lunes, 11 de febrero de 2013

SEMBRAR PARA LUEGO RECOGER







¡Por fin en casa! ¡Qué a gusto! ¡Me ha dado una bienvenida la gata! ¡Qué mimos! ¡Qué movimiento de cola! No se ha despegado de mi lado en todo el día. Miguel se ha pasado el día trabajando, aunque me ha llamado cien veces.
Nekane ha pasado la tarde conmigo, cuando estamos solas se podría decir que es cariñosa conmigo, no tiene esa mirada rabiosa, no sabe mostrar cariño, a lo mejor es que nunca lo ha recibido, es eso seguro. Yo siempre he sentido que me faltaba cariño, sin embargo siempre he sido muy cariñosa, eso debe ser porque sí lo recibí, además de otras cosas. Ante una sonrisa yo respondo con otra, cualquier muestra de cariño hacia mí, correspondo de igual manera. Ella no sabe hacer eso. Espero que el instinto maternal que todas tenemos le enseñe a demostrar cariño. Hay veces que pienso que si la abrazase a lo mejor conseguiría algo, pero la verdad es que no me sale.
Ahora me doy cuenta de que yo doy cariño solo cuando de antemano me lo dan, nunca suelo dar el primer paso, quizá a llegado el momento de intentar dar para luego recoger.
Lo que habrá tenido que vivir esta chica para comportarse como lo hace, de algo si que me he dado cuenta, es muy posesiva, ese es su punto flaco.
Mis hermanas no han venido a verme al hospital, tampoco hacía falta, además solo he estado dos días y diez y ocho horas, las he contado. Ahora dicen que vendrán el domingo, falta no hace, pero serán bien recibidas, cuando murió mi padre el cura que vino nos dijo que no debíamos  perder la relación, en mi caso creo que ha llegado el momento de retomarla, aunque a veces me agobian un montón.
La gatuna llama mi atención constantemente, sé que me ha echado de menos, tenemos una conexión muy especial, es como con Miguel, nos comunicamos perfectamente solo con mirarnos.
Mañana iré a trabajar ¡ya vale de tanta gandulería! ¡A trabajar para que otros cobren! 
Miguel, que ha venido antes y con la cena hecha, todo un detalle, no está de acuerdo con que salga mañana. Pero yo ya estoy perfectamente, tanto estar encerrada me produce claustrofobia, mañana a trabajar, no hay más que hablar. Si, si, ya sé que soy una cabezona, pero es mi problema “y el mío”, me hubiera contestado él. Pues sí, pero que se aguante.
Sí que estoy un poco cansada ya, así que me voy a la cama.        

Hasta mañana. Agur.

MARIAN

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