jueves, 17 de marzo de 2011

¿POR QUE?


             Sobre su cabeza se alborotaba una tormenta, con sus truenos, relámpagos, hasta granizo, podía sentir el golpeo del hielo sobre su cabeza, ¿porqué siempre la misma duda? Los mismos miedos ¿y si era verdad? En Manuel siempre había habido algo que la desconcertaba, era demasiado bueno con ella, seguro que algo oculta, no es normal, no es real. Es muy listo, yo no estoy acostumbrada a que me traten tan bien, con tanto amor ¿qué habrá detrás de todo esto? ¿Qué estará haciendo ahora? Si me está ocultando algo tengo que saberlo, no voy a mirar para otro lado, esta vez no.
Sin pensárselo dos veces, fue al hotel, donde Manuel estaba, Ventas II. Por el camino su cabeza la preparó para encontrarse cualquier historia que él pudiera estar ocultando, no iba a permitir nada, estaba poniendo mucho en esta relación, si estaba jugando con ella, lo iba a descubrir de inmediato.
Entró en el hotel y fue directa a la oficina, abrió la puerta sin llamar, esperando pillarle con alguien….
Manuel estaba reunido ¿un proveedor? Cruzó un momento la mirada con su marido, que la miraba desconcertado, bajó la cabeza avergonzada.
-Julián, mi mujer, Marian –la presento.
-perdón no sabía que estabas reunido, luego vuelvo.
-ya hemos terminado, solo estábamos charlando- dijo el aludido.
Mientras charlaban le dio un repaso a la oficina, impoluta, ni una mota de polvo, todo perfectamente ordenado, ¿los cajones también los tendrá tan ordenados? Buscó una escusa para abrir alguno, pero su cabeza en ese momento no funcionaba con normalidad, realmente no necesitaba una excusa para mirar, pero en ese momento no le pareció correcto, sobre el escritorio tenía una foto suya, horrorosa, ¿porqué no pondrá otra? Vaya careto que tengo ahí, la voy a cambiar, me sacaré una de estudio, si hace falta le meto fotosop, esa foto tiene que desaparecer de ahí.
Estuvo tentada de irse, pongo una tonta escusa y a correr, tampoco le pareció correcto ¿qué iba a pensar Julián? Se estaban despidiendo, ¿qué le digo yo ahora? Me está mirando con cara de enfado, qué mal rollo.
-¿a qué se debe tu visita?- le preguntó sin miramientos una vez que se quedaron solos.
-solo he venido verte ¿no puedo?
-¿qué es lo que pasa Marian?
-no pasa nada, tranquilo que ya me voy, no quería molestarte.
-no te vayas sin decirme por qué te has presentado de esta manera.
-quiero que quites esa foto de ahí, no me gusta.
-a mi sí, no la pienso quitar. Mírame a la cara cuando me hables.
-me voy, ya veo que no estás de buen humor.
-manda huevos, no te vayas sin hablar primero, lo hablamos lo zanjamos, hasta la siguiente. Siempre vas a buscar motivos para desconfiar de mí.
-¿porqué me hablas así?
-porque me duele tu actitud.
-lo siento.
-tú lo siento en este momento significa déjame en paz.
-¿qué quieres que te diga?
-los motivos por los que te has presentado se esta manera, se sincera.
-no me hables en ese tono, no soy ningún empleado tuyo, a mi me tratas bien.
-¿te trato yo mal?
-no
-habla
-no tengo nada de qué hablar, me voy, al mediodía nos vemos.
Se fue. Con la moral por los suelos, sintiéndose culpable, miserable, con ganas de llorar, de estrellar el coche contra cualquier cosa. Lo que más la hundía era que tenía razón, siempre había algún motivo para desconfiar, para que su cabeza inventase historias, ¿cómo le explico los motivos reales? ¿Qué le digo? ¿Que su hija le ha llamado hijo puta? ¿Porqué desde que estoy con él actúo de esta manera? No sé qué es lo que me pasa, con Oscar, las cosas no hubieran ido así, me hubiera callado, me lo hubiera comido, me hubiera enfadado por cualquier bobada, dos o tres días sin hablarnos, hubiera mirado para otro lado, pero es que ya no quiero hacer eso, no quiero mirar para otro lado, quiero saber la verdad, la cuestión es si hay alguna verdad que averiguar, antes hubiera hecho cualquier cosa antes de dejar constancia de mis celos o mis miedos, ¿porqué ahora no puedo controlarlo? ¿Dónde está el punto medio de las cosas? ¿Y de los sentimientos? He hecho que se enfade conmigo, al mediodía hablo con él. Con Oscar nunca hubiera hablado de eso ¿porqué me acuerdo yo ahora de Oscar? Hace mucho que no voy al cementerio, igual debería de ir ¡qué tontería! ¿Para qué? Hacía mucho que no pensaba en él, lo voy a desterrar ahora mismo de mis pensamientos, no tengo porqué comparar mi relación de ahora con la que tuve con él, son dos personas completamente distintas, aunque me cueste reconocerlo, lo que yo he vivido con Manuel, no lo viví con Oscar en los treinta años que estuve con él. Fuera Oscar de mi cabeza.
El teléfono empezó a sonar, deseó que fuera Manuel, no hubo suerte, era su hermana, no tengo ganas de hablar ahora con ella, ya le llamare. Entró en casa casi de putillas, para no ver a Nekane, no le apetecía ir a trabajar, subió directa al desván, su escondite dentro de la casa, no estaba para nada, intentó dibujar algo, pero no, hoy no. Registró el secreter, hacia mucho que no lo hacía, Manuel alguna vez le había dejado cositas para que las encontrara, tengo que hablar con él, ¿porqué seré tan tonta? Me complico yo sola la vida, ¡qué pena! ¿Por qué no seré capaz de llevar una vida normal? Sin tantos altibajos, se lo avisé cuando empezamos la relación, no estoy bien, llevo demasiado lastre sobre mis hombros, no sé cómo deshacerme de él. El teléfono volvía a sonar, que sea él, por favor, era su hermana de nuevo ¡qué pesada! No tengo ganas de hablar con ella ¿para qué le daría el teléfono? Con lo tranquila que estaba cuando nadie sabía mi numero.
Salió de casa asqueada, parecía que el reloj se había detenido, se dio una vuelta por el pueblo pendiente del teléfono y del reloj, que volvió a sonar, otra vez su hermana. ¿Pero no se dará por aludida? Cambiaré de teléfono, mañana mismo. Llegó el mediodía sin la llamada de todos los días, avisándole para que no se despistase, da lo mismo, irá a comer, voy para allá. Tras una espera de una hora, aburrida, con la moral por los pies y sin comer volvió al pueblo. Paró en el bar a tomar un pincho y un café, hambre no había, pero tampoco le apetecía irse a casa. En ello estaba cuando vio pasar el coche. Le llamó.
-¿podemos hablar?
-yo siempre estoy dispuesto a hablar contigo. ¿Dónde estás?
-en el bar, te acabo de ver pasar.
-ya voy.
-¡hola guapo!- dijo cuando lo tuvo delante
-qué hay- saludó muy serio.
-¿has comido?
-si
-¿Qué tal la mañana?
-como siempre.
-¿sigues enfadado?
-no hemos resuelto nada, habla
-aquí no.
-chorradas, hablamos o me voy a trabajar, tengo cosas que hacer.
-vete.

            
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