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GATO ESTRESADO |
Paramos el desahucio de momento, volverán, la ley está de su
parte. Luisma y su familia, duermen en su cama. En el pueblo, nadie sabia de su
historia, él sigue saliendo todas las mañanas intentando traer algo a casa
aunque solo sea un retazo de esperanza. Ha sido autónomo, no le corresponde nada,
ni el más mísero subsidio, nada. No entra en ninguna tabla, es un hombre fuerte, acostumbrado a batallar
contra viento y marea, levantándose al amanecer y acostándose de madrugada,
cualquier cosa por mi familia decía.
-¿para qué tanto esfuerzo?- dice- para nada. Me siento como
un mosquito aplastado por un elefante y arrastro a mi familia en mi desgracia.
Hacen que me sienta como un delincuente, como un ladronzuelo de poca monta. Si
por lo menos hubiera robado, si hubiera vivido, como dicen, por encima de mis
posibilidades…. ¡ellos son los ladrones! Me siento abatido, hundido y humillado
por esa gentuza. Un cero a la izquierda, incapaz de encontrar la salida de este
túnel en el que ellos nos han metido, asfixiándonos con su podredumbre, con su
avaricia. No sé qué es cogerse un mes entero de vacaciones, mis obligaciones no
me lo han permitido dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades
¡ojalá lo hubiéramos hecho! Siempre pagué religiosamente, cuando el trabajo
bajó, dejé de pagar a la administración para poder hacer frente a los
prestamos, ellos me embargaron el taller me quitaron el pan de mis hijos. Solo
me he retrasado tres meses en el pago de la hipoteca. Pero mi casa es un buen
manjar para estos buitres carroñeros, tenía más de la mitad pagada. Con su
burbuja avariciosa dicen que no cubro la deuda ni ofreciéndoles las llaves a
cambio. Me siento desahuciado materialmente y mentalmente. Siempre he salido
adelante con mi esfuerzo y voluntad. Ahora estoy derrotado, no soy capaz de
mantener a mi familia. El sentimiento de culpa no me permitió advertir a Andrea
de la que se nos venía encima, no era capaz. No podía decirle que lo había
perdido todo. Mi mujer, que es lo mejor que Dios me ha dado me preguntó si lo
había perdido en el juego o algo así, me horroricé al escuchar eso, le pregunte
como había llegado a esa conclusión me contestó que por mi forma ce contarlo.
Han conseguido que me sienta avergonzado, culpable. Llegado al punto de que mi
mujer me dice contigo pan y cebolla, pero contigo si tu te vas me voy contigo
¡qué puedo hacer! No tengo nada que
ofrecerles, es muy bonito tener una persona como ella a mi lado, me siento tan
abatido, tan miserable, que no me la merezco.
Según intento relatar
los sentimientos y el sufrimiento de esta familia, mi gato que hasta hace un
momento andaba revoloteando por la casa, se para frente a mí mirándome y pienso
en él en su vida. Es un gato feliz, no posee nada. Llegó a mi vida con dos
meses, triste, desnutrido, se le notaban todos y cada uno de sus huesecitos. Es
un superviviente, alguien lo dejó abandonado. Cuando llegó a mi vida comía su
comida y las nuestra, no tenía medida. Ahora ya se ha puesto su propio límite,
aunque le encanta que le demos de nuestra comida sé que lo hace porque le gusta
disfrutar de ese momento en el que estamos pendientes de él, de meterle
pequeños pedacitos de carne en su boca, disfruta de nuestro cariño y atención.
No posee nada material, lo que tiene es prestado, pero es feliz como una
perdiz, porque está rodeado de mucho amor.
Hasta mañana. Agur.
MARIAN.
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