miércoles, 16 de febrero de 2011

capitulo 93 PROTEGEME

-Viene tormenta, y de las buenas.
-lleva todo el día a amenazando, está lejos. Aquí no hay problema de que se nos vaya la luz- le hizo gracia la tontería- como no tenemos.
Manuel estaba en la mecedora, fumándose un purito, tomándose una copa. Ella andaba recogiendo cosas por la casa, o algo así.
-¿qué haces cachorrita?
-mis quehaceres.
-¿en qué consiste eso? ¿En mariposear?
-Perdona, guapo, estoy limpiando. Lo bueno que tiene esta casa es que no se nota mucho el polvo, como casi no se ve.
-Anda, deja de mariposear, siéntate aquí conmigo.
-qué manía tienes de decir que mariposeo.
-¿cómo le llamarías tu a lo qué estás haciendo?
-me aburre estar sentada sin hacer nada, no soy como tú, que te encanta estar sentado.
-llevo un rato observándote y no te he visto hacer nada en concreto, eso es lo que normalmente se llama mariposear.
-que yo no mariposeo ¡pesado!
-vale, dime que es lo que estás haciendo.
-ir de aquí para allá, que no es lo mismo. Deja de lanzarme la red, que ya la estoy notando.
-¿qué es eso de una red?
-la que me lanzas cada vez que tienes ganas de tiqui, taca.
-deja de decir gansadas y siéntate, me estas poniendo negro, estate un rato quieta, para variar.
-¡qué pesado eres, macho! Hazme un sitio.
-no entramos los dos, tendrás que sentarte encima.
-ya me ha atrapado en su red.
-¿te he dicho alguna vez que te quiero?
-no tenía ni idea ¿desde cuándo se vienen sucediendo los hechos?
-desde que la vi por primera vez, pero ella no termina de enterarse. Vive inmersa en su burbuja, y no ve más allá.
-¡qué fuerte! ¿Tiene usted pruebas de lo que me está diciendo? Es una acusación muy grave. ¡Ah! por cierto, un inciso, luego seguimos con la tonteria. ¿Qué le has dicho a Alberto? Porque tú algo le has dicho.
-he tenido unas palabras con él, te cuento una cosa si no te enfadas.
-suéltala, lo de enfadarme te lo digo luego.
-suelo traer mujeres para que Alberto se entretenga.
-habla claro, para que se las tire.
-no seas vulgar, nena, no te pega.
-puedo ser muy vulgar o muy fina, depende. ¿Las catas tu primero?
-hace mucho que no lo hago y no, ya lo hemos hablado en otra ocasión, el sexo por dinero no me gusta.
-¿le traías prostitutas? ¡Por Dios! Ahora lo entiendo, me ha mirado como si fuera mercancía ¿ha pensado que yo venía a eso?  ¡Ya te vele! ¿Por qué haces esas cosas? ¡Pobre Carmen!
-eso a ti ni te va ni te viene, es asunto suyo. Se le han puesto los dientes largos, cuando te ha visto, ha habido que aclarárselo, encima ella, toda salada le dice, “Marian, la amiga de Manuel”.
-Aaaaaaggggggggg, ¡qué horror!
-deja de pensar en ello, ya está arreglado. ¿Por qué le has dicho eso?
-porque estaba celosa perdida, y quería fastidiarte y porque tú me has presentado como Marian, que luego ya me he enterado que les habías dicho que nos habíamos casado, pero como lo has dicho en euskera, no me había enterado.
Manuel se reía a carcajadas ¡como me gusta oírle reír! Es una risa que le sale de dentro.
-A ti te gustan los traseros hermosos a que sí.
-que quede claro que a mí el único que me gusta es el tuyo, ese que sube y baja cuando andas, me estoy poniendo malo, tú no te das cuenta, como no tienes ojos detrás, me paso el día mirándolo.- otra carcajada de las suyas- el de Carmen, simplemente me llama la atención, ¡pedazo trasero que tiene!
-ehhhhhhh, deja de pensar en eso. ¡Que me va a dar el ataque de celos en cualquier momento!
-no, no, por Dios, que no hay manera de callarte.
-pues deja de pensar en el trasero de la Carmen, céntrate en el mío.
Un rayo seguido de un gran trueno hizo que se estremeciera.
-¡qué pasada! Ahora si la tenemos encima.
-ven cachorrita- dijo abrazándola con fuerza- yo te protejo, no pasa nada.
-parece una peli de terror, solo falta que alguien llame a la puerta.
-malo.
-malo qué
-algo presientes, haber por donde sale.
-no digas esas cosas que me pongo nerviosa, si llama alguien no pienso ir a abrir.
-estas asustada, no hay motivo. Podíamos aprovechar el apagón para hacer sexo salvaje.
Otro rayo seguido al instante del un trueno hizo que la casa y ella se estremeciesen.
-ven, vamos a ver el espectáculo, es impresionante mirar una tormenta desde la ventana.
No le hacía mucha gracia, estaba realmente asustada.
-prefiero meterme en la cama.
-ven, no seas tonta, que no pasa nada, no te escondas y disfruta del espectáculo, te va a gustar, no va a pasar nada, solo es una tormenta espectacular.



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