lunes, 11 de febrero de 2013

NO HAY PRISA







Por fin he conseguido que me dejen un poco tranquila, nadie se ha quedado a pasar la noche. Me encuentro perfectamente, me gustaría irme a casa. No he pegado ojo en toda la noche, pero esta vez no han sido los ronquidos de Miguel a los que estoy muy acostumbrada, si no los de mi compañera de habitación. Parece un animal herido ¡qué barbaridad! Menos mal que el ordenador me entretiene, me he pasado la noche echando partidas ¡tengo un vicio!  A las doce me ha llegado un email de Miguel, te echo de menos, decía. Me he alegrado pero a la vez me he sentido un poco incomoda porque eso significa que ha utilizado el ordenador, mi ordenador, otra chorrada de las mías. No oculto nada, él lo sabe todo de mi, sin embargo siento que puede invadir mi intimidad, lo dicho otra tontería de las mías, quizá aun me queden cosas por descubrir que siguen ocultas en mi cerebro. La noche es larga y da para pensar mucho, aunque haya estado entretenida el cerebro sigue su curso.
Había conseguido dormirme después de la visita de la enfermera con el termómetro, no llevaba mucho tiempo dormida cuando he escuchado la voz de Nekane, no he entendido lo que decía pero me ha resultado desagradable, he abierto los ojos y Miguel estaba sentado a mi lado, no me había dado cuenta.
-¡ya la has despertado!
Ha dicho de muy malas maneras. A pesar de su enfado con Nekane me ha mirado con  dulzura a acariciado mi mejilla y besado ¡con una ternura!  He mirado de reojo a Nekane y desde luego ni su mirada ni su gesto me han resultado agradables, destila odio. La he ignorado y me he centrado en él, en esa mirada amorosa, en esa comunicación sin palabras que él y yo compartimos. Han desaparecido todos mis miedos, él no invade mi  intimidad, él es mi intimidad. Me he dormido agarrando su mano, con la seguridad de que pase lo que pasé, él siempre estará ahí.
He soñado con la gata, no recuerdo el sueño pero sé que ella a sido la protagonista.
Me han despertado los médicos, Nekane no estaba, he pedido que Miguel se quedase, no tiene ningún sentido que salga, pero como no estoy sola en la habitación ha tenido que salir ¡vaya chorrada! En fin es lo que hay.
Mañana me dan el alta ¡bien! Tienen que quitarme los pólipos pues si no provocarán más hemorragias, de momento me voy a casa, en cuanto tengan un hueco paso por el quirófano, prisa no hay.
Miguel ha entrado de nuevo en la habitación, ahora sí que está enfadado, no está de acuerdo con que me den el alta, él quiere que salga de aquí ya operada.
-¿no tienes influencias aquí?
Pregunto tomándole el pelo, pues él nunca utiliza su condición de alcalde para cosas personales.
-aquí no, pero en Pamplona sí, allí vamos a ir.
No se lo cree ni él.

Hasta mañana. Agur.

MARIAN

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