martes, 19 de abril de 2011

SI ERES MALA, LO MEJOR UNA BUENA PALIZA, ¿NO?

-Hola.
-hola, Marian.
-¿qué tal?
-igual que hace diez días.
-¿te importa darme el agua para que pueda ducharme?
-ya está. ¿Vas a tardar mucho?
-media hora.
-voy al pueblo  a tomar una cerveza y vuelvo.
Está enfadado, no le falta razón, contenta tengo que estar con que haya vuelto. No puedo seguir haciendo estas cosas, lo voy a perder. No puedo seguir encerrándome  en  mi misma de esta manera, se va a hartar. Ahora tampoco tengo claro que tenga ganas de verle, pero ni quiero que desaparezca, no quiero perderle, aunque ahora me siente fría respecto a él, se que le quiero, no puedo seguir haciendo una y otra vez las mismas cosas. Soy como el perro del hortelano, ni como ni dejo comer, lo voy a perder como no deje de hacer estas cosas.
Terminó de arreglarse y salió al porche a esperarle, los cinco minutos de más que le hizo esperar, se le hicieron eternos.
Lo está haciendo queriendo, me parece que esta vez no me lo va a poner tan fácil, va a costar volver a la normalidad, me lo merezco, por imbécil.
Lo observó mientras se ha cercaba, venia con las manos en los bolsillos, con paso lento, casi cabizbajo.
¡dios que daño le estoy haciendo! Tengo que darle la vuelta a esto como sea, ahora voy a ser yo, la que va a tirar de la relación. Esperará que sea como las otras veces, que me cuesta reaccionar, esta vez no, voy a obligarme, aunque no lo sienta en este momento voy a demostrarle que le quiero, que no puedo vivir sin él, que lo es todo para mí. Tengo que disculparme, no me estoy portando bien con él.
-¡hola guapo!
Se sentó a su lado sin contestar y sin mirarla a la cara.
-te he echado de menos estos días.
-me alegro.
-lo siento.
-esta vez ha ido mejor.
-¿a si?
-a durado menos, ahora mismo estás mejor que otras veces.
-ya. Mírame.
La visión de esos ojos tan tristes, la partía por la mitad, se sintió miserable, se odió a sí misma. No era la primera vez que pasaba, otras veces había salido corriendo para no verle así, pero esta vez no, iba a asumir su culpa.
-te estoy haciendo daño. Lo siento.
-no, cariño, te  lo haces a ti, a mi me duele, verte sufrir.
-ya.
-¿cómo cambia la cuestión verdad?
-no sé qué me quieres decir,
- si el daño me lo haces a mí, lo normal ¿verdad? Encaja perfectamente en tu culpa, otra losa encima y resuelto, es fácil. Pero si el daño te lo haces a ti, qué más da, ¿no es lo que tú te mereces? Una buena paliza como castigo, por ejemplo, luego te escondes, para que nadie sepa, que eres mala, que esa paliza te la has merecido.
-¡VALE!
-sé que es inconsciente, que no lo puedes evitar. Por eso este es el mejor momento para hablarlo, Marian, escúchame, cariño, tienes que ayudarme, yo solo no puedo, coge mi mano, habla conmigo. ¿Por qué te aguantas las ganas de llorar?
Entró en casa, esto no era lo que ella había planeado, su cabeza la había preparado para un encuentro bonito, no para esto. Ella quería pedir perdón y ser perdonada. Volvía la vergüenza, la humillación, el no atreverse a mirarle a los ojos, si pudiera, se haría pequeñita hasta conseguir desaparecer, conseguir no ser nada, que nadie reparase en ella, dejar de existir para los demás. Volver a meterse en la cama y no levantarse hasta que hubiera pasado, hasta dejar de sentirse basura, volver a parar el cerebro, para que dejase de mortificarla. Se sentó en una banqueta de la cocina, completamente hundida, sin fuerzas para nada, ni para irse a la cama, si tuviera el valor acabaría con todo, pero no lo tengo.
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