domingo, 10 de abril de 2011

¿CUANDO SE IRA A TRABAJAR?

-¿vamos a dar una vuelta?
-no me apetece, no me encuentro bien, me duele la cabeza.
-¿has tomado algo?
-no, ya pasará.
-te voy a traer ahora mismo algo para tomar con un café.
-déjalo estar, pasará solo.
-a ti nunca te duele la cabeza, no es normal, ahora que te miro mejor, creo que tienes fiebre, esos ojillos son de fiebre.
Le puso la mano en la frente, le pareció que ardía. No es que pudiera tener unas décimas, no, por lo menos cincuenta grados. Salió disparada a por el termómetro, nerviosita perdida.
Miró donde debía de estar, pero no lo encontró, registró todos los armarios, nada. ¡Por Dios! Pero si no lo utilizo nunca, no me acuerdo la última vez que lo utilicé ¿no lo dejaría en su sitio? Eso me pasa por ser tan desordenada, ahora no encuentro nada ¡desastre! Registró todos los armarios de arriba abajo, movió todo lo movible, abrió todo tipo de cajas, amplió su búsqueda a toda la casa, sacó cajones de su sitio, movió ropa, miró hasta debajo de la cama, nada, fue imposible, no aparecía por ningún lado. Desesperada regresó a la sala, Manuel estaba con los ojos cerrados, las sirenas alucinógenas de su cabeza, comenzaron a sonar.
-¡cariño! ¿Este muy mal?
-solo me duele la cabeza, ¿las pastilla y el café?
-¿no habrás utilizado tu el termómetro para algo?
-está en el baño, la última vez que te dio por ordenar lo dejaste, en el baño, te estás poniendo nerviosa, sin motivo.
-tu tranquilo, ahora me acuerdo, ya sé donde está.
¿Cómo no se me ha ocurrido a mí mirar en el baño? ¡Qué tontería por Dios! Cuando me pongo nerviosa soy incapaz de pensar con lógica. Es el único sitio donde no he mirado. En fin ¿qué le vamos a hacer? Ya no tengo remedio. Contenta con el hallazgo, regresó a la sala, Manuel volvía a estar con los ojos cerrados, le puso el termómetro, sin atreverse a moverse hasta que escuchó el pitido del aparato.
-tienes treinta y ocho, mucha fiebre, tu nunca te pones malo, ¿qué síntomas tienes?
-solo me duele la cabeza, tranquila que de momento no tengo pensado palmarla.
-no hagas bromas con esas cosas, voy a llamar al médico ahora mismo.
-pide una ambulancia mecanizada. Mientras viene, un café con una aspirina me vendrían bien.
-¿porqué no me has dicho antes que te sentías mal? ¡Estas tonto o qué!
-Marian, siéntate un momento, para ya, si mañana sigo mal, ya iré al médico, de momento cuídame pero sin ponerte histérica, al poder ser.
-lo intentaré, pero no te prometo nada, no cierres los ojos, me pongo muy nerviosa, ojos abiertos en todo momento.
-tráeme un café, anda. Estaré atento para que no me pilles con los ojos cerrados.
-no me tomes el pelo, si quieres dormirte un rato vale, pero con los ojos abiertos, aprende a hacerlo. Voy a llamar a Fermín.
-para qué…..
-para decirle que no vamos, había quedado con Luisa.
Qué Dios te pille confesada, la que se te viene encima, maja, mañana vas a tener ganas de estrangularle, tómatelo con calma, le dijo Luisa, es el peor enfermo que he conocido.
No, hombre, si lo que yo quiero es cuidarle, ¡pobre! No digas esas cosas, conmigo siempre tiene mucha paciencia. Ya me lo contaras , contestó Luisa.
Pasó la noche pendiente de él, que no le faltara de nada, bien atendido, hasta le permitió cerrar los ojos, todo un logro, la que no durmió fue ella, alguna cabezadita que otra , pero poco.
Fueron al médico, la fiebre no remitía, incluso iba a más. Toda la mañana de aquí para allá, haciendo pruebas. Neumonía.
-dame el paquete de tabaco que tienes escondido, que no digo nada, pero no me engañas, y los puritos también.
-los cojones, tu también fumas a escondidas, que tampoco digo nada, pero ya me doy cuenta.
-tu tranquilito que ya lo encontraré. No me voy a separar de ti en toda la semana, haber si tienes huevos de fumar delante de mí.
-no provoques nena, que a cojones no me gana nadie.
Los dos primeros días fueron llevaderos, un poco pesadito, pero bueno, se aguantaba bien.
Al tercer día salió temprano, a comprar algo, a darse una vueltilla, pequeñita, dos días en casa casi sin salir, iba siendo mucho, un poco de aire y un café en el bar, le sentarían bien.¡ja!
No había llegado al pueblo, y el teléfono sonando.
-¿Dónde andas? Te llamo y no me contestas.
-tengo que hacer algo de compra, no tardo nada, creía que dormías, enseguida voy.
-vale.
Diez minutos más tarde.
-¿no estas tardando mucho?
-me estoy tomando un café , ya voy, tranquilo.
-qué pasa con mi desayuno.
-ya voy saliendo.
Desayuno de lujo, zumito, como a él le gusta, cafecito, cruasán a la plancha, como le gusta al señor, con mermelada y todo, periódico, el antibiótico, analgésico, un beso.
-has fumado, hueles a tabaco.
-será cosa del bar, no he fumado.
-échame el aliento.
-que te lo has creído tu. Desayuna.
-el café quema, le has puesto demasiada mermelada al cruasán ¿cómo quieres que lea el periódico en la cama?
-desayuna y levántate un rato, no tienes por qué estar en la cama.
-me duele todo.
-normal, es lo que tiene la neumonía. Desayuna.
No ha llegado a la cocina
-¡MARIAN…..!
-¡QUE!
-CUANDO VENGAS TRAEME AGUA.
Cuando vaya, igual tardo un poco. A lo mejor sí que fumo, un cigarrito en la ventana, si salgo al jardín capaz de asomarse y verme. Justo apagar el cigarro, y Manuel en la cocina.
-¿estás mejor? Ya vas teniendo menos fiebre.
-si te  ocupases de mi, se me pasaría antes. Tú estás fumando.
-que no, pesado, ahora te iba a llevar el agua, estate un rato levantado.
-voy un rato al sofá ¿me vas a llevar el agua?
Y digo yo, si está en la cocina ¿porqué no la coge él?.
-ve, que ahora te la llevo, guapo.
Pero qué cara de mala leche que tiene, mañana me voy a trabajar un rato, para que me eche de menos.
-¡MARIAN!
-¡QUE!
-¿PARA QUE HAS COMPRADO EL PERIODICO? ¡TRAEMELO!
No pienso aguantarle así todo el día, lo lleva claro, me va a borrar el nombre.
-¡MARIAN!
-¡QUE! Coño.
-tráeme una manta, aquí hace frio.
La mantita para el niño.
-esta no, es la de invierno, no es para tanto, ¿no ves que tengo fiebre?
Qué mal vamos a acabar.
-si te parece bien, voy a subir a hacer la habitación ahora que te has levantado.
-para eso está Itziar.
-ya, pero hoy no viene.
-vale.
-¡MARIAN!
Joder, me voy a hacer la tonta, me he quedado sorda.
-¡MARIAN………….!
-¡QUÉ COÑO!
-¿porqué me contestas así?
-¡qué quieres?
-¿has terminado ya?
-PERO SI HACE DOS MINUTOS QUE HE SUBIDO, NO SOY UNA MAQUINA.
-vale. Tranquila, tú a lo tuyo, como siempre.
Voy a limpiar hasta los cristales, voy a dejar la habitación impoluta, que ya está, pero da lo mismo, igual cambio la cama de sitio, si, no vendría mal un cambio. Podía lavar las cortinas, no es que les haga falta, pero una lavadita les vendrá bien. Lleva mucho rato sin llamar, haber si le va a pasar algo, cuando está muy mal, no incordia.
Estaba dormido en el sofá. Qué guapo es, con carucha y todo. Estuvo tentada de taparle, no, déjalo, haber si se va a despertar. Otro cigarrito, este en el jardín, sentada como una señorona con cafelito y todo. ¿Y si le sube la fiebre y no me doy cuenta? No es normal que se haya dormido ahora, si ya está mejor. Volvió a la sala de puntillas, para no molestar, estará bien, son paranoillas mías, creo que está a gusto, con lo bien que está así, todo callado, ¡cómo le gusta hablar! No calla. Voy a hacer la comida, para que tenga algo que criticarme, ni me voy a esmerar ¿para qué? Le va a sacar mil pegas.
No quería, pero no hacía más que ir a mirar, respira, no tiene tan mala cara, ¿porqué no se despierta ya? No va a dormir a la noche, pero yo sí, no voy a permitirle que me incordie. Es mejor que lo despierte, la comida ya está.
-cariño, ¿estás bien?
-dolorido, no me puedo ni mover, ¿has fumado?
-estás obsesionado con el tabaco, que no, no seas pesado. Vaya vicio tienes. Ya está la comida.
Sigue con cara de pocos amigos ¿si le echo un somnífero en la comida? Para que duerma a gustito.
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