lunes, 18 de abril de 2011

DONDE ESTAS

Pasó una semana con la sensación de que estaba rodeada de sangre. Llegaba a olerla, en sus sueños  llegaba a sentir su sabor. Sabía que todo acabaría recurriendo a somníferos, pero en esa casa no había, a Manuel ni se molestaba en recurrir, ya sabía la respuesta, salir a la calle, estaba fuera de toda alternativa, la sola idea de encontrarse con alguien y que la vieran en ese estado, la horrorizaba, no tenía fuerzas para dar explicaciones, además estaría en boca de todo el mundo.
Casi no vio a Manuel en toda la semana, se acostaba con ella a las noches y poco más, todas las mañanas cuando se levantaba se encontraba el desayuno preparado,  en la nevera comida preparada que no se molestaba en tocar, se limitaba a tomar café con galletas, cuando su estómago la molestaba,  la necesidad de ducharse varias veces al día y dormir, eran las únicas necesidades de su cuerpo. Cuando estaba despierta se tumbaba en el sofá mirando al techo,  sin pensar en nada, lo había conseguido, su cerebro ya no le mandaba pensamientos, ni sentía ni padecía, lo que no consiguió quitarse era la sensación de estar rodeada de sangre, movía los dedos percibiendo su viscosidad , su olor. Ya llegará, solo necesito un poco más de tiempo.
Al octavo día Manuel no apareció ni a dormir, no consiguió pegar ojo en toda la noche, echaba de menos su presencia, aunque lo ignorase, aunque no le hablase, aunque no se acercase a él en la cama, necesitaba saber que estaba ahí, esperándola, como siempre. Pasó el día esperándole, pasó otro día esperando, nada, no apareció. Normal, se habrá cansado, ya sabía yo que algún día pasaría, es normal, no hay ser humano que aguante esto. Debería irme a mi casa, pero está Joxetxo, allí tampoco pinto nada, no sé qué hacer, ni a donde ir, podía irme fuera, coger el coche y desaparecer, no tengo a quien recurrir, vuelvo a estar completamente sola otra vez, al fin y al cavo es lo que siempre he querido, la relación se ha mantenido por él, por su insistencia, pero ya ha dejado de hacerlo, se ha cansado, normal. Mejor que me vaya, ya me olvidará si no lo ha hecho ya. Revolvió toda la casa buscando el bolso, pero no lo encontró, pues si que estamos bien, en el bolso están mis cosas. Se cansó de buscar,  fue a prepararse un café, no quedaba mucho, pero suficiente, los nervios empezaron cuando se dio cuenta de que ya no había galletas, claro, es normal, es él el que se encarga de traérmelas, si no viene….. ¿Qué puedo hacer?, necesito comer algo, buscó y rebuscó, tiene que haber algo que pueda mojar en el café, no encontró nada, había comida, pero no le apetecía comer nada que no fuera café con algo. En algún momento tiene que venir Itziar, ahora que me doy cuenta no la he visto en toda la semana, igual ha venido y no me he enterado, desde luego no la he visto, no sé qué día es hoy, no sé si hoy le toca venir. ¡Joder! qué desastre, sería tonto morirse de hambre habiendo comida en casa. Si le tocase venir hoy, ya habría venido, son las doce, hoy no viene. Me voy a dar una ducha mientras me mentalizo que tengo que comer otra cosa. No había agua. ¡Joder! ¿Todo se va a poner en mi contra? ¿No habremos pagado el agua? ¿Te cortan el agua por falta de pago? Será algún corte tonto, alguna avería, ya vendrá. ¿Ahora qué hago?
La otra vez que me aislé de todo el mundo, no me faltó de nada, Manuel se encargó de ello, entraba en mi casa sin que yo me enterase, me traía galletas, apagaba las teles que me iba dejando encendidas por todos los lados, yo no me daba ni cuenta, la cantidad de cosas que hizo, pero yo no me enteraba, mira, ahora que ha desaparecido, no tengo qué comer, no me puedo duchar, no encuentro el bolso. La otra vez, salí de su casa solo con las llaves de mi casa, el bolso apareció en mi casa y encima con un montón de dinero,  el móvil, pero qué imbécil soy, la otra vez fue quitándome pastillas hasta que me obligó a salir a por más. No pudo evitar reírse, ahora está haciendo justamente lo contrario, madre mía, tengo que llamarle, ya tenía que haberle llamado. El primer día que no apareció, ya lo tenía que haber hecho, ¡pava! El móvil está en el bolso, que no encuentro. Pues vaya, teléfono fijo no tenemos, pero internet sí. Me parece un poco tonto, pero le voy a mandar un email, en algún momento lo leerá.
Encendió el ordenador, le salió una ventanita que decía “Manuel dice hola”
-hola –contestó riendo.
-¿qué haces?
-tengo hambre, ya no me quedan galletas.
-jjajjjajaj.
-¿me vas a traer más galletas?
-te has comido todas las que había en la tienda.
-tengo hambre.
-ya tienes comida.
-no me apetece nada de lo que hay.
-mucho hambre no tendrás. No te quedan más alternativas,  sales o comes lo que hay en casa.
-no puedo ir a comprar, no encuentro el bolso, en casa que yo sepa no hay dinero.
-¡vaya! qué faena.
-¿no sabrás tu donde está?
-quizá.
-necesito dinero.
-pásate por el banco, ya te conocen.
-está claro que voy a tener que buscarme la vida.
-no sé porqué, con la comida que tienes en casa podías pasarte otra semana encerrada.
-¿y si comemos juntos?
-eso  me gusta más.
-solo hay un problema, no me puedo duchar.
-vaya faena.
-¿sabes tú algo del tema?
-has mirado la llave de paso.
-sí, está bien.
-a lo mejor es que has terminado con el agua del pantano.
-jajajaja.
-¿voy a buscarte?
-no pienso salir, comemos en casa.
-entonces no voy.
-por favor.
-no, Marian, ya está bien, no tienes motivos para esconderte.
-por favor.
-menos mal que no te estoy viendo la cara, si no ya me habrías convencido. No, si quieres que comamos juntos, sal.
- salimos del pueblo.
-vale. ¿Quieres que te lleve un pasamontañas?
-no me vaciles. Necesito ducharme.
-voy para allá.
-vale, no sé ni cómo me aguantas.
-porque te quiero, nena.
-gracias.
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