viernes, 11 de enero de 2013

POR FIN, AL FIN


Me hago el propósito de escucharla, no de darle malas contestaciones, recuerdo unas cuantas, de las cuales me siento tremendamente avergonzada, sabiendo lo que hoy se. Podría relatar algunos de mis desaires hacia Maika para fustigarme la espalda y la conciencia, pero no lo haré. Solamente dejaré de hacerlo
-¿malos tratos y abusos sexuales? Lo digo por sus conversaciones.
Le digo a Mª Carmen, más avergonzada de lo que estoy dispuesta a admitir.
-así parece.
-me siento fatal ¿la gente lo sabe? Porque todo el mundo la critica y pasa de ella.
El teléfono suena.
-¡hola guapo! Tengo hambre.
-estoy llegando ¿necesitas tabaco?
-no, ya he comprado, pero va a ser el último, no pienso regalarles ni un céntimo más ni a Rajoy ni a tabacalera.
-amen.
-¿no me crees?
-no mucho. Pero que esa idea se instale en tu cabeza es buena señal, por algo se empieza.
-tengo hambre.
-come
-sin ti no así que ven rapidito.
-a sus órdenes, señora.
Retomo la conversación con Mª Carmen.
-¿se puede hacer algo para ayudarla?
-no se deja ayudar. Vaya trajín que te  traes con el teléfono.
-llevo todo el día intentando hablar con Miguel y no hay manera.
-¿te van las cosas bien con Miguel?
-muy bien ¿por?
-se comenta que ha pasado solo las navidades y que se le veía con mala cara.
-no ha estado solo, las ha pasado en familia. Si yo no he estado es por el trabajo, yo si que he estado sola.
¡Mierda de gente! Pienso ¡qué sabrán ellos! Enciendo un cigarro, en cuanto acabe este paquete se acabó, espero que no se me olvide.
A las tres en punto le veo llegar con una sonrisa que acelera mi corazón, me levanta el animo y apaga mi mala conciencia, hasta cuando me quitó el cigarro de la mano le sonreí, cuando hurgó en mi bolso buscando el paquete y vi como se lo metía en el bolsillo de la camisa, sonreí, aunque tengo que reconocer que un poco forzada. Cuando intentó rozar sus labios con los míos en un intento de beso discreto, me agarré a él como una lapa y le obligué a darme un beso como los que me da en privado ¡para que hablen! ¡Mierda de gente!
-que seáis felices.
Dijo Mª Carmen en su despedida.
-ya lo somos.
Le contesté más chula que un ocho, mirando la sonrisa picarona de mi marido.

Hasta mañana. Agur

MARIAN.

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