miércoles, 20 de abril de 2011

¿VAMOS A LA CAMA?

-Mírame, Marian, no tienes nada de qué avergonzarte. Levanta la cabeza ¿quieres volver a la cama? Vamos los dos, yo te llevo.
La cogió en brazos, se dejó hacer, sin fuerzas para protestar. Sentir sus brazos le agradó, a gusto se hubiera agarrado a su cuello, pero no estaba segura de que fuera eso lo que realmente quería. La dejó en la cama, con tanta dulzura, la desnudó, la arropo con las sábanas, besó su mejilla y se acostó a su lado. Se acercó a él buscando sus brazos protectores, se sentía tan bien en sus brazos, había tanto amor en cada cosa que hacía.
-esto no es lo que quiero.- dijo de repente.
-¿qué es lo que no quieres, nena?
-quiero vivir, Manuel, quiero disfrutar de la vida contigo, eres lo mejor que me ha pasado en mi vida, no podemos seguir así.
-¿quieres levantarte?
-sí, quiero hacer planes contigo, quiero ver el brillo de tus ojos.
-¿ahora? Estoy tan a gusto que estaba a punto de dormirme, llevo muchas noches sin dormir bien, déjame dormir un rato, pesada, ahora me va y me dice que quiere levantarse. Has sonreído,¡ bien por mí!
-nos vamos a levantar ahora mismo.
-déjame dormir un rato.
-luego nos echamos una siesta, ve pensando dónde vas a llevarme a comer, tengo hambre.
-vamos a Igueldo.
-¿Igueldo? ¿Qué se nos ha perdido allí?
-comemos y luego bajamos a las rocas a darnos un baño.
-has hablado con mi hermana.
-no, ¿conoces el sitio?
-por supuesto, qué tontería, ¿seguro que tú no has hablado con mi hermana?
-que no, pesada, mis padres nos solían llevar de críos.
-igual que los míos, hace muchísimos años que no voy.
-y yo, hoy me he acordado y me ha parecido un sitio estupendo para ir.
-a escondernos, dilo.
-para ir y estar tranquilos, poder hablar, Marian.
Por fin fue capaz de mirarle a los ojos, se quedó prendada, del amor que había en ellos, del apoyo incondicional, entró directa a su cerebro, se fortaleció con su fuerza, con su amor. Correspondió a su sonrisa.
-te quiero- dijo acariciando su mejilla.
-ya ha vuelto mi cachorrita.
-no llores, me vas a hacer llorar a mí.
-si vieras lo que yo veo en tus ojos, déjame que te quiera, que te ayude, tu sí que eres lo mejor que he tenido en mi vida, nena, sin ti no soy nada, contigo he conocido el amor, la ilusión de levantarme por las mañanas para ver tu sonrisa de buenos días, he conocido el sentido de un abrazo, tener a mi lado alguien que lo da todo por mí, estoy deseando llegar a casa, porque sé que me estas esperando y estoy deseando verte. Déjame que te quiera, quiero compartirlo todo contigo, no solo la risa, también el llanto, déjame que sea yo el que te dé, lo mismo que recibo de ti. Déjate querer, nena, con todo lo que conlleva, lo bueno y lo malo, lo quiero todo, te quiero a ti. Eso es lo que quiero que veas cuando me miras. Ahora, nena, si que nos vamos a levantar, tenemos que hablar, no quieras excluirme de tus cosas, vamos a ir a un sitio tranquilo y bonito, que casualidades de la vida, conocemos los dos, ¿te das cuenta? ¿Lo has pensado? Otra oportunidad que se nos escapó de conocernos.
-ya.
-sonríele a la vida, es bonita, los dos juntos podemos con todo, coge mi mano, cariño.
-vale, pero no me agobies mucho.
-no hemos empezado y ya estás poniendo resistencia, hemos hablado ya muchas veces, de experiencias muy duras para ti, déjate llevar por las palabras, sin censurar nada de lo que llegue a tu boca, suéltalo y punto. Nos vamos a relajar, vístete, venga remolona, sal de cama ahora mismo o te saco.
-ya voy.
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