jueves, 2 de junio de 2011

RETANDO A GEMA




-Mira a Gema directamente a los ojos, que perciba tu fuerza, tú no tienes nada que ocultar ella sí, para ponerla en su sitio, no tienes nada más que mirarla a los ojos, sin miedo, en este tema estas por encima de ella, tienes lo que ella quiere, con la diferencia de que a ti te mueven los sentimientos y a ella solo le importa el dinero, tu lo tienes todo. Mírala sin miedo, nena, sabiendo que yo estoy a tu lado, que si hiciera falta seria yo el que interviniera, no va a hacer falta, tu puedes solita, no me necesitas para esto, haz que baje los ojos ante ti, no tiene poder para hacerte daño, ella es todo lo contrario a lo que tú eres, tu eres una persona con valores, ella no distingue el bien del mal, no tiene nada que te pueda interesar. Échale una mirada de las tuyas, haz que baje los ojos ante ti.

-no es tan fácil.

-no lo pienses solo hazlo.

-en fin, cada uno a su guerra.

Ahí estaban las dos, mirando a Manuel. Gema sonreía y guiñaba el ojo a Manuel, no podía ver su reacción, pero sabía que la ignoraba, que lo que Gema pretende es molestarla a ella, sabiendo que con él ya no tiene nada que hacer.

-Gema tu y yo, debemos dejarlos solos, es asunto suyo.

-de eso nada, yo estoy aquí para apoyar a Nekane.

-bien, yo estoy para apoyar a los dos, ayudar en lo que haga falta, pero ha llegado el momento de que hablen en privado, así que debemos dejarles.

-Manuel ¿para qué la has traído? ¿No se fía de ti?

Manuel ignoró el comentario.

-¿vas a dejar ya de meterte donde nadie te llama? Vamos fuera, aquí no pintamos nada- Dijo Marian con determinación, y lanzándole una severa mirada.

-¿Nekane tu qué dices?- preguntó Gema.

Nekane miraba a su padre, más avergonzada de lo que hubiera sido capaz de admitir, es igual que su padre, tiene buenos sentimientos, si la alejamos de Gema, se pueden conseguir cosas.

-hablando se entiende la gente.

-así es – contestó Manuel.

Gema miró a Nekane que bajó la mirada muy incómoda.

-¿sabes qué es lo que juega en tu contra Gema? Que es igual que su padre, míralos. ¡A la ¡vamos fuera.

-estoy fuera, hazme una perdida si quieres que entre. No te dejes engatusar, va a intentar engañarte, menudo cabrón está hecho este.

Nekane la miró sin contestar. Marian miró a Manuel buscando sus ojos, sonrió complacida, ante la orgullosa mirada de él, ¡uff! Me lo cuentan y no me lo creo, ¡toma! Acabo de perderle el miedo a Gema, la cuestión es que hago ahora con ella, pues nada, me voy a dar una vuelta yo sola.

-me doy una vuelta. llámame.

-no te alejes mucho.

No pudo evitar acercarse y darle un beso.

-lloraras –dijo Gema, llena de rabia, ya en la calle.

-será mi problema.- dijo riendo, más orgullosa que un ocho. No era la primera vez que oía el comentario y contestaba lo mismo, con la diferencia de que esta vez lo decía convencida. Con un convencimiento que la llenaba de fuerza. Cambió su forma de verla, de percibirla como una amenaza, dejó de sentirse inferior a ella, cambió todos sus sentimientos de inseguridad por lastima. ¿Qué puede llevar a una mujer a llevar una vida como la que ella lleva?

-¿te apetece un café?

-no.

-¿un paseo?

-¿quieres dejar de tocarme las narices?

-no era mi intención. Has perdido Gema, asúmelo. Sé que Manuel no se ha portado bien contigo, pero tu tampoco has jugado limpio ¿no te parece?

-¿ahora qué? ¿Vas de amiguita?

-no, tu y yo nunca podremos ser amigas, solo era por hablar de algo. Me voy a dar una vuelta.
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