jueves, 9 de junio de 2011

MIGUEL




Se levantó convencida de que no había sido una pesadilla, esos ojos eran reales, no quiso quedarse sola en la casa, no le dijo nada a Manuel, pero estaba muy asustada. ¿Cuántas veces he pensado en investigar quien a habitado en esta casa? Tiene muchos años, tengo que averiguar la historia de esta casa, voy a ir al ayuntamiento, algo me dirán, tiene que haber registros. No puedo quitarme esa mirada de la cabeza. Desde que vivo en este pueblo, me pasan cosas muy raras, siempre me han pasado, pero ahora más, no sé explicarlo, pero ahora mismo estoy asustadísima.

Siguió sus costumbres de todos los días, café con Manuel en las Ventas, antes de que cada cual se marche a sus quehaceres, tres horas de oficina, cafecito mañanero con Luisa. Subió toda decidida al ayuntamiento, el mejor sitio para iniciar su investigación.

-Buenos días Marian.

-Buenos días Miguel y compañía.

El alcalde, un hombre algo mayor que Manuel, pero con cierto parecido físico, de mirada y sonrisa cordial, acostumbrado al trato con la gente del pueblo. A pesar de que todos los días se cruzaba con él a la vuelta de su caminata diaria, no habían cruzado más de dos frases seguidas, muchas veces habían coincidido en el bar, siempre se acercaba a ellos, charlaba amigablemente con Manuel, siempre la misma despedida “aio, Marian”, el mismo saludo que le dedicaba todas las tardes cuando se cruzaba con él. Ahora lo tenía delante, se sintió un poco incómoda, rara vez subía al ayuntamiento, casi siempre por bobadas, el tema que traía hoy era un poco especial, desde luego no pensaba dar demasiadas explicaciones de sus motivos para investigar.

-¿qué te trae por aquí Marian?

-me ha dado por investigar cosas de mi casa, de la casa de Manuel, quiero decir, es muy antigua y seguro que tiene historia.

-de las más antiguas del pueblo, pasa a mi oficina, haber que podemos hacer.

-tú eres nacido en el pueblo ¿verdad?

-sí, igual que Manuel

-¿conociste a los últimos habitantes de la casa?

-sí, era una familia de fuera, de Burgos, estaban de alquiler. Cuando el viejo murió, los hijos pusieron la casa en venta, la compró Manuel.

-¿qué sabes de los dueños anteriores?

-no vivían en el pueblo, la compraron como segunda vivienda, venían los veranos. Me acuerdo perfectamente de ellos, sobre todo del viejo y de la mala leche que gastaba. Hay un libro en la biblioteca que te puede interesar, luego te lo busco, seguro que encuentras un montón de chascarrillos. ¿Manuel?

-trabajando, como siempre.

-pasas muchas horas sola.

-es lo que hay.

-¿qué tal, cómo la llama Manuel, la innombrable?

-ningún problema, Manuel se encarga de mantenerla a raya. Creo que se ha olvidado hasta de mi nombre.

Miguel rió a carcajadas.

-menudo cabrón está hecho ese ¿seguiste adelante con la demanda?

- Manuel y Fermín  insistieron, a mi me da un poco de apuro, no ha debido de salir el juicio todavía. Yo creo que esa chica no está bien, le falta algún tornillo, y a su marido un par de hervores.

-mi mujer decía lo mismo.

Miguel está separado.

-la gente de este pueblo es muy cerrada, a los que venimos de fuera nos cuesta mucho hacernos un hueco.- le sorprendió a ella misma al decir eso.

-siempre te he visto perfectamente integrada, hace muchos años que te conozco, ¿has tenido algún problema con alguien?

-no, con la innombrable, pero no es del pueblo.

-en el pueblo eres apreciada, que lo sepas, somos muy pocos vecinos, en este momento hay censados ochocientos veinte habitantes, nos conocemos todos, las dos vinisteis casi a la vez a vivir aquí, la diferencia es que tú has hecho tu vida sin meterte con nadie, todo el que viene de nuevo a este pueblo pasa un periodo de observación, es normal, somos pocos, te has ido integrando poco a poco y dándote a conocer. El problema con tu vecina es que vino aquí con aires de grandeza, muy simpática eso si, por lo menos al principio, ahora ya no, no la habla casi nadie, pero mirando a todo el mundo por encima del hombro ¿Cuántas veces has venido tu al ayuntamiento a protestar por algo?

-nunca, no tengo motivos.

-ella, está, perdón venia, día si, día no, con alguna queja. Eso, en un pueblo tan pequeño no cae bien, ha intentado imponernos sus” fantásticas ideas”, con muy malas artes, eso no se hace, no cae bien en un pueblo tan pequeño, así le va. Me alegro de hablar contigo de esto, porque sé que te ha incordiado desde el primer día, tú has pasado de ella, muy bien hecho  por cierto, sé que más de un mal rato te ha hecho pasar, todos nos hemos mantenido al margen,  incluido Manuel, que no se si lo sabes, pero lleva muchos años poniéndole zancadillas ¡qué cabrón está hecho! – Rieron los dos- decía, con lo bien que me cae la rubia, vaya toca huevos que le ha tocado se vecina, ya es pena.

-nunca me ha dicho nada.

-te lo digo yo, nos conocemos todos, todos sabemos la vida de todos.

-ya, es normal, que conste que si no he discutido con ella, es porque no quería líos, la última vez, se pasó demasiado.

-Marian, te agredió físicamente, eso no se puede consentir, ni ganas de discutir, ni nada, directa al juzgado, Manuel ahí tiene razón.

-sí, supongo que sí.

-me tienes que echar una mano.

-si puedo hacer algo…..

-sí, ¿Cuánto tiempo llevas viviendo en el pueblo?

-diez años.

-¡cómo pasa el tiempo! No, se si lo sabes, fui alcalde de este pueblo, durante diez y ocho años, lo dejé porque me quemé, pasó una legislatura con Patxi, ya le conoces, me he vuelto a presentar, porque no había nadie, medianamente preparado, va a ser la última, se lo he propuesto a Manuel, estoy seguro de que lo haría bien, es un buen gestor, es honrado, persona con valores, de las pocas que quedan hoy en día, lo digo de corazón, los que viene empujando no saben nada más que chillar, no hay nadie con experiencia que se presente en este momento, si se presenta él, la gente le va a votar, lo conocen y respetan, le va a ir bien, a él y al pueblo.

-no me ha comentado nada, no sabía nada.

-ahora se enfadará conmigo por contártelo, ya se le pasará. Convéncele.

-haré lo que pueda. Búscame el libro ese, ya no te molesto más, gracias por atenderme.

-aquí estoy para lo que necesites, encantado de haber hablado contigo.

-Agur, Miguel.

-aio, Marian.

¡Qué hombre más interesante!
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