesante. ¡Madre mía! Qué sonrisa, viene de buen humor.

Sin mediar palabra, Manuel atrapa su boca, envolviéndola en un abrazo, que la lleva por un momento al paraíso, al mismísimo cielo, solo que no están solos, sabe que clientes y empleados, los observan, emprende una lucha interna, entre dejarse llevar por esas sensaciones que él le transmite o poner los pies en el suelo y pararlo antes de que pierda el control y pase de todo.

-¡como vienes hoy!

-como todos los días, solo que eres tan sosa, que no me dejas.

-algún día, no te voy a para, a ver qué haces.

Manuel se ríe  a carcajadas.

-sí, sí, tu ríete.

-ya estas, roja como un tomate, ¡te comía aquí mismo!

-para, ¿qué respeto me van a tener si cada dos por tres nos pillan besándonos? ¡Qué besos! Tú no te conformas solo con un piquito.

-estoy en mi casa, que lo mío me está costando. Así que beso y abrazo a mi mujer, donde y cuando me salga a mí de los huevos.

-no seas tan chilito, majo, en casa también tenemos espectadores.

-¿a si?

-sí, ¿te acuerdas de la pesadilla?

-siii…

-¿del tipo que me miraba con cara de mala leche? Pues ya lo he visto un par de veces más, despierta.

-¿qué hace ese mamarracho en mi casa?

-es lo que intento averiguar.

-como le pille, le meto una hostia que se entera.

-si consigues verlo, tú mismo.

-ya le estás diciendo que se vaya.

-te lo estás tomando a coña, pero es cierto.

-ya.

-que si, el otro día cuando estaba Miguel en casa, lo vi en la cocina.

-si lo llego a ver…

-hoy lo he visto en el baño.

-te estabas duchando, no sabe nada el mamarracho.

-no me estaba duchando, pero me asusta su cara de cabreo.

-mándalo de casa, dile que como le pille yo, se entera. ¿Qué vas a comer?

-ensalada y merluza a la plancha.

-yo creo que si comiese con más fundamento te iría mejor.

-no me des la chapa, anda, que eres un pesado.

-¿últimamente estás gastando mucho no?

-como siempre.

-entonces alguien te ha robado la tarjeta.

-no me ha robado nadie la tarjeta. ¿Desde cuándo controlas lo que gasto?

-¿no tienes nada que contarme?

-no.

-¿en qué te gastas tanto dinero?  No sales prácticamente del pueblo, siempre que vas a gastar vienes conmigo.

Hizo un gesto con los hombros.

-Marian, si ese dinero te lo estuvieras gastando tú, cosa que dudo, ni te hubiera hecho comentario.

Agachó la cabeza avergonzada.

-prueba a contarme la verdad.

Imposible. La invadió un sentimiento de culpa tan hondo, tan profundo, que fue incapaz de mirarle a los ojos

-Marian, no puede ser tan difícil, dime lo que está pasando, cariño.

Le estaba traicionando, sabía que Manuel no le iba a perdonar una traición, casi daba la relación por concluida, se lo merecía, no tenía ningún argumento con que rebatirle,  estaba actuando a sus espaldas, la vergüenza, el sentimiento de culpa eran demasía elevados. La solución era tan sencilla, como hacerle una confesión, decirle que le estaba mandando dinero a Nekane, sabía que no estaba bien, pero tampoco era para tanto. Para ella, era un mundo, no podía hacerlo, imposible. Se encendieron todas las alarmas de su cabeza, nunca habían discutido por nada serio, este iba a ser el primer problema real como pareja. Manuel no iba a perdonar una traición. Su cabeza se bloqueó.

-me voy a casa.

-te llevo a casa.

El erizo se despertó, clavando todas sus púas en el estómago, aguantó como pudo el dolor y las ganas de vomitar.

Subió directa a la habitación, a la cama.

-Marian, olvídate del dinero, no tiene importancia, me da lo mismo, escucha, cariño, mírame, me da lo mismo. No te cierres, vamos a tomar un café al jardín, hace un día precioso, como a ti te gusta, tenemos que hacer planes, te necesito a mi lado, levanta mi vida, solo importamos tú y yo.

Tiró de ella, dócilmente se levantó, luchando contra la necesidad de ocultarse, de desaparecer, contra el desprecio que sentía por ella misma, aguantando el fétido olor que manaba  de su cuerpo.

-siéntate, mi vida, voy a ser tu camarero ¿qué desea la señora?

Cianuro

-como buen camarero que soy, sabiendo los gustos de mi clienta favorita, voy a elegir yo.

-presuntuoso.

-¿cómo dice, señora?

-el cliente siempre tiene la razón.

-en su caso si ¡guapa! Y perdone las confianzas.

-vaya conversación más tonta.

-la que ha surgido.

-Nekane.

-nerón –contestó Manuel

Se quedó un momento pensando.

-rompe.

-pelo

-lobo

-boba

-batería.

-amor – dijo Manuel quiñándole el ojo.

-morcilla.

-llave.

-¿qué estamos haciendo?.

-no sé, pero a mí me gusta.

-¿será el champan?

-a lo mejor.

-jornada.

-dato

-todo.

-domingo.

-Goce.

-celo.

-loco

-coche.

-no se me ninguna por che.

-checolate.

-eso no existe.

-existe lo que nosotros queramos que exista.

-amor ¿por ejemplo?

-confianza ¿por ejemplo?

-miedo

-esa palabra no se acepta.

-valentía.

-esa sí.

-le estoy mandando dinero a Nekane.

-ne

-ne ¡qué!

-¿necesita?

-no tengo ni idea.

-hablaré con ella.

-intentaré resolverlo yo.

-esa tampoco entra dentro de las palabras permitidas, Nekane no es tu problema solo, es de los dos.

-ya.

-¿te das cuenta de lo que ha pasado?

Negó con la cabeza.

-ha pasado la crisis, soltando chorradas.

-no ha pasado todavía.

-Sigamos entonces.

-cesta
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