lunes, 13 de junio de 2011

LA LEY DEL SILENCIO


Esperó pacientemente a que Miguel se fuera, sonriente, con cara de domingo, pero echándole miradas asesinas a Manuel.
- aio, Marian.
-agur Miguel.
Acompañó a Miguel hasta la puerta, cordial y educadamente, a buenas formas y educación no me gana nadie.
-¿qué he hecho que me miras con cara de asesina?
Silencio, no voy a discutir.
-¿no me vas a contestar?
Pues mira no, lo que voy a hacer es quemarte las tostadas.
El tipo de la mirada de mala leche había desaparecido ¡cobarde! Ya te pillare a ti también, tu no me conoces.
-Maaariannn.
Me he quedado sorda y muda.
-nada, chica, cuando quieras me hablas.
Lo llevas claro, májate.
-las tostadas no tiene la culpa.
Yo tampoco, de que seas tan desconsiderado.
Se quedó de pies desayunando, no me pienso sentar contigo en la mesa. ¡Capullo!
-pues nada, toca desayuno con morros, tu tranquila, no te apures, morros para comer culo para dormir.
No estará pretendiendo hacer un mal chiste para que me ría, lo lleva claro.
Terminó el desayuno, salió de la cocina, subió a la habitación. Le dio por hacer orden, o más bien desorden, antes cuando se enfadaba le daba por hacer limpieza, ahora que se había vuelto muy cómoda y señorona, desordenaba por puro placer, sobre todo los cajones de Manuel, le cambiaba todo de sitio,” pa fastidiarle” busca ahora los gallunbos, “señor alcalde”. En ello estaba cuando le escuchó reír en la terraza. ¿Con quién está hablando? Está tonteando con alguna, anda que no le conozco. ¡Que le den! Ahora que va a ser alcalde a lo mejor le salen muchas damas dispuestas. Me voy a hacer la dura, aunque esté deseando ver con quien está hablando, no pienso salir, lo lleva claro. Que haga mucho el tonto, que a lo mejor, no le queda ni culo para dormir.
-luego nos vemos ¡guapa!
¡Qué ha dicho! Este, este, este, se ve a enterar de lo que vale un peine, todavía no me conoce, voy a ver quién es esa guapa, seguro que es Yosune, a saber cómo va, se la estará comiendo con los ojos, como si lo viera. ¡Qué mal me está sentando la tontería! Tengo que ir a mirar.
Salió a la terraza a sacudir un trapo, lo hizo tan discretamente que Manuel no la debió oír, Estaba hablando con Vicenta y Ramón, un matrimonio vecino, jubilados los dos. Este se ha pensado que soy tonta, ¡ja!  A lo mejor es que lo soy, esperemos que no se dé cuenta.
Discretamente volvió a dentro: Me está haciendo picar, se cree muy listo, como si no lo conociera, lo lleva claro. Por bobo ahora le voy a desordenar los pantalones.

-¿qué haces?

Silencio

-¿se puede saber que he hecho para que no me hables?

Silencio

-me tengo que ir. Enseguida vengo

¿A dónde irá? Si se cree que se lo voy a preguntar lo lleva claro. Ahora que no está ya no me apetece seguir desordenando sus cosas, que él se va, pues yo también, me voy a dar una vuelta.

Como no le apetecía ver a nadie y menos hablar, se puso las deportivas y a patear caminos, que es lo que más le gusta, contacto directo con la naturaleza, silencio absoluto o casi. Llevaba un buen rato andando cuando vio a Miguel de enfrente.

A este también le gusta patearse los caminos, pues no me apetece mucho hablar con él, en parte es el culpable de este desaguisado.

-¡hola Marian!

-¡hola!

-¿ya se ha ido Manuel?

-si

Tentada estuvo de preguntarle a donde, calló.

-¿cómo van las negociaciones?

-¡qué!

-¿ya le vas convenciendo para que sea el nuevo alcalde?

-ahí vamos.

-luego os veo, aio Marian.

-agur, miguel

Me parece que he metido la pata, será mejor que me vaya para casa, haber si lo arreglo. Lo malo es que hace mucho rato que me he ido y para colmo me he dejado el teléfono en casa, pero no lo he hecho queriendo, eso no, lo de largarme para fastidiarle, si, lo del teléfono, no ¡vaya bronca me espera! Encima me he quedado sin argumentos para chillarle yo, me voy rápidamente a casa, si hay suerte llego yo antes y no pasa nada.

Aceleró el paso, Manuel estaba en la terraza, con cara de pocos amigos ¡pero qué bronca me espera! Voy a sonreír.

-¿de dónde vienes?

-de dar una vuelta, me he liado un poco, lo siento.

-¿Dónde tienes el puto teléfono, Marian?

-se me ha olvidado.

-ya, muchas gracias por tu consideración, voy a dejar de preocuparme por ti.

-lo siento, no lo he hecho queriendo, de verdad.

-¿ya podemos hablar de qué cojones a pasado hoy?

Le contó su aventura chismosa del pueblo.

-ni tan siquiera he decidido lo que voy a hacer, y ya te has mosqueado por las habladurías, muy bien, nena, como se me ocurra decidirme, y te llegue, vete tú  a saber qué, me cortas la cabeza directamente, sin preguntar ni nada.

-no, lo siento, es que tengo día raro, nada más.

-miedo das.

- ¿A dónde has ido?

-no sé si contártelo, vete al pueblo y pregunta.

-dímelo tú, guapo, me corroe la curiosidad, estoy negra por saberlo, no es que importe, pero es que estoy bien integrada en este pueblo de cotillas, no me puedo quedar sin saberlo, si me preguntan…

-¿qué harás cuando te cuenten que me he paseado por el pueblo, en el coche, con dos rubias y una morena?

-cortarte el cuello, sin preguntar ni nada.

-he ido a buscar a la familia de Miguel, que venían en el autobús y él tiene el coche en el taller.

-ahhhh, bueno.
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