viernes, 4 de marzo de 2011

NECESITO TUS MIMOS. PERO QUE NO SE ENTERE NADIE

-cuéntanos algo de ti.
-poco hay que contar.
-¿qué significa Gema en tu vida?
-Es la única que se ha preocupado por mí.
-¿vives con ella?
-nunca he vivido en su casa.
-¿Dónde has vivido?
-Desde que tengo uso de razón, mi vida a transcurrido entre casa de acogida y colegios.
-es raro, que no te hayan adoptado.
-eso no lo sé ¿qué más da?
-¿sabias que tenias un padre?
-si,
-nunca has intentado buscarle.
-según tía Gema, era mejor que no
-¿porqué ahora si?
-no lo sé, son cosas de ella.
-Gema y yo tenemos una conversación pendiente- Manuel intervenía por primera vez.
-¿recuerdas algo de tu madre?
-muy poco, recuerdo una mujer que venía a verme, no recuerdo su cara.
-¿no vivías con ella?
-no, que yo sepa no. ¿Tu porqué no has querido sabes nada de mí?
-Me he enterado hoy de tu existencia. Nadie me había dicho nada. No entiendo que pinta Gema en todo esto.
-tía Gema siempre me ha dicho que sabias de mi.
-pues miente –dijo enfadado.
-Manuel………..
-las mentiras que le habrán contado, me estoy poniendo de mala hostia.
-así no solucionamos nada, Manuel, vamos a dejar el mal genio, para otro momento. Está muy dolido, es una larga historia.
-tengo derecho a saber la verdad, se que tenía un hermano.
Le cambió la cara a Manuel, ¡Cuánto dolor había!
-¿te acuerda de él?
-un poco, estábamos en el mismo colegio.
Manuel encendió un cigarro.
-¿me das uno?
Le pasó el paquete, Marian también se sirvió. Se le estaba haciendo muy difícil la conversación, estaba pareciendo un interrogatorio. Igual es mejor que los deje solos, me fumo el cigarro y me voy a la cama.
-os dejo, estoy cansada, voy a acostarme.
-yo también estoy muy cansada, me retiro – dijo Nekane, un poco aliviada por la oportunidad de irse, o eso le pareció a Marian.
-buenas noches- contestaron los dos a la vez
-¿una copa a medias, nena?
-son las tres de la mañana, vamos a la cama.
-luego, siéntate a mi lado, vamos a charlar un rato, ha sido un día muy largo.
-si, nos vendrá bien relajarnos antes de irnos a la cama.
-saca esa copa, cachorrita- dijo guiñándole el ojo.
-mmmm, me parece que ya se lo que tú quieres.
-estar contigo, a partir de ahí lo que caiga, estará bien. Sería una bonita forma de acabar este puto día.
-bueno, pero no pienso cargarme los botones de tu camisa.
-de momento con que me dejes abrazarte, es suficiente, necesito tenerte cerca, me estoy apoyando en ti, cariño, no estoy acostumbrado a que alguien se preocupe por mí como tú lo haces, me estoy viciando a tus mimos. Que no se entere nadie.
-es que te estoy corrompiendo. La gente no te conoce, no tienen ni idea de lo que eres capaz de dar, mejor, te tengo para mí sola, como se entere alguna lagarta a lo mejor tengo que tirarme de los pelos en la plaza con ella, ¡que lo hago eh!, la dejo alopégica.
Manuel sonreía complacido, pero sus ojos no, ¡Dios mío cuanta tristeza! Bueno es normal, él dice que yo no he llorado lo suficiente, pero parece que él tampoco, se ha limitado a estar enfadado con el mundo, ese mal genio tan característico en él, no es más que una pantalla, va a resultar que no somos tan distintos, como a mí me parecía, simplemente reaccionamos de distinta manera, yo me encierro en mi misma, él no deja que nadie se le acerque a más de dos metros mostrando mal carácter.
-ehhh¡, qué te la estás bebiendo tu solo, de qué vas, comparte. Te voy a soltar los botones de la camisa, no vaya ser que después de dos tragos de alcohol, me dé el impulso, y esta camisa acabe en el montón de “ya lo hare” ¿a que tu antes no tenias un montón así?
-no, Itziar siempre se ha ocupado de mis cosas. Tienes dos montones no uno
-¿cómo que itzi se ocupa de tus cosas? ¡Cuidadito! De tus cosas me ocupo yo. Tengo dos montones, que lo sepas. Primero “ya lo hare”, segundo “con suerte se olvida”.
-¿en el segundo qué hay? Esa ropa que echo a lavar y ya no vuelve al armario.
-exacto, vamos a ver, ¿cómo puede ser que el dueño de dos hoteles lleve camisas de casero? Que parece que vas a la huerta,¡ por favor!.
-a mí me gustan, son cómodas.
-vale, pues úsalas para estar en casa, para los días de fiesta si no salimos del pueblo. ¿Cómo me iba a imaginar yo que tu tenias pasta? ¡Pero si parecía que ibas a cavar en la huerta!
-si casi no me mirabas.
-eso era lo que a ti te parecía, majo, tenía mis métodos. Cuando te sentabas en el banco de piedra del Herriko, te daba un buen repaso, cuando se paraba alguien ha hablar contigo y estabas despistado, que lo sepas. No soy como tú, no pensaba en cochinadas, solo te miraba.
-las fantasías que habré tenido yo, ahí sentado,mirandote mientras tú te tomabas el café. Las veces que te habré hecho el amor mentalmente, los calentones que me habré pillado imaginando, entre sorbo y sorbo te iba quitando la ropa.
-¿te apetece un café?
Cuando volvió a la sala con un café y una copa, Manuel se había puesto el pijama ¡madre mía! Cerró los ojos sintiendo las hormigas de su estómago corretear de un lado para otro, se lo habrá dejado todo suelto, sí, no hay duda, ahí está el mástil emergiendo, provocando. ¡Qué manera de mirarme! No necesito desnudarme ya lo estoy ante él. ¡Madre mía! ¡Qué sexi está en pijama!
Se sentó en la mesita justo enfrente de él ¿Quién habrá movido la mesita para que coincida tan bien? ¡Madre mía!  Si yo ya estoy preparada para arrojarme a sus brazos. Se quitó el jersey para evitar que el vapor  me dispersase por sus orejas, ¡qué tontería! Pero es así como se sentía, quemaba esa forma suya de mirarla, sentía la llama recorrer cada rincón de su cuerpo, ¿cómo no voy a desear desnudarme ante él? ¿Cómo no voy a ofrecerle mi cuerpo? Si lo único que deseo en este instante es deleitarme con sus caricias.
Acercó la taza a sus labios, buscando su mirada, el pantalón sobraba, se levantó para quitárselo, incitándole, moviendo las caderas sin inhibiciones, dejándose dirigir por la llama del deseo que  brotaba de sus ojos.
Dirigió sus ojos hacia ese mástil que irrumpía tieso, latente, oculto bajo el pantalón, una fuente de placer inagotable, deseó introducir la mano, acariciar el miembro viril, venerarlo como el mayor de los tesoros  deseado por mujer.
Apuró el último sorbo de su frio café, mientras su mirada pedía a gritos ser tomada, acariciada, aliviada. Por ese hombre que despertaba en ella sus instintos de mujer.
Se acercó a él hipnotizada por la llama del deseo, él la recibió en sus brazos , apresando su boca, invadiendo su cuerpo con caricias, entrando en su cuerpo y su mente, haciéndola gemir en cada envestida, completamente abandonada a los placeres de su cuerpo, que se expresaba libremente. Un intenso orgasmo invadió su cuerpo, mientras sentía como se llenaba de él.

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