viernes, 15 de abril de 2011

VICENTA







Al entrar en el bar, se sintió incomoda con tanto ,alboroto ¿qué les pasa hoy a estas? Por las mañanas el bar era invadido por las mujeres, siempre había alboroto, los tres grupitos que se formaban todos los días, hoy estaban mezclados, era rarísimo, si algo había en ese pueblo, eran diferencias y a la hora del café quedaban bien patentes. Estaban las madres que llevaban a sus hijos a la ikastola, con sus modelitos, sus zapatos de tacón, sus poses ensayadas, las conversaciones giraban en torno a los hijos, me come, no me come. Las cuarentonas, cincuentonas, más cómodas vestidas, pero siguiendo a su manera la moda, con, lo que me pude reír ayer, no veáis qué cara me puso cuando le dije que me iba una semana fuera con las compañeras de trabajos manuales, se pasan el día chinchándonos y luego no saben estar solos, que se fastidie. Las mayores, que miran por encima del hombro a las demás, que poco saben de la vida, si nos escuchasen…. Marian se mantenía aparte de los tres grupos, saludaba a todo el mundo pero se quedaba en la barra, si estaba Luisa compartía el café con ella El bullicio de aquel era insoportable, le picó la curiosidad, ¿qué se traerán entre manos? Escuchó.


-hace falta ser sinvergüenza, la culpa la tiene el alcalde, ¿qué se habrá pensado que es? Encima no es ni nacida en el pueblo, ni ella ni su marido, le he dicho a mi hijo que haga un papel para que firmemos todas, hay que echarla del ayuntamiento. Esto no se puede consentir.


No hacía falta tener mucha imaginación para saber quién era la artífice de tanto revuelo, ¿qué habrá hecho para que estén todas tan enfadadas? Ya se sabía que la iba a liar, pero bueno, tampoco tiene tanto poder en el ayuntamiento como para liarla gorda, en fin, la que le viene encima por querer ir de protagonista.


Vio venir a Luisa, te espero fuera, hoy aquí no se puede ni hablar. Tardó un rato en salir, estará enterándose, bien, haber si me entero de algo.


-¿qué les pasa hoy?


-tu vecina que se ha pensado que es la dueña del pueblo, no sabe donde se ha metido.


-es verdad no la he visto dentro ¿qué ha hecho?


-nada, porque no la dejan, pero se debe pensar que hasta el alcalde tiene que seguir sus tonterías, dice que como gracias a ella, consiguieron organizar el grupo y por eso ganaron , parece ser que según ella eso le da más derecho que cualquiera.


-ya bueno, pero me parece demasiado el revuelo que se está organizando, con no hacerla caso, es suficiente.


-el problema es que se ha empeñado en salirse con la suya utilizando malas artes.Quiere que desaparezcan los bancos y los columpios que hay detrás de su casa, dice que son muy molestos.


-desde que la conozco se queja de ello, los niños del barrio tendrán que jugar en algún sitio.


-¿tú sabes algo de algún papel en el que ponga lo de que estás de acuerdo en que los quiten?


-no, no me hablo con ella, ya sé que tiene poca vergüenza, pero a mí no me ha enseñado nada, nadie me ha dicho nada.


-pues se supone que tu lo has firmado.


-¿cómo?


-lo que oyes, con tu número de carnet y todo.


-yo no he firmado nada, ¿de dónde ha sacado esta mis datos?


-del ayuntamiento.


-¡la madre que la parió! Ya dijo Manuel que nos iba a traer más de un lio.


-ya verás cuando se entere, la va a poner de vuelta y media.


-¿ha utilizado también su nombre?


-no, solo el tuyo, uno por cada familia.


Se fue a casa, nerviosa, con un sabor amargo en la boca, con la sensación de que no habiendo hecho nada que no debiera, ahora tenía que demostrar que era inocente, no tenía sentido, como siempre, pero así se sentía, era consciente de lo absurdo de sus miedos, eso es lo que ha cambiado, pero los miedos siguen ahí. Pensó en llamar a Manuel y contarle el chascarrillo, eso era más que un cotilleo, no, luego se lo cuento y más aún, sabiendo que se va a enfadar.


Salió al jardín con otro café y un cigarro, la angustia iba creciendo a la par que su ansiedad, escuchó gritos en la calle, subió a la terraza a mirar qué pasaba, los gritos iban en aumento, insultos y palabras mal sonantes llegaron hasta sus oídos, no es asunto mío prefiero no mirar, el volumen de los gritos la alteró más si cabe, se asomó. La innombrable, se pegaba con su vecina y encima justo a la altura de su casa. La violencia la asustaba, la amedrentaba, no soportaba la violencia física, tengo que separarlas, se recriminaba, pero no era capaz de bajar ¿no las ve nadie? Deseó gritarles. Pero de su boca no salió ningún sonido. Los gritos entraban directos en su cerebro, salió haciendo un gran esfuerzo de valentía, había que acabar con eso, la nueva vecina estaba en el suelo y era pateada por la otra, perdió el control de sus actos y su boca. Bajó como poseída, eso sí que no, por ahí no paso.


-Déjala en paz, no le pegues- dijo llorando y gritando a la vez. Sujetó a la agresora que la empujó y la tiró al suelo.


Se levantó fuera de sí, no podía consentir ver pegar a nadie. Alguien la sujetaba por los brazos.


-Marian, metete en casa. He llamado a los forales, ellos se encargaran.- Era Ramón quien la hablaba – ya entro contigo, vamos.


Dominó como pudo la rabia y las ganas de devolver la violencia con la que había sido tratada, si no hubiera intervenido Ramón hubiera sido capaz de pegarle, de destrozarle la cara, hija de puta. No podía parar quieta, Ramón había desaparecido de su vista, tengo que tranquilizarme, ya vale, es la primera vez que ante la violencia, actúo violentamente, esto no es normal, los recuerdos y la acidez de su boca hacían que no pudiera estarse quieta. ¿Dónde está Ramón? Salió al jardín, está hablando por teléfono, los gritos en la calle seguían. Ramón se acercó a ella.


-vamos a mi casa, Vicenta estará preocupada, ven.


Ante esa muestra de empatía su rabia desapareció, el llanto acudió a su garganta, lo retuvo, era ridículo.


Ramón le pasó el brazo por los hombros cuando salieron a la calle, ante esa muestra de amparo le costó aún más rechazar el llanto que acudía a ella sin ser invitado, no podía llorar en ese momento, tenía que reprimirlo, como tantos sentimientos contradictorios que acudían a su cabeza. Odiaba la violencia, no podía con ella, ante la violencia se asustaba, se ponía muy nerviosa, se amedrentaba y si podía salía huyendo, ahora había sido distinto, había abierto otra puerta, algo que ella siempre había sabido que estaba dentro de ella, sabía que si algún día lo dejaba salir, sería como la rabia, no iba a ser capaz de controlarlo, había deseado responder a la violencia de su vecina, si no hubiera sido por Ramón, se habría enzarzado con ella.


-me he dejado el teléfono en casa, quisiera llamar a Manuel.


-ya viene, Marian, ya le he llamado yo.


-gracias.


Imposible controlar el llanto, se sentía ridícula por ello, Vicenta ofreció su hombro, acarició su cabeza. Deseó abrazarse a ella, pero no se atrevió.


-¿te duele algo, Marian? –preguntaba Ramón.


-vete a dar una vuelta, déjanos tranquilas.


La acunó, acarició y besó su cabeza, la habló con palabras de consuelo, la mimó como si fuera una niña, lo era en ese momento. Necesitó meterse el dedo en la boca, no lo hizo, por vergüenza. El llanto fue cesando, en su cabeza sonaba una nana
Esta niña tiene sueño
                                                                   Y no se quiere dormir
Tiene un ojo cerrado
Y el otro no lo puede abrir
Lo, lo duérmete niña
Lo, lo ya me dormiré
Se quedó dormida.

 
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