lunes, 21 de enero de 2013

SUEÑO O REALIDAD.






Me he quedado sin lágrimas, las he consumido todas, pero mi pena sigue latente. Llevo dos días sin ir a trabajar, desanimada, buscando buenos recuerdos en mi cerebro, que sé que existen, solo tengo que encontrarlos y revivirlos, eso es lo que Miguel dice, lo intento pero no soy capaz, revivo una y otra vez la voz del policía al teléfono dándome la noticia. Revivo una y otra vez la necesidad de creer que todo era producto de una pesadilla, en el camino al hospital espero despertarme, ir a la habitación y encontrármela durmiendo plácidamente. La cara de mi marido no deja lugar a dudas. Revivo una y otra vez los sentimientos de aquel fatídico momento. A partir de ahí es todo oscuridad, no recuerdo las horas y días posteriores. No sé quien se encargó de todo, ni quien pagó ni como. Sé que Oscar no fue, porque él siempre se escondía detrás de mí. Con esos pensamientos me quedo dormida.

Una película pasa ante mis ojos, me veo a mi misma mirando desconsolada el rostro de mi hija sin vida, acariciando su mejilla. El llanto desaparece, comienza una actividad frenética, llamadas  de teléfono, conversaciones con hombres de negro. Estoy en casa buscando su ropa preferida el collar que tanto le gustaba, la cinta de pelo azul que le sentaba muy bien, sus ojos eran azules. No dejo que nadie se acerque a ella, su cuerpo a penas está magullado, la lavo peino y visto, casi puedo escuchar sus quejas al peinarla, como cuando era pequeña. Miro el resultado y sonrío. Ella se autodenominaba friki, siempre iba vestida de negro, me doy cuenta de que he hecho una mezcla de sus gustos y los míos, estrambótica, siento que ríe conmigo, le gusta. No era una niña convencional.
Antes de que se la lleven, lloro desconsoladamente de nuevo, dejo que los hombres de negro terminen su trabajo.

Es un bebé, llora y llora en mis brazos, la cambio de postura mil veces hasta que consigo que se duerma, la voy a dejar en la cuna y vuelve a llorar, la acuno de nuevo en mis brazos hasta que queda profundamente dormida.
De bebé lloraba mucho, de mayor no sabía llorar, lo lloró todo de bebé.


Hasta mañana. Agur.

MARIAN
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