lunes, 6 de junio de 2011

COMPRAS POR BURGOS


Dio tres vueltas a la manzana, se aburrió rápido, me voy a dar una vuelta como Dios manda, ya volveré. Fue de escaparate en escaparate, cosa inusual en ella,  de hecho hacia muchísimo que no se daba una vuelta por una ciudad sola y mirando tiendas con ojos golosos. ¡Qué raro! Entró en una tienda y comenzó a probarse cosas, se vistió y desvistió mil veces, cosa que normalmente la asqueaba, casi siempre se compraba la ropa sin probársela, sabia su talla, siempre utilizaba el mismo tipo de ropa, qué monotonía. ¡Con lo coqueta que he sido yo siempre! Hay que ver lo sosa que me he vuelto con la ropa. Salió de la tienda con dos bolsas, ilusionada y sin querer pensar mucho el porqué de ese cambio. No era gastadora, para evitar problemas económicos se había acostumbrado a gastar solo lo necesario, aunque ahora no estuviera a falta de dinero, seguía en su tónica de solo comprar lo necesario, aprendió bien la lección de que no es más rico el que más gasta si no el que menos necesita, en momentos en lo que lo había pasado muy mal económicamente esa filosofía le había ido de maravilla. No tuvo más opción, se le hizo imposible ir a comprar, se ponía mala, se angustiaba por gastar un dinero que podía hacerle falta para otras cosas, era imposible gastar nada, el solo gesto de entrar en una tienda y ver algo que le gustase la ponía mala, tenía que salir rápidamente de la tienda y buscar un baño con urgencia. Así que se acostumbró a no gastar nada, de hecho iba casi siempre sin dinero, si iba a comprar algo iba con Manuel, lo único que compraba ella sola era la comida y si era en la tienda del pueblo, de lo demás se encarga él que es el que siempre lleva dinero. Demasiado para mi gusto, cualquier día va a tener un susto, pero bueno, como no me hace caso, él verá.

Ahora tenía ganas de verle, contarle su aventura tiendera, lo había hecho de una forma tan natural que no se dio cuenta del cambio hasta que  pagó. Estaba ilusionada con sus compras con ganas de estrenar su adquisición.

¿Dónde estoy? ¡Jode…..! No tengo ni idea, me he puesto a andar….. No me he fijado en cómo se llamaba la calle, ¡qué más da! Ya me buscará.

Entró en la primera cafetería que vio, fue directa al baño y se cambió de ropa ¿Cuántas veces había hecho eso de cría? La impacientaba tanto esperar que se lo ponía, nada más salir de la tienda. ¡Madre mía! Cómo habían cambiado las cosas.

Se sentó a tomar un café a la espera de que Manuel  llamase, preguntó por el nombre de la calle y esperó. Ojeó un periódico, otra sórdida costumbre,  mirar las esquelas, no podía evitarlo, lo hacía de siempre, hasta hubo una época de cría que las coleccionaba, eso y las noticias de sucesos que le llamaban la atención, ¿qué habrá sido de mis cuadernos con recortes de periódicos pegados? Seguro que mi madre los tiraba a la basura. La verdad es que siempre he sido muy rara, más que un perro verde. Qué le vamos a hacer una es como es.

Recordó una noticia que en su momento la impresionó muchísimo, conocía a la protagonista. Una chica poco mayor que yo, de la edad de mi hermana  iba a su clase, le llamaban la pachuli, es fácil imaginar el motivo, se quedó embarazada con catorce años, padre desconocido. Hace unos años, no tantos ,quedarse embarazada en un barrio pequeño, con la fama que ella tenía ¡pobre! Se adelantó a su tiempo, el caso es que se marchó de casa con su tripa. Parió y volvió para dejar al hijo con sus padres, desapareció de nuevo, a los pocos años la encontraron en un callejón degollada, creo que fue en Madrid. Aquella historia me impactó muchísimo, a partir de ahí fue cuando me dio por coleccionar sucesos. Lo que tuvo que sufrir aquella chica, se dijo que fue por algún lio de drogas. ¡Pobre! ¿Por qué me acordaré yo de estas cosas ahora? ¡Qué mal cuerpo se me pone!  Voy a dejar de pensar en ello, me viene a la cabeza Amaia, pero prefiero quitármela ¡qué mal rollo! Nunca le he preguntado cómo murió Amaia, qué pasó exactamente ¿para qué saberlo? ¿Qué importancia tiene ahora? No es asunto mío ¿porqué he relacionado a pachuli con Amaia? No coincide nada en las dos historias, ni en el tiempo ni los hechos. Voy a quitármelo de la cabeza.

El teléfono comenzó a sonar ¡ahí está mi chico!

-¿Dónde andas, nena?

-en la calle Miguel de Irigoien.

-te has perdido.

-no que va… te estoy esperando.

-si no te conociera, ya voy para allá, está aquí al lado.

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