miércoles, 27 de febrero de 2013

LA SIRENA







Nos ha despertado la sirena de una ambulancia. Miguel se ha levantado y asomado a la ventana.
-algo ha pasado en casa de Luisma.
Tres de la madrugada, impresiona ver las luces a esas horas. No somos los únicos desvelados, todos nos tememos lo peor.
-vamos.
Dice Miguel. Temblando de frio y nervios nos acercamos a la ambulancia.
María, una niña de diez y seis años, abraza a su hermano de diez. Descompuesta nos mira sin vernos. Entramos en el domicilio, Andrea, la mujer de Luisma, en la cocina frotándose las manos, alisándose el pelo, llevándose las manos a la cara. Señala la habitación donde los ocupantes de la ambulancia hablan con Luisma.
-¿Qué ha pasado?
Pregunta Miguel
-se ha tomado un montón de pastillas.
Los sanitarios salen.
-le vemos bien ¿estás segura de que se ha tomado las pastillas?
-si.
-si él no quiere acompañarnos, no podemos hacer nada.
Dicen los sanitarios, con una frialdad tremenda, dudando de la palabra de Andrea, que reacciona gritándoles, presa del pánico.
Los sanitarios abandonan la casa. Nos quedamos los tres mirándonos hasta que Miguel entra en la habitación.
-llévate a los niños.
Pide Andrea. Sin más dilación abandono la casa. Me siento tan bloqueada que no se que decirles a esos niños, tiro de María sin ser capaz de abrir la boca y pedirle que me acompañe. Yo ya he pasado por esto, sé cómo se siente Andrea. Entro en la casa y la abrazo. Con toda la calma que puedo le digo.
-espera que pierda el conocimiento, ya no se podrá negar a ser asistido.

Hasta mañana. Agur.

MARIAN.
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