lunes, 11 de abril de 2011

¡Ay ama!


-¿todo bien, Marian?
-sin más.
-¿por qué estás tan seria?
-he tenido una llamada preocupante. Me han llamado del juzgado, preguntando por ti, me han dado un número para que llames.
-¿porqué no les has dado mi numero?
-no sé, ¿qué será?
-no tengo ni idea, Fermín se encargará.
-no me gustan nada estas cosas.
-a nadie le gustan, pero hay que irarlas de frente y solucionarlo,
-ya.
-pasa página, nena, hasta mañana no vamos a saber de qué se trata, no vamos a darle vueltas ahora.
-vale, vienen malos tiempos.
-nena, esa frase pareces sacada de un culebrón o de un anciano de ciento veinte años. Cambia esa cara, no vas a pasar por lo mismo, para empezar, han preguntado por mí, es mi problema, no lo hagas tuyo, simplemente estate a mi lado, es fácil. Échame una sonrisa.
Hizo una mueca.
-chica, esfuérzate un poco, para empezar como algo como Dios manda, estás mustia, con tanto verde.
-la verdad es que no tengo ganas ni de comer.
-¿quieres que compartamos el plato? A ti te gusta comerte mi comida..
Sonrió con ganas
-así me gusta, ¿nos vamos por ahí? No tengo nada especial que hacer esta tarde, podíamos aprovechar. Me gustaría darte la chapa esta tarde.
-¿porqué dices esas cosas?
-a ti te gusta estar sola, eres una solitaria empedernida.
-te equivocas, me gusta estar contigo.
-solo a veces.
-los mejores momentos de mi vida han sido contigo.
-no pensabas eso la semana pasada.
-no me habías advertido, yo que he puesto, todo mi cariño, mi amor en cuidarte, mimarte. He estado a punto de estrangularte, de ahogarte con la almohada, de echarte somníferos en la comida, llenar la bañera y ahogarte en ella, pasarme por el registro y cambiarme de nombre, quemar la comida, solo para fastidiarte.
Manuel se reía a carcajadas.
-¡vaya semanita que me has dado!
-¿pensabas esas cosas?
-¡si! Y más, que te enteres.
-me has aguantado toda la semana, casi no has salido de casa. ¿Por qué te pone tan nerviosa verme con los ojos cerrados?
-Ni idea.
-¿porqué cojones te empeñabas en despertarme? Pero si estabas mejor así, podías fumar y todo a tus anchas.
-ya está con el tabaco, que no fumo. No puedo verte mal, tenías que haberte dado unos días más.
-no aguanto tres días seguidos sin salir, he aguantado una semana, porque tú estabas conmigo.
-si, si, ya puedes hacerme la pelota.¡ desagradable! Aprende a dormir con los ojos medio abiertos, no seas tan normal.
-¿como tú? Que duermes con los ojos entreabiertos, no es por nada, pero da cosa.
-a mi hermana le daba miedo.
-no me extraña, eres un rato rara, nena.
-me estoy acordando de mi madre, hacia lo mismo.
-háblame de ella, lo único que cuentas de ella, es a partir de que murió, esas conversaciones que dices que tienes.
-no me apetece hablar de eso ahora.
-ha salido, por algo será.
-no sé por dónde empezar.
-una palabra.
-amor, será el que no me dio, solo que ahora tengo dudas, yo creo que lo hizo lo mejor que supo, no es justo, vivió en mal momento, se que le pasaron muchas cosas y encima le tocó hacer de mala. ¿Por qué ahora ciento que si me quiso? Cuando en vida nunca sentí su cariño. Es extraño. La culpé a ella de todo, la odiaba, me avergonzaba de ella, ahora me doy cuenta. Cuando hablamos de ella, mis hermanas si hablan de ella con cariño, y la mala leche que tenia, vaya genio, la única que no recuerda su cariño, soy yo. ¡Qué pasada! Tuvo sus cosas, pero nos quiso, ya no tengo duda ¡AY AMA! ¿He sido yo la que no he sabido hacer las cosas bien? O ¿fue ella, la que no supo qué hacer con una niña… no sé como definirme.
-con problemas.
-tampoco es eso
-si, no te sientas mal por ello, deshazte de tu culpa, fuiste la víctima, pero tienes que reconocer que tu madre evitó más abusos.
-si, quizá no lo hizo de la mejor manera, pero es verdad, fue ella la que acabó con eso, lo hizo lo mejor que supo, el problema es que no se puso en mi lugar, nunca pensó lo que podía pasar por mi cabecita. No sé porqué, me acabo de quitar un peso de encima.
-acabas de desmontar otro ladrillo, de ese muro que tanto te pesa.
-si , casi la estoy oyendo darme las gracias porque por fin me he dado cuenta de lo que pasó. ¿Sabes que te quiero? ¿De qué te ríes?
-de tu cambio de expresión, estas serena, casi te diría que feliz.
Afirmó con la cabeza.
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