jueves, 8 de noviembre de 2012

¡NO SE TE OCURRA REÍRTE DE MI!


De mi experiencia como cazadora mejor no hablar, poco hay que contar, soy malísima. Eso sí me he reído de lo lindo y se han reído hasta hartarse. He terminado por aburrirme, hay que reconocer que no es lo mío. Así que después de que Miguel me explique veinte veces el camino a seguir para llegar al primer bar para tomarme un café, el nombre del sitio, agarro la mochila y emprendo el camino animada, con un humor excelente, después de echarle una buena mirada, creo que de cariño o esa a sido mi intención, al de los ojos color miel que me ha sonreído complacido, lo tengo en el bote, he pensado y sentido.
 Confié en él, le conté cosas que a nadie había contado, ¿la relación fue una farsa?, ese pensamiento me humilla, hubiera dado la vida por él, sin embargo él no confió en mi. Sin saber el motivo lloro, de rabia de estupidez, por sentirme como una pardilla, por no querer ver la realidad cuando yo sabia que las cosas no eran como él las contaba, vuelve Gema a mi pensamiento, le doy una patada a una piedra, me hago daño lo cual provoca más humillación, más rabia y más llanto descontrolado. No puede ser, percibía su amor, lloramos los dos por los sentimientos que nacían de nuestros encuentros y eso juro por Dios que era sincero. Quizá solo quiso protegerme de toda esa porquería, tiene que ser eso.
Sigo mi camino autoconvenciendome de que lo hizo por mi bien estar, que debo quedarme con lo que viví con él, con todos los momentos fantásticos que me regaló, con todo lo que hizo por mi, con que conocí su fondo, que desde luego no se lo mostraba a todo el mundo, quiero pensar que sus últimos años de vida fue feliz y yo contribuí a  ello, que me eligió a mi con ese fin. Pero me  hubiera gustado que confiara en mi.
No tengo ni idea de donde estoy, he caminado sin pensar a donde voy. Pregunto al primer humano al que encuentro por el bar de mi destino, se hecha las manos a la cabeza, en algún momento he tomado el camino equivocado y me he desviado un kilometro. No pasa nada, me digo, volveré para atrás y cogeré el camino correcto.
Miguel ocupa mis pensamientos, esa sonrisa complacida que me he echado, estoy bien con él, es un buen hombre, más humano que Manuel, con todo lo que conlleva, con sus enfados, sus malos días,  sus exigencias, su morro, no puedo evitar reírme ante ese pensamiento, que lo tiene y mucho y en el fondo me gusta. Y aquí lo tengo el teléfono suena y sin mirar ya se que es él.
-¿has llegado?
-no, estoy perdida.
-¿quieres que vaya a buscarte?
-si supiera donde estoy te diría que si.
Percibo su inquietud.
-no te preocupes que cuando me encuentre te llamo.
-eres la hostia consuerte.
-no me riñas.
Sigo mi camino, empiezo a agobiarme al no encontrar el lugar donde se supone que me he equivocado, ahora si me siento perdida, sola. Encuentro a otro humano al que poder preguntar, pero se me ha olvidado el lugar a donde voy. Sigo mi camino sin preguntar, agobiadísima, rabiosa conmigo misma por mi incapacidad, llorando. El teléfono vuelve a sonar.
-no se donde estoy.
Digo llorando como una magdalena.
-ahora mismo voy, espérame ahí.
Me siento ridícula, tonta. Ahora recuerdo porqué no quiero salir del pueblo, nunca me pierdo, voy a los sitios por inercia, no necesito pensar. Allí es donde mejor estoy, voy y vengo a mi antojo. No pienso volver a salir.
Los diez minutos que tarda en encontrarme se me hacen una eternidad, cuando le veo llegar, vuelvo a llorar como una magdalena, me subo al todo terreno rabiosa conmigo misma.
-No pienso volver a salir del pueblo.
Digo ante la rabia al comprobar que estaba solo a unos pocos metros de donde me había equivocado. Se ríe intentando quitarle importancia, pero para mi la tiene y mucha así que le digo con toda la rabia que e sale.
-¡NO SE TE OCURRA REÍRTE DE MI!
 Hasta mañana. Agur

MARIAN

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