lunes, 14 de febrero de 2011

capitulo 92 TE NECESITO

Manuel separó sus labios de ella. El carazón le latía desbocado, su cuerpo flotaba. ¿Cómo es posible, que con un beso me trasmita tantas sensaciones? No quería abrir los ojos, seguía sintiendo el contacto de sus labios sobre ella,  su lengua en su interior, él estaba dentro de ella, con su amor, con su pasión, dejando claro a quien pertenecían sus almas, se sentía fortalecida, pero a la vez sabía que sin él no era nada.
Volvió a rozarla con los labios en la mejilla, mientras la abrazaba con tanta fuerza, que creyó pertenecer a su cuerpo, le pertenecía por completo.
-eres lo mejor que ha pasado por mi vida.
-¿quien yo?
-sí, tu gatita loca.
-ya.
Escuchó su risa mientras la mecía con el movimiento de su cuerpo causado por la carcajada.
-he conseguido dejarla sin palabras ¡bien por mi!- decía riendo.- ¡lo que me ha soltado en un momento! Has cogido carrerilla y no había manera de pararte.
Se sumergió en esa risa que tanto le gustaba escuchar.
-nena, reacciona.
-déjame, sigue riendo.
-¡pero bueno!
-ríete un poco más.
-vamos a seguir paseando.
-no, sigue riéndote.
-pasas de un lado a otro como si nada,
-algo bueno he tenido que hacer, para que algo tan bonito me esté pasando.
-ser tu misma, gatita.
        Estaba sentada en la cocina con las dos mujeres tomándose un caldo y escuchando su charla. Carmen hablaba mezclando el castellano con el euskera.
-¡cómo le ha cambiado la cara a Manu! ¡Lo que hace el amor! Está hasta guapo.-las dos mujeres rieron a carcajadas.
-no está guapo, es guapo.-dijo Marian riendo
-Yo siempre he dicho que este chico se encontraba muy solo, ha desaparecido la melancolía de su cara, las veces que le habré dicho que necesitaba una mujer en su vida, una fija por lo  menos, siempre me contestaba lo mismo, no quiero una mujer más de dos noches seguidas. Perdona que te diga esas cosas, Marian, pero me ha sorprendido cuando nos ha dicho que se había casado.
¡Ya metí la pata hasta el fondo!-pensó- eso le pasa por hablar en euskera. En fin ya le recompensaré con creces, que ganas tengo de quedarme a solas con él.
-como le brillan los ojos, eh ama- dijo pícaramente Carmen.
-como dos luceros, me alegro muchísimo de verlo así. Ya sabía yo que algún día tenía que aparecer alguien en su vida, yo siempre lo he dicho ¿no es así?
-si ama.
Que pocas cosas sabia de él, lo conocía más que a nadie en el mundo, sabia como era, como reaccionaba, conocía su interior, sabia de él todo lo que hay que saber de una persona, lo que importa de verdad, pero de su día a día antas de estar juntos sabia muy poco. Momento ideal para cotillear, pensó.
-¿lo conocéis de hace mucho?
-de toda la vida, somos del mismo pueblo, hasta fuimos juntos al colegio.
-ya. ¿Cómo era cuando era niño? Me encantaría saber cosas de él.
-siempre ha sido tan bruto como bueno. Yo siempre lo recuerdo con algún moratón, no sé lo que andaba. Muy alegre, siempre riendo, hasta que pasó aquello- Carmen le dio con el brazo.
-ya se la historia.
-mejor, así es la mejor forma de conocerle, de saber porque hace algunas cosas. Maldita la hora en que aquella mujer apareció en su vida.
-¡ama! No hay porqué revolver el pasado.
-Carmen yo pienso lo mismo que tu madre. No se merece nada de lo que pasó.
-¡claro que no!  Hacía más de dos años que no se le veía por aquí, me ha encantado ver cómo le ha cambiado la cara, me recuerda a cuando era niño. Andaban siempre juntos, mi hijo, el primo y él. ¡Vaya trío! ¡Las que habrán liado!
-¿Fermín?
-Fermín, si, que también hace unos cuantos años que no le veo. Yo rara vez voy por el pueblo, Carmen ya suele ir de vez en cuando.
-no recuerdo haberla visto, pero bueno yo soy muy despistada.
-yo a ti ya te he visto con Manu en la plaza, pero no tenía ni idea de que erais pareja. El mes que viene, Alfonso vendrá a pasar unos días, podíais venir con Fermín y Luisa, así conoces a mi hermano, tiene un restaurante en Burgos.
-ya lo conozco y a  Asun también, antes de navidades estuvimos comiendo en el restaurante.
-pues entonces no hay nada más que hablar, os quiero ver un día a aquí a todos, ya va siendo hora de normalizar las cosas.-dijo la madre.
-aquí estaremos, ya hablaré con Fermín y Luisa.
Se escuchaban gritos en el bar.
-ya están- dijo Carmen- que exagerados son.
-estarán hablando de futbol- dijo Marian riendo- si estuvieran hablando de mujeres se les oiría reír.
-¡hombres!
-no os podéis quejar ninguna de las dos, tenéis buenos maridos.
Convencidísima estaba de ello, se asomó al bar para verle. Parecía que le iba la vida cada vez que hablaba de futbol, Estaba sentado encima de una mesa, con una cerveza en la mano ¡qué guapo es! Cruzaron un momento sus miradas y sin parar de hablar y gesticular le guiñó el ojo. ¡Madre mía! Con lo agusto que  apoyaría mi espalda en él, meterme en ese hueco que hay entre sus piernas, sintiendo todas las emociones que corren por su cuerpo cuando habla de futbol o de coches. ¡En fin!
-poner la mesa que la comida ya está, Marian di a esos voceras que la comida ya está en la mesa.
-si, si, ahora voy- dijo riendo. Las dos mujeres le siguieron la risa.
Esperó a que se sentara para colocarse a su lado. Alberto había cambiado completamente su actitud con ella, la miraba con respeto- algo le ha dicho, seguro, como si le hubiera escuchado, lo conozco como si lo hubiera parido- se sintió complacida por ello.
La comida trascurrió entre bromas, muchas risas, cientos de chascarrillos, de los vecinos de la zona. Ella aprovechaba cada oportunidad que tiene para tocarle, deslizaba la mano debajo de la suya, sentir su contacto, acariciar su pierna sintiendo la calidez de su mirada, no necesitaba mirarlo para sentirla ternura reflejada en sus ojos, aunque tampoco desaprovechaba la oportunidad de mirar sus ojos,.. Cuando ella se despistaba un momento, es él el que acaricia su espalda o le pasaba el brazo por la cintura, buscando el incondioso michelin que le sale al sentarse, que a él le encantaba masajear.
Le da tanto, ha cambiado tanto mi vida, desde que le abrí mi puerta, me hace tanto bien su compañía, sus charlas, la cantidad de cosas que he sido capaz de hacer estando con él, esos abrazos en los que me siento protegida, apoyada, la persona más querida del mundo, la mujer más deseada del planeta, mi vida sería imposible sin él, moriría de tristeza. Solo ruego al jefe supremo, que me ayude a hacerle feliz, a ser capaz de hacerle sentir lo que yo siento por él, nunca he sido egoísta pero ahora siento que lo soy, recibo más que doy, pero quiero ser capaz de devolverle lo que él me da con creces, tengo que ser capaz de transmitirle todo el amor que llevo dentro, es enteramente suyo, es todo para él, y así quiero que lo sienta.
-Marian, te están hablando.
-¡eh! Perdón.
Manuel la mira intentando meterse en su cabeza, hay tanta ternura en esa mirada, que tiene que hacer un esfuerzo supremo para no llorar, para no abrazarse a él y darle las gracias por todo. La sonríe y acaricia su mejilla, sabiendo el esfuerzo que está haciendo.
-¡guapa!
Sonríe tragándose las lágrimas.
-¿una copa Marian?
-no, ya he bebido suficiente, que luego me entra la risa floja, y este se aprovecha de mi.
-Manuel, tu sí.
-no, yo también voy servido, un chupito, para no hacerte el feo.
-quien te ha visto y quién te ve, Manuel, ¿un chupito? ¿Desde cuándo tomas tus chupitos?
-desde que me dedico a vivir, ya no necesito emborracharme para olvidar.
-te estás amariconando ¿qué estas haciendo con él Marian?
-quererle.
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