viernes, 10 de junio de 2011

¿HEMOS CAMBIADO LOS PAPELES?


-¿Por qué no me lo has preguntado a mi? Miguel no sabe más que yo.

-ya, pero en el ayuntamiento, puede haber información. Me da miedo volver a casa sola, prohibido reírse.

-no me rio. Lo has pasado mal esta noche, solo ha sido una pesadilla.

-ha sido muy real. ¿Te pasa algo?

-no.

-Manuel, por favor, que ya nos conocemos, suéltalo, deja de hacerte el interesante. ¿He hecho algo que te haya molestado?

-sí, no hablar primero conmigo.

-lo siento, no pensé que te molestaría.

-¿qué vas a comer?

-ensalada, merluza a la plancha.

-si comieras como Dios manda, andarías mejor.

Está claro, hoy toca mal humor ¿por qué cuando está de mal humor, se mete conmigo?

-si tomases menos café también.

-tomo nota ¿algo más?

-no me vas a hacer ni puto caso, no sé ni para qué te lo digo. Hoy estás muy guapa.

Una de cal y otra de arena, vamos mejorando.

-es por ti ¿me quieres?

-no.

-que te den.

-más que a mi vida.

-no sé cómo  interpretar tu forma de mirarme, no sé si estás enfadado o preocupado.

-¿todavía no te has dado cuenta de lo que me pasa?

-no, dímelo tu.

-estoy celoso.

No pudo evitar reírse.

-lo siento, no tienes motivos.

-lo sé. Marca distancia con Miguel, desde que se ha separado, anda muy suelto, siempre ha estado muy pendiente de ti.

-ya, es un pueblo muy pequeño, todos estamos pendientes de todos, me ha contado algunas cosas.

-¿qué te ha contado ese cabrón?

-con lo bien que me cae la rubia, vaya vecina toca pelotas que le ha tocado, o algo así.

-es cierto, lo dije mil veces, has tenido mala suerte, llega a dar con otra, y se pegan, ¡vaya si ya ha pasado!

-¿te llevas muy bien con él verdad?

-siempre hemos tenido buena relación, buena gente, apártate un poco de él, sigue como hasta ahora, hola y adiós.

-¿hablas de mi con él?

-algunas veces, es lo suficientemente listo para saber que no te puede tirar los tejos, le parto la cara.

-siempre ha sido muy correcto conmigo, hoy es la primera vez que hablo con él, le veo todos los días.

-lo sé.

-¿hemos cambiado los papeles?

-eres preciosa.

-contesta.

-te he dicho ya muchas veces que soy muy celoso, no sé de qué te extrañas. ¿Pasamos la tarde juntos? No me apetece ir a trabajar.

-por mi encantada.

-¿nos vamos a casa?

-como quieras.

-¿te sentarás en el sofá conmigo?

-vele, ya veo que necesitas ración extra de besos, abrazos, mimos y demás arrumacos.

-sí, no soportaría perderte.

-¿por qué dices esas cosas?

-eres demasiado bonita, por dentro y por fuera.

-eso son tonterías tuyas, tú me ves con buenos ojos.

-yo y los demás, incluido Miguel.

-Miguel no me conoce para poder saber cómo soy.

-esas cosas se ven.

-Miguel y los demás, solo verán lo que yo quiera que sepan de mí.

-no te enfades, nena, ahora no, estoy de bajón.

-¡hay mi chiquirriquitín guapo! Vamos a casa ¿me dejas conducir tu coche?

-no estoy muy seguro, ¿por qué quieres hacerlo?

-¿tú me quieres? ¿Confías en mí?

-en el tema de coches, no lo tengo muy claro.

-cuando alguna aguja del coche se va hasta el rojo ¿eso es malo, verdad?

-¡madre de Dios! ¿Qué le ha pasado al coche?

-cuando se pone en rojo esa especie de olla hirviendo, bueno no será.

-¿le has pegado un calentón a mi coche? ¡Marian! ¡caguen la puta! ¿Se te ha parado? ¿Pero tú no sabes mirarle el agua al coche?

-siempre te encargas tu de esas cosas, chico, a mí que me cuentas.

-últimamente no he tenido tiempo, lo sabes, podías tener un poco más de cuidado. ¡Cojones! Encima pretenderá que le deje mi coche, esos despistes no los cubre la garantía, ni te acerques a él con el mando en la mano.

-¿a qué ya no estás de bajón?

-No, ahora estoy de mala hostia.

-¡bien!  Era lo que buscaba, aunque podías dejar de ser tan mal hablado cuando te cabreas.

-¡no me toques los cojones!

-ya lo he hecho y me ha salido bien. ¿Vamos a darnos un baño a la poza? En mi coche caliente, lo metemos en la poza para que se le bajen las calorías. A ver si consigo que tu chivato de temperatura se ponga al rojo vivo.

-¡la madre que la pario!

-bien a gusto se quedó, vamos o qué

-primero voy a mirar de arriba abajo tu coche, dame las llaves.

- de eso nada, guapo, me miras a mí de arriba abajo, estoy yo antes que el coche, que conmigo tampoco pasas mucho tiempo.

-¿se te ha encendido el chivato de la temperatura?

-de momento no, estoy bien hidratada, encárgate tu de que se encienda.

-¡qué susto me ha pegado la cabrona de ella!

-¡eh! De mi no hables así.
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